Edición mensual - La Pasión 2006 - Colaboraciones

Ascenso y Descendimiento

Francisco Correal

Nº 173A - Colaboraciones

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Alguien en el periódico me preguntó que si sabía cuántos años hacía que la Real Sociedad había subido a Primera División. La pregunta me la dirigió a mí porque con el rejuvenecimiento de las redacciones, ya hay que empezar a preguntar por la fecha del ascenso del Numancia. Le respondí que el equipo donostiarra llevaba 39 temporadas en Primera. Precisé después, para no pasar por Pitagorín del fútbol, que el dato lo había leído en algún periódico deportivo. Lo que no decía ese diario es lo que yo sabía, lo que le daba más encanto a la información y transformaba un frío dato estadístico en una tarde de fútbol con nombres y apellidos. La Real Sociedad ascendió matemáticamente a Primera División la temporada 66-67 en el campo del Calvo Sotelo. Por si a mí se me olvida, me lo recuerda cada vez que nos vemos José Ramón Esnaola, guipuzcoano de Andoain, el héroe de la final de la Copa del Rey que el Betis le ganó al Athletic de Bilbao en 1977 que era portero suplente de la Real el día que su equipo de procedencia subió en el campo del Poblado.

Valga este introito, estas cuatro décadas de Donosti en Primera, para evocar cómo debía ser aquel año 67 del asesinato de Kennedy y de la llegada del hombre a la luna la Semana Santa en Puertollano. Es posible que el sustrato proletario del llamado faro industrial de la Mancha respondiera con una suerte de pasividad cofrade a un régimen tachado de nacionalcatolicismo. Un contradiós, porque lo católico tiende a lo universal, nunca a lo nacional. La no-Semana Santa de Puertollano en aquellos tiempos, o sus muy primarias aunque entrañables manifestaciones, eran una especie de repudio sociológico, igual inconsciente, a una identificación perversa entre lo político y lo religioso, lo inmanente y lo trascendente, el culo y las témporas. No quiere decir eso que el esplendor y brillantez que por esos mismos años tenía la Semana Santa de Ciudad Real (ése era uno de los motivos de que en esas fechas nos fuéramos a la capital, también para adivinar entre las filas de nazarenos la panza jerárquica de mi abuelo Andrés el panadero) obedeciera a que fuera más afín, adicta, leal o como queramos llamarlo al estado de cosas reinante en aquellos finales sesenta, tan beatles, tan minifaldos, tan guateques.

Esa identificación artera desapareció con la normalización democrática, y la liberación de esa losa, de ese sobreañadido ideológico, puede explicar el resurgir de la Semana Santa en Puertollano. Que este año aquí, en Sevilla, sólo tendrá una santa semana de distancia con la Feria de abril. El mes que el año pasado conoció en su segundo día el fallecimiento de Juan Pablo II, que muy probablemente se murió sin saber que la Real Sociedad había ascendido a Primera en Puertollano un año que la Semana Santa se veía como una película de romanos que echaban todas las primaveras en Ciudad Real.