Edición mensual - Enero de 2005 - Puertollano

Orificios

Felicidad y tecnología

José Rivero

Nº 157 - Puertollano

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Hay una recurrencia continua y continuada a la técnica y, sobre todo a la tecnología, para buscar la felicidad; como si felicidad y tecnología se hermanasen en esa carrera histórica. Carrera que cuenta y relata el optimismo progresista e ilustrado que parte de la Ilustración y se enseñorea desde la Revolución Industrial. Junto al progreso material que reporta el maquinismo y su progresión industrialista, aparece -o creen que aparece- cierto progreso moral que nos hace un poco mejores y nos dignifica cada día un poco más. De esa visión del hombre moral y maquinizado, del nuevo hombre que alumbra el engranaje de la Ilustración se desprende el aroma inequívoco de la felicidad, con cierto tufo pragmático e industrialista. Incluso se llega a pensar, que la felicidad del hombre viene de la mano de ese singular desarrollo del conglomerado técnico, que bebe de las fuentes de la ciencia y crece, más tarde, como una enramada tecnológica compleja y plural. Y así hasta el infinito de ese progreso continuado y continuo, que consiste en proveernos de prolongaciones de los sentidos o, incluso, en mejorar y rectificar eso sentidos primarios y limitados. Un teléfono no sólo prolonga el oído, sino que lo modifica, de igual forma que unas lentes mejoran el sentido de la vista y prolongan su captura, o un cuchillo modifica el poder destructor de la mano y de la garra. ¿Qué decir entonces de otras prolongaciones sensoriales en formas de máquinas y herramientas de las nuevas tecnologías? ¿Más felicidad, más mutación de sentido? Como si de esas prolongaciones de los sentidos obtuviéramos nuevas cotas de felicidad y de bienestar. Ciencia y bienestar o técnica y felicidad como dos pares conceptuales que mueven el progreso de las lamas y de los cuerpos. Esto sería cierto con la penicilina, con la electricidad y con la máquina de vapor. Adelantos científico-técnicos llamados a erradicar la enfermedad, a prolongar la visibilidad de la noche temible y a reducir el esfuerzo del trabajo humano.

En los primeros sesenta la felicidad era invocada en un anuncio metafórico de Telefunken, un nuevo televisor alemán, que nos anunciaba desde un interior doméstico, un nuevo camino de perfección moral y audiovisual como: “la felicidad en zapatillas”. Había aún mucho terreno que recorrer para descubrir desde el televisor otras infelicidades otras corrupciones y otras moralidades, pero en aquellos años iniciales sentarse en casa con un bata de franela y unas zapatillas de felpa, era una muestra posible de la felicidad no menos posible en unos tiempos imposibles. Más cerca aún en el tiempo posible, nuevamente la apuesta tecnológica se emparenta y se ayunta con nuevos caminos de la felicidad. Como hacían en noviembre en Puertollano, Luis Arroyo Zapatero y José Salgueiro Carmona. El primero, promoviendo ONO en su presentación local, nos anunciaba otro imponderable camino como ‘a la felicidad por el cableado’. Mientras que el segundo, presidente de RENFE, al promover las nuevas lanzaderas del AVE, nos hablaba de ‘la felicidad (o bienestar) que el AVE había promovido’, tanto en Puertollano como en Ciudad Real. Zapatillas domésticas, cables ópticos que posibilitan telefonías, ADSL o televisión digital y unidades de Alta Velocidad que enlazan cosas y espíritus, vuelven al territorio metafórico de la felicidad que emanan ciertos avances y ciertos progresos. Aunque siempre, quedará, seguirá quedando la ambivalencia de la técnica, como el fondo de la duda de la felicidad conseguida.