Edición mensual - Noviembre 2005 - Sociedad

La Asociación Cuenca Minera, una apuesta amistosa que se hizo multitudinaria

Benjamín Hernández

Nº 167 - Sociedad

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De vez en cuando uno comienza a hacer algo que acaba por superarle. Éste es el caso de la Asociación Cultural “Cuenca Minera” de Puertollano. Calculada para incluir a una veintena de amigos en una especie de peña festiva, al cabo de dos meses de empezar a montarla me pasaron un listado de ¡700 personas!

Era para no creérselo. Pero vamos a contarlo desde el principio. Todo ocurrió una noche de febrero/marzo, no lo recuerdo muy bien, en la barra del Alma-Zen, tampoco tengo la mente muy clara, porque eran las tantas y cuarto de la madrugada.

Entre los vapores de la “amistad”, a Luis Miguel Ortiz García – Minguillán, presidente desde aquel momento por aclamación, se le ocurrió la idea tras recordar la escasa participación ciudadana en los carnavales recién terminados. Vamos, las cuatro máscaras escuchimizadas que nos atrevimos a dar el espectáculo por las frías calles del invierno puertollanero. A ello se unía la desaparición ¿definitiva? de varias murgas, y la destrucción y enemistad nueva de otras. Para el año que viene no sabemos si van a ser dos, tres ó una las que aparezcan en el festival, sin ir más lejos.

El caso es que a Luismi, la epifanía de los escoceses, segovianos y manchegos, le llevó a planificar una asociación diferente: una peña en la que nos preocupásemos de reforzar las fiestas y tradiciones de Puertollano desde una óptica festiva pero seria y ambiciosa al mismo tiempo.

Le secundaba su novia, Aurora, nuestra secretaria, que la muchacha no sabe decir que no. Tampoco dijo que no José Antonio Muñoz Gómez, “Barri”, ni Ramón Caballero Buendía, que puso unos chupitos para que nos iluminara mejor el espíritu de Baco. Lo secundó sin vacilaciones Mario Sánchez Peco, productor y director de audiovisuales que tenía, por cierto, la única visión realmente clara de la noche. Yo, por mi parte, no es que no sepa decir que no, que no sé, sino que tampoco podía articular demasiadas palabras y mover la cabeza en una negativa me mareaba. Sería algo del riñón. Exceso de filtración, me apuntan los amigos.

Así que, nacía la idea. Como también habíamos estado cantando coplas y hablando de las minas y de la cuenca hullera de Puertollano y Peñarroya, el nombre estaba servido.

Moncho calculó, lo que a aquellas alturas ya era una proeza, que seríamos quince o veinte, y que podríamos tener iniciativas muy interesantes. El caso es que la voz se corrió por algunos locales, comenzando por el Bar Luis, alma máter de la parte gastronómica, el Kotillo, los del grupo de El Punto y Aduana 16. Luego se unió Valero, como casa comercial que respaldaba las pretensiones importantes de la Asociación, y claro, la gente que lo oía quería participar.

Luismi lo tuvo claro: ¿qué va a pasar si se meten dos o tres personas más? Y se fueron apuntando. Cuando me llegó la hoja en la que firmar para la solicitud de estatutos y registro ya tenía el número 30 ¡porque me lo había reservado Aurora! Luego hemos superado los 850 socios.

¿Qué lleva a la gente a convertir una peña de amigos en la asociación más mayoritaria de Puertollano? No lo sé. Bueno, sí. Que solamente hay una pretensión de divertir, provocar en el buen sentido de la palabra y potenciar las fiestas que se puedan quedar un poco frías.

En las ferias de mayo pretendimos revitalizar la feria del mediodía y se hizo la comilona en un día de diario. En septiembre quisimos batir el récord con una caldereta y desde luego hicimos un caldero gigante que parece una piscina. Aunque pensábamos que podíamos pasarnos de optimistas nos quedamos cortos. Faltó caldereta. Y eso es bueno, aunque algunos se cabrearan y fueran con su olla como en el Voto.

El caso es que ya están Aurora, Luismi y Barri, haciendo planes para Navidad, para Carnaval y para más sorpresas. Bendecidos por los dioses y los hombres y mujeres de Puertollano, somos capaces de cualquier cosa. Siempre que no falte de comer y de beber. Un abrazo a todos.