Edición mensual - Noviembre 2005 - Opinión

Artículos macabros y de broma

La ley de hierro de la democracia

Enrique Buendía

Nº 167 - Opinión

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Entre la inquietud y zozobra de estos días traicioneros, ¡quién sabe cómo quedará el mapa de España dentro de un mes, no digamos al término de este bienio negro que nació del miedo y puede acabar en espanto!, llegan puntuales a su cita los partes de guerra de la televisión, las proclamas de la radio, los horroris causa de la universidad. Nadie conoce los planes, pues la ley de hierro de la democracia exige que los representantes se representen a sí mismos, y hasta donde podemos suponer, la condición de ciudadano incluye en una misma humillación la ignorancia de todo lo que importa. El Estatut del 90 por ciento de la clase política no es el del 90 por ciento de los ciudadanos que no le interesa. Los electos pueden desintegrar el solar patrio de los electores, negociar lo innegociable como si lo común fuera propio, imponer adoctrinamiento por educación, aconsejar sobre lo que es bueno quienes nunca pasaron de mediocres y decidir lo que seremos los que no conocen lo que fuimos, desde insultar nuestra inteligencia, esquilmar nuestros bolsillos a quitarnos toda esperanza, en resumen hacernos sentir como la mitad de España que sobra... combatiendo sus ideas así como sus creencias. Esta conjura de los necios que mantiene el silencio de los corderos avecina tiempos recios pues si los brazos de la constitución se aflojan, otra vez nos veremos a la intemperie en el patio histórico que nos enseñaron y no comprendíamos bien sus males. De nuevo, la majada descubrirá que los lobos disfrazados de perros vuelven a su ser, no en vano la fatalidad del siglo pasado consistió en la secuencia de terrorismo y amnistía, de tal modo que la justicia fuera impunidad y el mal se convirtiera en gloria. Si la Restauración se colapsa con el asesinato de varios presidentes tras el ensayo intermedio de la semana trágica, octubre del 34 lleva a la primavera sangrienta del frente popular, los etarras han encontrado almas comprensivas que hacen negocio electoral con la carroña. Cómo echo en falta los países protestantes por el desarrollo personal y la responsabilidad consecuente de nuestros actos para erradicar esa impunidad de muerte y olvido. Ni Dios perdona a los que no se arrepienten, pero aquí nace de esa estela en Perpiñán la próxima constitución expañola.

La batuta de esa orquesta dialogante con el terror la lleva hoy ese “rojo de solemnidad” que dice ser y es Zapatero en cuya mano comen los buitres de toda laya y condición, con boina, chilaba o barretina mientras los que van a morir le saludan antes del espectáculo. En otro país estaría sentado en el banquillo bajo sospecha de traición lo que aquí se vende como ideas avanzadas de esos mismos que insultan al patriota, al liberal o al creyente por resistirse a su planificación social. Es tal la fe en la propaganda que esperan ganar la guerra civil por ellos provocada y por todos perdida. La empresa no será exitosa pero está haciendo multimillonarios a los Polanco, dando trabajo a los cómicos e ideas a los periodistas que no tienen, amén de los cargos en teoría maoísta de la educación, y la infinidad de oenegés que chupan de la mala conciencia de este occidente. Imposible quedarse al margen del aquelarre, ni es sensato callar en este esperpento. Los que votaron a este gobierno porque el del PP crispaba a los separatistas tendrán que explicar las trincheras guerracivilistas que se han abierto, olvidando incluso lo que nos juramos en la transición. La reconciliación representada por el cuadro aquel de Genovés, que en buena medida concedió la derecha, la rompe este progre de solemnidad que le ha quitado el sitio hasta al siniestro de Llamazares. Viendo desfilar a estos retóricos de cartón piedra en pos de no sé qué revolución pendiente anarquista, separatista, comunista o progresista, cuyo ejemplo de civilización es el sultán moro y su alabado conde don Julián, mientras incendian los lugares de culto del crucificado y condenan al exilio a los españoles del país vasco y Cataluña, abandonan la lengua máter del latín y enseñan que el capitalismo es una explotación, se avergüenzan de la foto con EEUU e Inglaterra y muestran con orgullo al gorila rojo de Venezuela y Castro, muro de la vergüenza que esquilma nuestra América, que Dios los perdone que sabe más, a nosotros nos resulta difícil juzgarlos sin animosidad.

El PSOE es una pose que ha fabricado dos tipos complementarios pero incompatibles en el centro y la periferia: gorrones y separatistas. A los que gobiernan la Mancha veintitantos años que malgastan en absurdas ideas la solidaridad interterritorial, el rocambolesco Maragall les ha dicho con esa lucidez que da el güisqui: ¡sus!, ahora a volar solitos. Lo ha entendido el 80 por ciento del suroeste profundo que rechaza el Estatut por patriotismo o por la cuenta que les tiene quedarse desnudos sin telón de fondo para sus payasadas de crecimiento con un sector público de gratificados. Ni unos ni otros me agradan, pues he creído tanto en la igualdad ante la ley que garantiza la nación como la libertad de mercado que nos aleje de los pobres progres. La solidaridad n0o se les cae de la boca a gorrones y separatistas y bien se ve en el problema del agua, anulando el PHN a excepción del ramal a Barcelona, o Castilla la Mancha y Aragón blindando recursos cuando ellos necesitan recibir tantos otros. Las autonomías inventadas para unir a los separatistas no son suficientes para calmar la sed de los taifas ni el fondo de los gorrones. Los más bocazas con los valores son los que menos principios tienen, por eso Aristóteles cifró el peligro de la democracia en la demagogia. Si los dictadores en la crisis de la Restauración del 23 y de la República del 36 salvaron al rebaño, ahora corresponde al pueblo o lo que queda de España salvarse solo. Aunque adoctrinado por el monopolio PRISA que del sobresalto del terror lo llevó al cambio de gobierno, quizás en el abismo crezca la solución. Quizás a imagen de Besteiro ante Negrín podamos esperar un PSOE español que haga inútil las expectativas de minorías y castas políticas que venden humo pero cuya asfixia puede ser trágica. Quizás el ciudadano descubra recursos y poderes como el bolsillo para disuadir a los más iluminados que las fronteras son ruinosas en un tiempo de comercio. Quizás tras el adoctrinamiento sectario contra la derecha comprendan que sin nación no hay democracia, ni igualdad, y aunque el valor y la virtud sean escasos y los buitres hayan olido el fuerte olor a carroña, el pez se corrompe por la cabeza, sean solidarios en los recursos. Como en el juicio de Salomón la derecha parece entregar al niño con tal de no dividirlo, mientras la izquierda que parece que no es suyo lo entrega a la división. Ya no quedan pastores de nuestra libertad sino defensores del juramento constitucional.