Edición mensual - Octubre 2005 - Opinión

Artículos macabros y de broma

Hablar por no callar

Enrique Buendía

Nº 166 - Opinión

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De qué se puede hablar en medio de la inquietud y zozobra de este año y medio, si conociendo la historia sabemos adonde lleva el camino y conociendo a quienes lo pilotan rige lo de piensa mal y acertarás. Mi editor Julián quiere que hable de otras cosas más menudas y menos comprometidas, pero el nivel de las aguas ha anegado la opinión pública y los que quieren hablar no pueden y los que pueden hacerlo no quieren saber. Bastaría invocar la libertad y fingir despreocupación ante esta farsa, pero una farsa que se repite una y otra vez también es una tragedia. No son de integristas, ni de cruzados las pocas voces que advierten al pie del abismo, sino los que más confiaron en la libertad de opinión para ilustrar a este pueblo los que huelen ya su tétrico perfume. Ante las heridas que se reabren y los frentes que se perfilan, la ausencia de debate hace atronador el silencio y la falta de transparencia dispara la angustia que nos entrega a la lógica de lo peor. ¿Podríamos hablar de otra cosa para callar de lo que importa? Los presagios que despedazan el Estado y las tradiciones que lo mantenían, acometidas por un adoctrinamiento tendencioso, ya están en los planes de estudio que encenderán las próximas guerras mientras los padres no pueden elegir la educación de los hijos cuando se hacen experimentos de ingeniería social con seres humanos. ¿Podríamos hablar normalmente del futuro, cuando el desprestigio de las instituciones quiebra el equilibrio del Estado de derecho, o callar cuando gobierna la mitad de la representación electoral para esa mitad para la que no existe la otra, sino como infamia, cuando los mejores son perseguidos en las regiones y los mártires civiles de la constitución en vez de loor, familias dinamitadas por ser españolas, se les ofrece una segunda muerte civil ya que incomodan en el cuelgue de las medallas de esos progres que justifican el terrorismo por un mar de injusticias? Hay un don Quijote esperpéntico, que nos identifica fuera de España con estos cursis de bolsillos rellenos de dinero y bocas llenas de paja.

Es cierto que unos no pueden hablar y otros no quieren saber. Los mismos que callaron en el apogeo del GAL los crímenes de Estado y llamaron asesinos al anterior gobierno por combatir el terror, se manifestaron por el naufragio del Prestige y se tragan el derrumbe del Carmel o los muertos del incendio de Guadalajara, acosan y derriban con accidentes como el Yakolet y enturbian su responsabilidad con los estrellados de Afganistán, miran para otro lado en el pago de comisiones a los políticos catalanes, no digamos las maniobras orquestales en la oscuridad para cambiar el gobierno, la provocación del caso Bono o la brutalidad del caso Roquetas, pero que si algo trasciende se tapa con comisiones de investigación. Oír a un sectario fuera del guión de los asesores de imagen es inútil pero que personas que no viven del chollo de la solidaridad, “esa devastadora necesidad de occidente de hacer el bien” acusen a liberales y conservadores como si tuvieran cuernos, que alaben a Bono que nos dejó los últimos y denosten a Zaplana que hizo lo contrario, indica hasta qué punto es inútil apelar a la razón y resulta mucho más efectivo agitar las conciencias con consignas que constituyen el programa de la ESO. Es tan difícil engañarse con lo que nos espera como mirar para otro lado conociendo la historia.

Cuando hablo de esto con votantes de izquierdas en el modesto ámbito de este pueblo, sea de las víctimas del terrorismo, de la liquidación de España, del fracaso general educativo, me dicen que mientras tengan trabajo lo demás les importa poco. Es curioso entonces que no les interese comentar el estancamiento de Puertollano, fuera del autobombo del ayuntamiento cuya publicidad institucional paga la información de los medios de comunicación locales. La moral progresista tiene estos vaivenes en su huida de la realidad a la que confunden con sus lemas. Si comentas con profesionales de esa tendencia la acometida contra los valores judeo- cristianos de occidente no disponen de opinión sino ese coreo aprendido de los mítines y de los telediarios, cómo van a estar formados si están informados siguiendo el brebaje del País, la Ser y televisión española. Imagino que en Cataluña mis familiares emigrados, que ya no pueden educar en español sino en privado, también se encogerán de hombros en la capital de la progresía cuando se liquide el Estado. Tan jactanciosos con la cultura (el prócer Oneto decía que la cultura es de izquierdas) y su moral superior acallan al grupo de intelectuales Azúa, Boadella, etc. que advierten de adonde lleva el camino. Se han hecho todos tolerantes con el suicidio cultural y benévolamente se encaminan al desastre con una sonrisa de imbécil. Cultivan entre los medio analfabetos consignas que uno no quisiera para si mismo, pues sabido es que ni el tonto tira piedras contra su propio tejado. Cuando algún compañero se atreve a defender medidas tan universales como que somos los únicos en Europa en las adopciones de niños por gays y lesbias, no entienden que los experimentos se hacen con gaseosas, no con seres humanos, hablan de opciones sexuales que repercuten en derechos naturales, dado que pagan impuestos. También la virtud y el vicio son opciones. Todo es ridículo y alarmante al mismo tiempo.

Ante esta situación es normal que algunos busquen la esperanza en la fe, pues prefieren creer en Dios que en la aritmética del poder. El PP al que comparé con los tres montados en un burro que le quitan el burro y no se enteran, que dejó solo en las decisiones claves al presidente Aznar y entran al trapo que les preparan la industria de la conciencia de los adversarios, como el chantaje de la paz, temen las ideas y la verdad que junto a una eficaz gestión es su mejor baza y ya en estas tierras no contestan sino de vez en cuando y siempre por voz autorizada. Despreciando la lucha de ideas en las que hoy se desenvuelve todo occidente, Oriana Falacci dixit, dejan la educación en manos del Estado coincidiendo con los maoístas y la información en manos de esos valientes periodistas que no se mueven del pupitre, todos muy bien informados del viejo problema de sobrevivir, sea con Franco, sea con Polanco. Ilustres ejemplos de virtud pública acostumbrados a callar hasta que hilan dos consignas seguidas y entonces cacarean.

Los hombres, Julián, no podemos callar en la ley del silencio y algo sabemos de eso en España. Sus vidas cortas o largas, brillantes o humildes no pueden comprar la muerte con las mentiras, al final que cada cual mire qué responsabilidad le señala su conciencia.