Edición mensual - Navidad 2005 - Colaboraciones

Tiempo para la esperanza

Luis García Pérez

Nº 169 - Colaboraciones

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En este cíclico discurrir del tiempo por las cuatro estaciones, llega con el solsticio de invierno la Navidad. Los comercios ya se han encargado mucho tiempo antes de iluminar sus escaparates como reclamo para invitarnos al consumismo. Las calles se iluminan con profusión de luces de colores y motivos navideños, los escolares reciben con alborozo las vacaciones y los niños de San Ildefonso hacen repicar sus voces en la tele con los números agraciados en el sorteo más popular del año que hará, sin duda, millonarios a unos, mientras otros nos quedamos casi siempre con la decepción en la miranda esperando mejor ocasión. Los almanaques se desprenden de sus últimas hojas mientras nos disponemos a despedir el año viejo y a dar la bienvenida a otro nuevo.

Hemos dejado atrás un periodo de nuestra vida y es hora de hacer balance de nuestro caminar por la existencia. Pero no es tiempo ahora de recordar los momentos dramáticos vividos, como podrían ser el huracán Katrina o el tsunami del sudeste asiático o las guerras que nunca cesan. Es tiempo para la esperanza, para soñar un mundo mejor en el que no existan diferencias abismales entre los palacios y las chabolas; para la solidaridad entre los pueblos, para el acercamiento de las diferentes civilizaciones. Es el momento ideal para arrojar al pozo del olvido el odio o la venganza, el egoísmo, la soberbia y la crispación.

Para los cristianos, la Navidad es ante todo el recuerdo del acontecimiento más importante en la historia de la humanidad. Recordamos que Dios se hizo niño en la humildad de un pesebre y que viene a traer al mundo un mensaje de amor y de salvación. Los villancicos de estos días desnudan a veces de trascendencia para revestirse de un íntimo sabor humano, de esa alegría de nacer a la luz entre ángeles y pastores, manos que llegan de Oriente con presentes para este Dios-Niño que se ha hecho hombre en medio de la humildad y el silencio de la noche alfombrada de estrellas.

Para todos, la Navidad es tiempo de trabajar por la paz, comenzando por nosotros mismos y siguiendo por los más cercanos: los familiares, los amigos, los convecinos, los sin techo, los inmigrantes que sufren el olvida y la marginación… pero al margen de desear a todos la felicidad en estas fechas, aunque sólo sea en una postal típica de estas entrañables fiestas, es tiempo también para la sana diversión, para dar rienda suelta a la alegría y reunirnos con nuestros familiares en torno de la mesa más abundante que nunca.

Sin duda alguna también habrá en Nochebuena y Nochevieja personas sin el calor de un hogar; soldados enarbolando un arma de guerra, terroristas maquinando su próxima masacre, niños sin juguetes, sin una nana meciendo sus sueños, familias que estarán tristes por la desaparición o la enfermedad de alguno de sus miembros. El mundo es así, y en muchos casos nada podremos hacer para vencer el peso de tantas sombras. De todos modos siempre será posible dedicar un brindis por un futuro mejor, para que la paz levante para siempre sus columnas en esta tierra que debe ser de todos y para todos.