Edición mensual - Febrero 2006 - Opinión

Lecturas intensivas/ Lecturas extensivas

J. Manuel Tabernero

Nº 171 - Opinión

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¿Es el Quijote un libro para leer hoy en día? ¿Ha ganado en número de lectores por el mero hecho de que haya cumplido cuatrocientos años? Las celebraciones, exposiciones, publicaciones, etc, etc…del año pasado, ¿han hecho ganar adeptos a Cervantes y su ilustre personaje? ¿Quién es el Quijote? ¿Por qué nos dicen con tanta insistencia que su espíritu sigue vivo? ¿Queremos creer en fantasmas? ¿Se seguirá paseando su espíritu por la Comarca de Puertollano? ¿Llegó a regresar realmente de Barcelona?

Cervantes y Don Quijote son personajes paralelos con todo lo que esto conlleva. Los historiadores han reconstruido la vida en el siglo XVII, y los especialistas en Literatura ha escarbado en el texto cervantino hasta donde no había que escarbar. Y sin embargo, se contempla la relación Quijote-Cervantes simplemente como un mero ejercicio de erudición literaria. No nos interesa si Alonso Quijano era Cervantes o viceversa, si Sancho era Cervantes y viceversa. Parece que Cervantes, en uno de los puestos que llegó a ejercer como cobrador de impuestos, estuvo durante un tiempo yendo y viniendo por los pueblos de Castilla (y de Dios). ¿Qué le pasó realmente a Cervantes en Castilla La Mancha para que una vez, encarcelado, dedicara todo el tiempo de ese encierro en narrar las desventuras de la triste figura. ¿Y por qué triste figura? ¿Por qué tanta compasión a la vez que tanto resentimiento en la creación del personaje Quijote-Sancho, Sancho-Quijote?

Por un lado las novelas de Caballería, en las que había cristalizado un pensar y obrar característicos de la época. Por otro lado la España gloriosa donde el castellano se habla de una punta a otra del planeta. Ambos ejes son utilizados por un Cervantes hondamente resentido para con la vida y la época que le tocó.

Max Aub nos informa de la bondad y honestidad en un escritor que no eligió sus temas para escribir, sino más bien los encontró. Como si una época de alguna manera engrandeciera de por sí – junto con la calidad innegable- al texto de Don Miguel, ensalzándolo a la mayor de las cotas de la gloria literaria universal. Y desde luego que la época no era nada despreciable a la hora de construir un monumento literario como ante el que nos encontramos. Ahora no es tan fácil reírse con el personaje Cervantes-Quijote-Sancho. Pero ¿Quiénes son Sancho-Quijote y Quijote-Sancho? ¿Llegaron a conocer realmente a Cervantes? ¿Formaron el personaje que a nosotros ahora nos interesa: Cervantes-Quijote-Sancho?

¿Quién es Cervantes-Quijote-Sancho? Una invitación a un extraordinario viaje es la novela cervantina, un libro que no es necesario haber leído entero (yo no lo he hecho) para disfrutar de él. Un libro que ya no hace falta leer para no entenderlo jamás y olvidar por completo su trasfondo más oscuro y siniestro: la España del siglo XVII. Cervantes echó el último aliento sabiendo que era una especie de apestado en su país. De hecho, tuvieron que pasar muchos años, y tuvieron que venir críticos de Alemania, a rescatar del polvo a Cervantes-Quijote-Sancho.

Una pareja que se funde en una unidad: Quijote-Sancho, y otra pareja: Cervantes y Quijote-Sancho, y el Quijote solo, arremetiendo con su lanza a los fantasmas de su cabeza… y de muchas otras cabezas pensantes del siglo de oro - en lo literario- de peste y podredumbre social y política en lo restante.

Desde aquí invitamos a realizar otras lecturas del Quijote, que no sean las típicas. No pensar en la dialéctica Quijote-Sancho, locura-lucidez. ¿Quién está más loco, Quijote o Sancho? Sin duda, cada uno está loco a su manera, todos los personajes están atravesados por el delirio y la locura, porque el autor que diseñó esos personajes, probablemente lo estaba como ninguno.

Invito a dejar a un lado, por momentos, la lectura lineal, la lectura “guiada”, para adentrarnos en lo alucinógeno, en el fractal viajero que componen las idas y venidas de estos locos en este libro imposible de leer. Dejarse llevar por las peripecias, ir de un punto a otro sin remediar en la historia, pasar las páginas al azar para leerlas o si se prefiere, arrancar algunas y tirarlas, o llevarlas consigo de un lado para otro. De Puertollano a Almadén, o de Campo de Criptana a Valdepeñas, pasando por Huertezuelas para acabar en Almagro. También, si se prefiere, puede uno recortar los títulos de los capítulos y pegarlos sucesivamente, bien por orden numérico, bien por orden alfabético o bien al azar. Así tendríamos un texto abreviado con toda la historia. No habría que reparar en el daño a los ejemplares, dado que la Junta de Castilla La Mancha ha realizado un esfuerzo importante para que todos tengamos en nuestras casas cuatro o cinco ediciones del Quijote. Yo al menos, esperad que cuente... tengo por lo menos cuatro. Estupendo. También se me ocurre intervenir directamente en el volumen sin ni siquiera leer una línea. Se podría coger un ejemplar, echarlo a una cubeta, y a continuación disolverlo con ácidos para hacer con él una papilla. Una vez hecho esto, se podría llevar a algún campo de Castilla, y enterrarlo para que las ideas nobles del Quijote florezcan cada primavera. O bien se podrían leer únicamente las notas a pie de página. A nuestra disposición hay abundantes ediciones eruditas, que sin duda, aquel que estuviera interesado en leer únicamente las notas a pie de página, sólo a través de esas notas, podría albergar un volumen cinco veces superior al original. Por si eso le agobiara, puede tener la ocurrencia de quemar todas esas ediciones eruditas, y complacerse ante el fuego como si fuera una especie de símbolo espiritual del Quijote.

Bien. Ya hemos puesto algunos ejemplos de lecturas no convencionales, y hemos conseguido leer esta sacra obra unas cuantas veces del tirón. Ahora por ejemplo, se me ocurre agarrar de mi biblioteca una de las cuatro ediciones del Quijote que tengo a mi disposición. Abro una página al azar y leo. Vale, he leído un pequeño fragmento en el que Don Quijote y Sancho están ideando una carta. Podemos ignorar el contenido de la carta durante toda la lectura, y sólo una vez concluida la lectura, abrir el sobre, previamente insertado en la página en la que lo dejamos, y escribir la carta. En ella, habremos escrito nuestras impresiones fugaces sobre la lectura del libro entero o un fragmento, y a continuación la enviamos a la Consejería de Cultura de Castilla La Mancha. De hecho, se me está ocurriendo una idea. Ahora que se cumple un año de la celebración, la Junta, a través de su Consejería de Cultura, podía hacer llegar a la población los sobres con el franqueo pagado, y luego, con las cartas remitidas, realizar un estudio sobre el impacto del IV centenario. Creo que sería muy útil para la población manchega, se hicieran públicos los resultados del estudio, con el fin de que dispongan de tan valiosa información. Aunque claro está, es sólo una idea.