Edición mensual - Diciembre 2005 - Cultura

Crónica de una muerte anunciada

J. Carlos Sanz

Nº 168 - Cultura

Imprimir

Se veía venir. Es una pena que un festival de música como el Real Jazz esté condenado a desaparecer por no ser un acontecimiento de suficiente interés como para que las instituciones públicas “apechuguen” con subvenciones que estén a la altura del nivel alcanzado por el evento. Y es que pese a los esfuerzos de la Asociación “Amijazz”, presidida por el puertollanense Antonio García Claro, por conseguir como fuera el dinero necesario para mantener el listón de ediciones pasadas, finalmente las administraciones pertinentes dieron calabazas a la petición por lo que hubo que realizar una programación de emergencia.

Para que nos hagamos una idea del daño que una reducción o estrangulamiento presupuestario puede acarrear para la organización de un evento musical, no hay más que echar un vistazo a la tísica programación de esta edición. Es cierto que Amijazz, movida por una cuestión de orgullo propio y fidelidad a un público que a lo largo de estos años se había convertido en asistente fijo, tuvo que hacer auténticas cabriolas para lograr traer a personalidades destacadas del ámbito jazzístico.

Luchando contra los elementos

Los seguidores del jazz seguro que disfrutaron con la pianista brasileña Tania María, el jazz latino de Arturo O’Farrill y sobre todo con la demostración de virtuosismo y vanguardia a cargo del trío Medeski, Martin y Wood. Sin embargo, se echó en falta un “grande”, un primera fila que sólo por su nombre ya atraiga a forofos y curiosos del ámbito jazzístico. Y claro, la ausencia de una figura destacada se tradujo en merma de asistencia y lo peor, pérdida de caché para un festival que estaba entrando en la categoría de honor de este tipo de eventos en territorio nacional. Si en años anteriores, el Real Jazz se justificó con creces trayendo a grandes como Kenny Garret, Maceo Parker, Joshua Redman, Chick Corea o Mike Stern, este año hubo que echar mano del ingenio trayéndose a músicos estupendos pero que por desgracia no son fenómenos de masas. Y eso pasa factura tanto desde una vertiente de credibilidad así como de competencia. Con el presupuesto que ahora dispone Amijazz, el Real Jazz no puede competir con festivales como Jazzaldia, Getxo, Barcelona, etc.

“Dejemos que las instituciones resuelvan sus dilemas sobre subvenciones, compromisos, convenios prometidos que nunca llegan, responsabilidades, palabras dadas e incumplidas…”, decía con tono de enfado Antonio García Calero el día de la presentación del evento para darle más enjundia a la música que a cuestiones económicas. Lo malo es que la mayoría de la gente no suele dárselas de buen samaritano apoyando con su asistencia un evento que de buenas a primeras no llame la atención. Hablamos de una cuestión de persuasión, de elaborar una programación en la que aparezca ese nombre estelar que de por sí será la catapulta para garantizar el éxito. Desafortunadamente eso no lo hubo y Amijazz era consciente de esta brecha cualitativa.

Así, de la chistera sacaron un conejo con cara de circunstancias que no pudo evitar el que en esta edición la presencia de público fuera sensiblemente menor que en años anteriores. A esto hay que añadir la inexistencia de actividades complementarias como las actuaciones “golfas” en el Continental, aliciente y guarnición imprescindible para disfrutar del ambiente de club, como tampoco hubo encuentros ni sesiones musicales intensivas con alguno de los músicos incluidos en el cartel.

Estas carencias no significan que este año haya habido una debacle en el Real Jazz pues se hizo lo que pudo –y con bastante logro por cierto- pero no se pudo obtener un volumen o caudal de asistencia como en ediciones pretéritas.

Motivos para la esperanza

Con este panorama, y debido a la negligencia del Ayuntamiento de Ciudad Real y otras entidades públicas, el Real Jazz agoniza de modo irreversible. Por mucho que nos duela, el evento no podrá obtener una mejoría de salud a no ser que haya una inyección económica como se merece. En este sentido, La Comarca puede afirmar que existen motivos para la esperanza. Según hemos corroborado, Amijazz y el Ayuntamiento de Puertollano llevan tiempo manteniendo contactos para trasladar la celebración del Real Jazz a la ciudad industrial y así este acontecimiento musical no fenezca.

Existen buenas intenciones por ambas partes, así lo señalaba a La Comarca Antonio García Calero y el Concejal de Cultura Luis Pizarro, si bien “las cosas de palacio van despacio” y queda bastante por perfilar. A priori no hay obstáculos insalvables como para descartar la posibilidad de que el Real Jazz se celebre en Puertollano. La localidad cuenta con uno de los mejores escenarios de la región, el Auditorio Municipal que supera en acústica y en aforo al Paraninfo de la UCLM, lugar donde hasta ahora se venían celebrando las actuaciones, y quizás la única pega sea la limitada infraestructura hotelera del municipio o el que no se tenga asegurado un nivel de asistencia masiva.

Un conjunto de especulaciones que planean en el aire pero no por ello ensombrecen la intención de ambas partes por revitalizar un evento importante como el Real Jazz. Sería un error imperdonable que por motivos de desentendimiento por parte de los patrocinadores, Amijazz se viera obligada a darle la eutanasia a un festival que en tan sólo cinco años ha crecido de manera espectacular. La decisión está en manos del Ayuntamiento de Puertollano y esperemos que el compromiso sea firme.

Porque Amijazz lo tiene muy claro como así lo señalaba Antonio García Calero. “Con estas condiciones no estamos dispuestos a organizar un nuevo festival de jazz”. Hace falta un mecenas y todo apunta al Consistorio puertollanense.

Menos mal que nos queda la música

Unos fenómenos. El trío neoyorkino “Medeski, Martín y Wood” pasaron como una apisonadora por el Paraninfo de la UCLM apabullando con su música al público allí reunido; por cierto, más del que se pensaba debido al partido de marras entre Real Madrid y Barcelona que coincidía a esa hora.

El caso es que desde el momento inicial, Medeski y compañía se pusieron el mono de trabajo y comenzaron a demostrar que el código genético de esta formación está hecho de virtuosismo e imprevisibilidad. Coquetean con la electrónica experimental, se columpian en el funk y asombran cuando ejecutan temas de jazz moderno con instrumentos tradicionales (piano, batería y contrabajo). Unos máquinas, es la sensación que se te pasa una y otra vez por la cabeza al verlos en directo. Sin duda, el gran acierto del Real Jazz en esta su ¿última? edición y pese a que no sean considerados unos “primeros filas” del ámbito jazzístico, lo cierto es que este trío neoyorkino se han convertido en un auténtico fenómeno de masas en Estados Unidos. No es de extrañar teniendo en cuenta la cualidad que atesoran, ser esponjas absorbentes de los ritmos más tradicionales y los actuales, eso que se conoce como aunar tradición con innovación. Pero con lenguaje propio, sonido marca de la casa y ya que nos ponemos debo admitir que el ADN de este trío está formado por un cromosoma con forma de órgano Hammond que hace de maestro de ceremonias.

Alucinantes, tanto en creación de atmósferas ambientales, ruidismo, experimentación como a la hora de ejecutar funk incendiario con efluvios a jazz-rock, sonido blaixpotation e incluso ramalazos de hardcore bop.

Lo dicho, lo de estos tres merece un análisis aparte. Y nadie les puede reprochar esnobismo o eclecticismo ligero, qué va, auténtica lección magistral de jazz caleidoscópico, vanguardista y sobre todo de sonido actual primorosamente dirigido por el timonel Medeski, a cargo de sus estupendas dotes como teclista.

Lo malo es que un concierto de estas características se hubiera disfrutado el triple en un espacio más pequeño, un club nocturno de jazz con copa en mano y moviendo el esqueleto porque como si de un rito de vudú se tratara, la música del trío incitaba a moverse frenéticamente.