Edición mensual - Navidad 2005 - Colaboraciones

Queridos peluches

María Luisa Menchón (De la Asociación de Escritores y Artistas españoles)

Nº 169 - Colaboraciones

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Mañana de dolor y niebla con alas rotas. El brazo derecho hecho un asco, colgajo inerte sin pincel ni pluma. Sólo mi varita mágica en el mandil de la bruja “Micomenchina”, la “Tita Luisa Cuentacuentos”.

En mi despacho, otro ser triste: “Manchalico”, un borriquillo de peluche rosado, medio gay, sin papá ni mamá. Hace tres años, más o menos, vivió con mi pluma aventuras con “Patasdealambre”, con Don Quijote de la Mancha, y Sancho, niños recorriendo a trote corto Campos de Montiel y Calatrava, con Sancho a su grupa. Fue regalo de Navidad, de mi amigo Manolo, director de Gráficas Puertollano, que edita e imprime magníficamente mi obra literaria tan prolija.

Muy de mañana, en el desayuno del Chiringuito, Maru, María de los Ángeles Martín, sacó con cuidado de su bolso-mochilón, una borriquilla gorda de peluche gris y curiosamente, crines negras y rabo con lazo rosado, enormes orejas gachas, tristona, recién liberada de la máquina tragaperras por otra amiga, Pilar Rodríguez, desde un presidio malquerido.

Lo arropé con cariño, la bautizamos como “Caracuela” por aquello del Centenario de Don Quijote y la llevamos a casa. Era mucha coincidencia: crines negras, ojos grandes, enormes orejas y lazo rosado del rabo como jirón de piel de “Manchalico”, ¡vaya como un ADN! Así que, toqué a los dos con mi varita mágica y no podéis haceros idea del encuentro; entre rebuznos y caricias, como si de madre e hijo se tratara. No hay quien los separe, un cuadro tan enternecedor mereció llevarlos al estudio de Germán, que perpetuó el encuentro entre flores y juguetes infantiles.

De nuevo “Manchalico”, ahora con su mamá, irá conmigo al Bonillo –Lagunas de Ruidera-, junto al retablo de Maese Pérez y trotarán juntos por La Mancha en el nuevo cuentacuentos “Alonsito Quijano”, recogiendo, en su caso, destrozadas marionetas, viandas y los asustados y pequeños “Garbancitos” Perico y Sofía y llevarlos a la Venta de la Inés, buscando a Maese Pedro, papá de Perico, para seguir a Sevilla, a la casa de la pequeña Sofía y doy gracias al Señor por unir a una familia rota ¡Aunque sea de peluche”. Y no me extraña nada; desde pequeños los niños llevan en cunas y cochecitos, rosarios de diminutos peluches; cuando crecen, también sus peluches; los adolescentes duermen con ellos. Mi sobrina Marian cubre su edredón con un enorme perro, amo y señor de sus sueños.

Sin ir más lejos, el notable escritor claretiano, Julio César Rioja, ha compuesto para mí un tierno y bellísimo poema:

Osito de peluche,

poesía andante,

Dulcinea del verso,

escudera de Puertollano.

Tarde, pero llega

así es siempre

el agradecimiento.

Es posible que los niños,

los mayores y los abuelitos

sean un poco más felices

leyendo tus cuentos,

lo que es cierto,

es que la solidaridad

le sale de muy dentro.

Estamos siempre en deuda

con tu corazón “varado”

corazón llenado, ocupado

rebosante de palabras buenas

y mejores sentimientos.

Gracias en nombre de Cáritas

de todos los pobres y necesitados,

gracias sean dadas

al verso limpio

y la canción sonora,

que en tus manos

se convierten en paloma.

El mejor “quitamiedos” es un peluche, ¿verdad? ¡Quién me quiere a mí! ¡Feliz Navidad! (Del libro “Alonsito Quijano”)