Edición mensual - Noviembre 2005 - Puertollano

Pese a la apuesta de la organización, algunas compañías seleccionadas no han estado a la altura

Crónica de una Feria Regional de Teatro donde hubo luces y sombras

J. Carlos Sanz

Nº 167 - Puertollano

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Siempre que realizo un balance de la Feria Regional de Teatro me viene una sensación de vertiginosidad. Me explico: se presenta la feria por todo lo alto, se celebra durante cinco días, vienen programadores de todas partes, hay un montón de representaciones y espectáculos como si un arma comprimida disparara de repente teatro por un tubo, y cuando te estás acostumbrado a cogerle el “gusanillo” resulta que es el último día, la última función y adiós muy buenas. Hasta el próximo año.

Bajo el mismo patrón de vértigo, la organización del evento, comandada por Emilio Recio, se apresura a comparecer ante los medios para realizar su “particular” balance que por norma general tiene que ser el oficial. Y es que ya saben, esto es como cuando las manifestaciones, donde según unos han asistido un montón y según la policía y otras fuentes no tantos. Digo esto porque Recio y compañía le han cogido gustillo a las cifras. Es como si lo numérico se presentara como dogma de fe y por tanto hubiera que creer en ello.

El reino de las cifras

En el caso que nos ocupa, lo bien o mal que haya estado la Feria Regional de Teatro se calibra bajo criterios cuantitativos. En cuanto a asistentes, este año un total de 162 personas vinculadas al mundillo teatral entre gestores, representantes de compañías y distribuidores; en cuanto a procedencia de los mismos, que si un 49% de Castilla-La Mancha, que si 18% de Madrid y el resto de todas las autonomías; y en cuanto a contrataciones de las compañías, que no se dice una cifra exacta pero la organización siempre la considera voluminosa, como una masa emulsionante que está ahí para hincarle el diente.

Y es que, no lo olvidemos, la Feria Regional de Teatro es un lugar de negocio, un espacio donde se dan cita los distintos programadores teatrales del territorio nacional para llevar a cabo sus “business”, vamos como un mercadillo donde ver el género y comprar algo que merezca la pena. Entendiendo la finalidad de este evento cultural, no es de extrañar que pese a las pertinentes mejoras en materia de programación, gratuidad de los espectáculos, disposición de varios espacios y demás, no se trate de una propuesta pensada para el gran público. Si no estaríamos hablando de otra cosa, en concreto de un festival de teatro. Para verlo más claro; la Feria Regional de Teatro es, salvando las comparaciones, como una especie de ARCO escénico donde todo converge hacia el money-money, a que ciertas personas caten las últimas propuestas escénicas y se decidan por unas u otras.

Es importante aclarar esta cuestión pues así se comprende porqué desde la Consejería de Cultura no suele haber un derroche promocional del evento. La sacrosanta publicidad que en Puertollano siempre llega in extremis y que a la gente se le quite de la cabeza una divulgación masiva del evento en forma de megafonía, cuñas, cartelería, bandeloras, etc. Y ocurre lo de siempre, que los ciudadanos se enteran sobre la marcha de que esa semana su ciudad se inunda de teatro y de tipos que entran y salen del Auditorio Municipal.

Cambio de fechas

Luego está la cuestión espinosa de las fechas en las que se celebra la Feria. Este año ha habido un adelanto de las mismas, normalmente se venía celebrando en noviembre, y para la próxima edición los organizadores apuestan porque sea a mediados de octubre. “Sobre todo para que se sitúe a continuación de la prestigiosa Feria de Huesca, que es la decana en España y un referente para todos”. O sea, de nuevo el criterio comercial, elegir unas fechas más acordes en el circuito de ferias de teatro nacionales y pensadas para facilitar el trabajo de los programadores. Si le dieran a elegir, el ciudadano de a pie, querría que la feria se celebrase bien en primavera o verano para así darle más ambiente y vidilla a las calles de Puertollano ya que en octubre hace cierta “rasca” y la climatología actúa como condicionante a la hora de asistir o no a una representación teatral. Pero es lo que hay.

Redefiniendo la identidad de la feria

Centrándonos en la programación de la feria, el verdadero condumio del asunto, inevitablemente hay que hacer un análisis tipo Caravaggio, esto es, de luces y sombras. Lo luminoso está en la llegada de Jesús Cracio como Director artístico, una persona muy vinculada y conocedora del ámbito teatral, lo cual es una buena noticia. ¿Hasta qué punto se ha visto el efecto Cracio en la programación? hasta el punto de fijar la identidad de la feria cambiando su denominación por “Feria de las Artes Escénicas de Castilla-La Mancha”. “Esta feria deber servir como un escaparate diverso donde se verán espectáculos que muestren compromiso con la contemporaneidad, tanto en la vertiente social como estética”, señalaba Cracio el último día y en parte no le falta razón. Es un acierto que la feria sea ecléctica, se abra a las distintas manifestaciones escénicas y no se acote exclusivamente al teatro, como también lo es el hecho de apostar por propuestas con cierta carga crítica del mundo actual. De ahí que uno de los criterios de selección que Cracio y su equipo han empleado para elegir a las compañías participantes de esta edición haya sido el rasero del “compromiso social”. Claro que la preferencia por este tipo de lenguajes que denuncian problemáticas actuales como la inmigración, la violencia doméstica, las desigualdades sociales, etc, no ha sido del todo acertado. Junto a esto, se priorizan aquellos espectáculos cuasivírgenes, que apenas estén rodando por los circuitos escénicos “que sean prácticamente novedades o rigurosos estrenos. Si no fuera así, estaríamos hablando de un festival y no de una feria de teatro”, apuntillaba Recio.

Lo mejor

A mi juicio, la compañía revelación de esta edición ha sido la catalana “La invenció” con su propuesta “Las puertas del cielo” del que es autor Josep Pere Peyró. Por dos motivos: uno porque no estamos hablando de una representación teatral al uso y el otro por su originalidad, la llave maestra de la creatividad. Y eso que tenía varios factores en contra como el ser un espectáculo al aire libre y las limitaciones espaciales, no cabían más de 24 espectadores por pase. Sin embargo, sorprendió y convenció por su intenso mensaje.

Conviene recordar que estamos en el año del IV Centenario y por exigencias de guión algo del Quijote debía estar incluido en la programación. El honor le correspondió al “Quijote Hip-hop”, que por vez primera se representaba en un espacio interior y que desde su fastuoso estreno el 17 de junio en la escalinata de la Biblioteca Nacional había levantado expectación. Lo cierto fue que no defraudó, en parte porque la propuesta se sustenta gracias a como se lo “curran” los bailarines, auténtica exhibición de coreografía y acrobacias con tintes de breakdance, y a la presencia del graffitero Suso 33, quien en un periquete, aerosol en mano, ejecuta con rápidos trazos cualquier figura que se precie. Y con qué maestría. Ya digo que entre los que bailan y el que graffitea el Quijote hiphopero se hace soportable porque si de los raperos dependiera, otro gallo nos cantaría.

Y también hay que hacer una mención especial a la compañía brasileña “Macunaima” quien sorprendió con su adaptación particular de “Antígona” la tragedia griega de Sófocles. Es de agradecer que la organización de la feria abra fronteras e incluya en su programación compañías sudamericanas. El teatro en Sudamérica se entiende y estructura bajo la óptica del trabajo colectivo y Macunaima es buena muestra de ese axioma comunero. Los resultados se ven sobre el escenario: adaptación al contexto actual de una tragedia que aborda temas que siguen produciéndose en la humanidad. Se nota un ingrediente extra en las compañías sudamericanas, más ímpetu, más energía, más credibilidad ¿más empatía y menos egoísmo en definitiva? Qui lo sá.

Lo peor

Las sombras, claro que las hubo y en mayor número de las que se esperaban. Por un lado, la organización de la feria contaba con el hándicap de presentar una programación menos numerosa que en ediciones anteriores, aunque para Emilio Recio eso no significaba que haya habido menos demanda; “solemos recibir más de 200 proyectos que solicitan formar parte de nuestra programación. En realidad es una cuestión pragmática, es decir, se traen menos compañías con la idea de no saturar de espectáculos a los programadores y así, en vez de sobrecargar los escenarios con cinco o seis representaciones diarias, la organización apuesta por un adelgazamiento, o mejor dicho, una distribución más decente de la programación”. Con este argumento del “menos es más”, también se daba a entender que las compañías seleccionadas lo habían sido por su calidad y por ajustarse a los criterios de selección, espectáculos que concuerden con esa línea de contemporaneidad y lenguajes estéticos actuales que por lo visto pirran a los organizadores.

Aunque de todo hay en la viña del Señor y acotar la línea argumental para poder participar en la Feria Regional de Teatro conlleva a reducir el marco de elección e incurrir en el riesgo de presentar auténticos ripios. Como lo fue “Striptease cardiovascular”, una especie de declaración de intenciones por parte de Ajo, la excantante de Mil Dolores Pequeños, y que según figuraba en el libreto informativo “consiste en desgranar micropoemas que como dardos impactan en los presentes”. Esta pretensión underground, que queda muy bien de cara a la galería, se complementa con unas ganas empedernidas de fumar, y no precisamente tabaco, por parte de su autora. El resultado, un espectáculo infumable, en el que se vende mucho humo pero poca chicha. De vez en cuando algún destello de originalidad pero de escaso jugo creativo. Pero como Ajo es un icono de la contracultura española, todo queda de lo más “in” e irreverente y la gente que ya viene predispuesta se lo pasa pipa por lo que se ve.

Algo similar puede extraerse de “Franco ha muerto o cómo idiotizar a un pollo” del dúo Accidents Polipoètics. En plan serial radiofónico se abusa de un tema tan manido como la transición y los albores de la democracia con demasiado tufo a connotación politiquilla de izquierdas. Apto para aquellos que militaron en su día en el PCE o vivieron el felipismo de los ochenta pero monótono en su discurso y desarrollo.

Las compañías regionales se llevan la palma de la decepción este año. En líneas generales sus representaciones han estado muy flojas, bien por falta de ideas o como en el caso de El Viejo y el loco que con “Ana, la maestra y el aprendiz” no encajaron en ese patrón de contemporaneidad y temática actual.

Tirón de orejas y a mejorar

La organización de la Feria se ve obligada a enmendar ciertas carencias en la próxima edición y que tienen que ver con la inexistencia de actividades paralelas como foros de debate, encuentros entre profesionales, conferencias, exposiciones y que debido al cambio reciente sufrido en la Consejería de Cultura quedó en punto muerto. Luego está la inexplicable actitud de la Secretaría de la Feria que en años anteriores nutría con dossieres, notas de prensa e información a los medios de comunicación y que este año optó por la anorexia informativa; aparte de reprochar a la organización esta metedura de pata hay que instar a la misma a contar con un departamento de comunicación efectivo si quieren que el próximo año los medios informen convenientemente.

Y por último hay una cuestión difícil de resolver ya que no depende de los organizadores de la feria. Es el tema de la limitada infraestructura hotelera de Puertollano lo que genera quebraderos de cabeza, bien porque algunas compañías deciden llegar la noche de antes o porque a otros no les queda otra que irse a dormir a Ciudad Real.