Edición mensual - La Pasión 2006 - Colaboraciones

Torres con cigüeñas blancas

María Luisa Menchón (De la Asociación de Escritores y Artistas Españoles)

Nº 173A - Colaboraciones

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Ayer, Domingo, abrí la ventana a la primavera; bandas de música, cofradielas atronaban el Paseo San Gregorio, con tamborradas y trompetas, anunciando la Pasión del Señor, a la vuelta de la esquina el Domingo de Ramos. Se avivaron los recuerdos; desde hacía doce años ese día lo pasábamos numerosos poetas y pintores en Valdepeñas con el grupo de Juan Alcaide, y desde el EMPOTRO de la bodega A7, o la cárcel vieja, dirigidos por los hermanos Creis, recitábamos versos y prosa que daban origen a los álbumes poéticos.

En la Misa, en nuestra Ermita de la Virgen de Gracia, en obras de restauración, cubría el retablo un inmenso paño negro, pero habían recortado el frontal de la hornacina y dejado al descubierto a la Señora. Me dio un vuelco el corazón, temblorido por los ausentes. Francisco Creis y Sagrario Torres, que, sin duda, trenzaban sus metáforas con versos desde el cielo.

Años atrás, estuve en El Toboso. En el convento de las Trinitarias tenían una exposición de imágenes, objetos litúrgicos, libros, etc. Pero lo que me llamó la atención fue un precioso salterio que tocaba Isabel “La Católica”, mientras entonaban salmos y versículos. Ya escribí para mi inolvidable amigo Francisco Creis, incluso un día, le hice a carbón un retrato que acompañe con un poema para él: “La mirada”. Hoy quiero glosar un poco a otra amiga, Sagrario Torres, pulsando acompasadamente el xilófono de aquel salterio.

Tus ojos glaucos, como la flor violeta de una cardencha en el paisaje. Tu voz rasgada, atravesando cielos, llegó al seno de Dios y consiguió el milagro del Parque Nacional de Cabañeros. Te enamoró el cervato, la gacela, la majestad del águila y el buitre, el regato rumoroso en las cárcavas del roqueda, o tal vez el mantón de manila rodeando senderos con flecos de adelfas, jara y romero, o quizá la llanura como un albero ocre, para trotes de paz de rucios y jamelgos, montados de la sabiduría de Sancho o el idealismo de un Don Quijote visionario.

Tú fuiste Dulcinera del verso y la palabra. Te enamoraban, como a mí Eladio Cabañero, Juana Alcaide, Leopoldo Panero, Luis Rosales y hasta mis pobres versos de “Corazón varado”. Tu lírica hermosa, como Juan de la Cruz, buscando la hermosura de un artista inteligente y buena, declarada como la mejor sonetista del siglo XX, y la mejor desde Gracilaso de la Vega. Conviene refrescar la memoria, con su obra, que llegó a profundizar en lo universal.

“Catorce bocas me alimentan”, indudablemente los sonetos; después horgón translúcido, “Carta a Dios”, “Esta espina dorsal estremecida”, “los ojos nunca crecen”, “Regresos al corazón”, “Poemas a Diana”, “Íntima Quijote” y otro inédito, “Desde el péndulo de mi vida”. Hoy, para ti, quiero ilustrar el artículo con un fragmento de mi cuadro “Jesús del Encuentro”, que estará contigo feliz en la altura, con la galanura de tu poesía engarzada como cuentas de rosario en el salterio y también cerca, muy cerca, en el cielo quiero colgar el poema que, sin duda, hizo para ti Francisco Creis.

Margarita

Estabas tú con una margarita

jugando aquella tarde a los amores.

la brisa, en los azules surtidores,

tu promesa de amor dejaba escrita.

Más sólo me quedó de aquella cita

el pálido silencio de las flores

no volvieron tus dulces ruiseñores

por el jardín de mi ilusión marchita.

La vida, con su gris devanadera,

deshizo nuestro amor sobre la nada.

¡qué lejana quedó la primavera!

Y, sin embargo, aún tengo guardada,

oculta en un rincón de mi cartera,

tu blanca margarita deshojada.