Edición mensual - Diciembre 2005 - Cultura

El Auditorio Municipal acogió una exposición que resaltaba la importancia de esta especie vegetal

La agonía irreversible de los olmos

J. Carlos Sanz

Nº 168 - Cultura

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Desde que al insigne Antonio Machado le diera por escribir aquel poema que llevaba por título “A un olmo viejo”, esta especie arbórea adquirió tal solera que buena parte de la población empezó a sensibilizarse de su importancia. Años después, los olmos de todo el mundo comenzaron a sufrir el azote de la grafiosis, una pandemia vegetal que podría considerarse como la “gripe aviar” de esta especie y que ha diezmado a su población mundial.

Susana Domínguez y Ezequiel Martínez, autores

Estas y otras curiosidades se pudieron ver en la exposición fotográfica itinerante “Los últimos olmos ibéricos” que permaneció expuesta en el Auditorio Municipal durante el mes de noviembre. Una muestra organizada por la Obra Social de Caja Madrid, Bosques sin Fronteras y que ha contado con el apoyo de la Junta de Comunidades.

La exposición estaba estructurada en fotografías y paneles informativos, y cuyos autores son Susana Domínguez Lerena, Ingeniera Forestal y fotógrafa y Ezequiel Martínez, naturalista y fotógrafo. Ambos, tienen una amplia experiencia en la elaboración de exposiciones fotográficas en el ámbito medioambiental y durante más de dos años, han llevado a cabo un seguimiento documental y fotográfico del programa español de lucha contra la grafiosis.

Origen y causas de la grafiosis

Fue a principios del siglo XX cuando se detectaron los primeros brotes de grafiosis. Se cree que la causa es humana, en concreto los inmigrantes chinos que viajaron a Europa por cuestiones comerciales. Sus maletas de madera portaban el hongo causante y ahí se abrió la “caja de pandora” para los olmos. También, el transporte de leña infectada ha provocado la expansión de la enfermedad a lo largo de los años. El primer brote se detectó en Francia, Bélgica, Holanda y Alemania. En España, los primeros casos se dieron a partir de los años 30 del siglo XX y su incidencia fue menor. Pero los estragos del contagio se incrementaron en los 80 cuando surge un brote provocado por una cepa más virulenta. Así, los olmos que lograron sobrevivir en la primera infección comienzan a morir de forma generalizada en Europa, América y Asia.

Según Susana Domínguez, “desde entonces, la grafiosis ha matado más de mil millones de olmos en todo el mundo. En España se cree que seis millones de olmos han muerto y en torno a 600.000 olmos en la provincia de Ciudad Real”. De la infección no se han librado olmos centenarios que presidían plazas públicas y sitios privilegiados.

Métodos de erradicación

A lo largo de estos años, comités de expertos e instituciones se han afanado en combatir la grafiosis sin conseguir erradicarla. Las primeras soluciones contemplaban luchar contra la enfermedad empleando métodos químicos o biológicos, sin obtener buenos resultados. “En los últimos años, se ha comprobado que la mejor forma de combatir la grafiosis consiste en dotar al árbol de defensas naturales”, señala Susana Domínguez. De hecho, una de las iniciativas más eficaces se basa en la búsqueda de ejemplares que presentan resistencia genética a la enfermedad. El equipo que dirige el experto Luis Gil en España, ha llegado a encontrar más de 1.000 olmos resistentes a la grafiosis.

La acción humana, depredadora en toda regla, sirve para explicar por qué una enfermedad ha afectado tanto a un árbol como el olmo. “Tradicionalmente las zonas cercanas al medio humano han sido las olmedas junto con las fresnedas, y el hombre ha sido el que ha invadido su ecosistema debilitándole”, dice Susana Domínguez. Por culpa de estas ansias expansionistas del hombre, el olmo ha estado abocado a arrinconarse en linderos con el consiguiente deterioro de su capacidad genética. “A las especies vegetales no hay que invadirlas, debemos respetar su ecosistema y ojo con las manipulaciones del medio natural que lleva a cabo el hombre”, sentencia Susana Domínguez.

Relación entre el hombre y los olmos

Pero no todo son tirones de oreja para el hombre. Desde los albores de la humanidad, el olmo ha estado vinculado a distintas civilizaciones. Así, gracias a los romanos se expandió por toda Europa la variedad “atinio”, un olmo muy resistente y que se utilizaba para bendecir las vides. De aquí procede la conocida expresión “no le pidas peras al olmo”; “esto se decía porque en su lugar, a esta clase olmo había que pedirle uvas”, explica Domínguez quien también apunta que nuestra región fue una de las más fructíferas en cuanto a crecimiento de olmos.

En el ámbito de la etnobotánica, el olmo se ha usado con fines terapéuticos. “Se decía que sus hojas sanaban los huesos rotos, servía como alimento para el ganado, con su madera muchas culturas han fabricado distintos utensilios, también ha sido empleado en la construcción naval y se han encontrado restos fosilizados, datados de época romana, de conducciones de agua realizadas con madera de olmo”, señala Susana Domínguez.

Y como dato anecdótico, contrariamente a lo que se cree, no fue una secuoya sino un olmo el árbol que eligió George Washington para declarar la independencia de Estados Unidos. Dicho árbol murió de viejo y tenía la friolera de nueve metros de diámetro. Napoleón también tenía su corazoncito protector y llegó a promulgar un decreto donde exigía que allí donde pasaran sus tropas, tenía que reforestarse con olmos. Era tal la relevancia del olmo en ciertas épocas, que muchas monarquías europeas se pirraban por plantarlo en sus jardines reales, caso del Palacio de Aranjuez. “Grandes reyes como Felipe II se carteaba y mandaba semillas de olmo porque eran muy apreciadas”.