Edición mensual - Mayo 2005 - Cultura

“Impresión de Don Quijote”, experimento escénico del Teatro Negro de Praga

A este paso, la celebración del IV Centenario de la publicación de “El Quijote” será la varita mágica de la que hace uso cualquiera para que sus propuestas o ideas adquieran una apariencia cervantina. En casi todos los ámbitos artísticos, la oportunidad de hacer “algo” con la obra de Cervantes cuenta con un criterio de puertas abiertas, de ahí que se elaboren y se den a conocer todo tipo de productos.

J. Carlos Sanz

Nº 161 - Cultura

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Los hay para todos los gustos, desde los que siguen a rajatabla el argumento de la novela hasta otros que la manosean e incluso la someten a una sesión de transformismo. El resultado es una suerte “travestismo” creativo en el que todo vale con tal de que, al menos, se mencione de refilón a Don Quijote.

Un sector que se apuntó al carro del IV Centenario fue el escénico. Son incontables las compañías teatrales de medio mundo que a lo largo de este año pondrán en escena sus particulares visiones sobre la obra universal de Cervantes. Es el caso del prestigioso Teatro Negro Nacional de Praga que junto al Grupo Sona representó en el Auditorio Municipal su “Impresión de Don Quijote”.

Una particular visión del universo cervantino

Un arriesgado ejercicio de corte simbiótico, dirigido por Francisco Plaza y adaptado dramatúrgicamente por A. Arnel, en el que componentes del Teatro Negro de Praga y los actores Juan Llaneras (Don Quijote) y J. Carlos Castillejo (Sancho Panza) tratan de ofrecer una visión, cuanto menos, singular del Quijote.

Singular porque las características del teatro negro, ese efecto mágico provocado por un conjunto de técnicas interpretativas en la que los actores, vestidos completamente de negro, se hacen invisibles al público ante el telón de fondo, por lo que lo único que puede ver el espectador son las evoluciones de los muñecos o actores que manejan, se hilvana con la acción dramática convencional. Por tanto, es la primera vez en la trayectoria escénica de esta compañía checa en la que incorporan a la representación el uso de la palabra, sustentada por el diálogo permanente que mantienen los dos actores españoles que encarnan a Don Quijote y Sancho Panza respectivamente.

Como guarnición de esta peculiar receta teatral, la voz en off de Fernando Fernán Gómez, magistral como siempre, que durante toda la acción dramática realiza determinados momentos breves con citas textuales del Quijote. Esta “nouvelle cuisine” escénica se remata con la proyección de imágenes que complementan a menudo el transcurso de la acción.

Uso de diversos lenguajes escénicos

Este cóctel de lenguajes expresivos constituye de por sí una apuesta arriesgada teniendo en cuenta que pueden desconcertar al espectador. En “Impresión de Don Quijote” esa sensación va y viene en el público como un dolor de cabeza intermitente. El contraste entre acciones mímicas y diálogo no es simultáneo, más bien se contraponen, lo que desorienta un tanto a un espectador que se encuentra en una tesitura extraña, tener que digerir al mismo tiempo dos acciones dramáticas distintas. Aunque el acierto por parte de Plaza sea el conjugar lo anterior con el montaje de imágenes, el apoyo musical y la voz en off, lo que, de algún modo, mitiga esa “migraña” visual.

La dramaturgia merodea en la recreación de los 20 episodios más representativos del Quijote, diez se corresponden a la primera parte y los otros diez a la segunda, siendo el punto de partida la historia de un impresor, cuyo sueño es encontrar un manuscrito que le otorgue fama y gloria, curiosamente lo que buscaba con denuedo Don Quijote.

La recreación de ambientes quijotescos es cosa de los componentes del Teatro Negro de Praga que con sus espléndidas técnicas y una excelente expresión corporal logran transportar al espectador al mundo interior del Quijote. Así, nos encontramos con la adaptación al teatro negro de episodios como la confusión de los molinos, la pelea en la Venta, el encuentro con los galeotes, la cueva de Montesinos donde Alonso Quijano creyó ver a Dulcinea del Toboso, el vuelo de Clavileño, el enfrentamiento con el Caballero de los Espejos y la lucha final en la playa de Barcelona entre Don Quijote y el Caballero de la Blanca Luna. Gracias a la expresiva estética del Teatro Negro de Praga, la acción escénica se amolda perfectamente a las expectativas del público.

Asimismo, el contraste de ambientes queda reflejado en dos tipos de iluminación: la convencional, donde se desarrolla la acción meramente dramática y la luz “negra”, haciendo surgir y desvanecer a personajes, objetos, mimos, marionetas, fosforescencias, imágenes proyectadas, sobreposiciones, efectos especiales, etc.

Sin embargo, este potencial expresivo no consigue alcanzar el cenit y queda un tanto desdibujado por la estructura de contrapunto que posee “Impresión de Don Quijote”, y eso que el desenlace final es sensato, al homogeneizar en un único espacio escénico y tiempo las dos historias.

Para Francisco Plaza, director de escena, la intención no era otra que la de mostrar un maridaje expresivo, fidedigno según su punto de vista, a la propia obra cervantina. “Queríamos aportar nuestro grano de arena a este año de apoteosis cervantina. Hemos mezclado realidad y fantasía, manteniendo la contundencia de los pensamientos filosóficos y la transformación de los objetos”. Por último, destacar la dirección musical de Ondrej Soukup y la magnífica escenografía realizada por los también checos, Jan Mikuska y Pavel Marek.

La historia del teatro negro en Chequia

Alrededor del año 1975 empezaron a aparecer, al lado del primer grupo fundado en 1961, grupos nuevos trabajando en los mismos principios. En el año 1986, Michal Kocourek reunió a un grupo de colaboradores, con ayuda de los cuales iba naciendo la idea de un teatro que reuniría el teatro negro clásico con elementos de musical y baile. Así surgió un tipo único de teatro sintético que desde el principio empezó a girar por el extranjero. Bajo su nombre original, ACT (All Colours Theatre) se estableció por fin en 1993 en un escenario permanente en una sala histórica en el pleno centro de Praga, entre las Plazas de Venceslao y de la Ciudad Vieja. Más de 600.000 espectadores han admirado ya su trabajo. En el año 2003, entró en el grupo Pavel Hortek, quién se había sido durante más de veinte años manager y productor de teatro negro, y fue el creador de los éxitos del grupo original. Con él llegaron los mejores artistas de la rama por lo que el grupo ha sido solicitado en numerosos escenarios mundiales, como la gira que hará en este 2005 en Israel, Australia, Portugal, Suecia, Taiwan, y otros países.

Durante los últimos 10 años el Teatro Negro de Praga ha visitado, entre otros países, Alemania, Austria, Italia, Países Bajos y Bélgica, Eslovaquia, Serbia y Montenegro, Grecia, México, Chile, España y América Latina.

La técnica del teatro negro consiste en que los actores, vestidos completamente de negro, se hacen invisibles al público ante el telón de fondo, por lo que lo único que puede ver el espectador son las evoluciones de los muñecos que manejan. De esta forma, los objetos adquieren movimiento y cierta vida particular. En su escena suceden cosas que no se pueden encontrar en el teatro tradicional: la luna puede posarse hasta el suelo y convertirse en el columpio para unos novios; una mariposa exótica puede nacer directamente ante la vista de los espectadores desde lo que antes era una fea oruga. Todo sin palabras, sólo la música y el movimiento. El Teatro Negro de Praga es un teatro pequeño de grandes milagros, es el retorno de la magia teatral al escenario.