Edición mensual - Diciembre de 2004 - Opinión

La realidad está ahí fuera

CNT Puertollano

Nº 155 - Opinión

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Para empezar, queremos recordar nuestro artículo del mes pasado, en el que denunciábamos el conflicto que la empresa CLECE, subcontrata de RENFE, mantenía con sus trabajadores. Tras quince días de huelga indefinida en Sevilla, la empresa y el sindicato CNT llegaron a un acuerdo que los trabajadores afectados han considerado positivo, en el que se refleja una estabilidad laboral dentro de CLECE, subidas salariales del 33% y otras mejoras que se exigían (información del plan de emergencia, taquillas, aseos, etc.). Los compañeros de CNT nos mantenemos alerta para que este acuerdo se haga efectivo y no dudaremos en nuevas movilizaciones si se incumple.

Este caso nos demuestra una vez más que la unión y organización de los trabajadores, junto a los planteamientos que defendemos desde el anarcosindicalismo, son la herramienta de lucha más potente que el trabajador tiene en sus manos. Y es que en los últimos tiempos la clase obrera está perdiendo el valor de la dignidad, sufrimos tiempos de confusión, en donde el explotador aparece como el empresario modelo, el político como el defensor del “buen talante democrático” y el sindicalista como el gran reconciliador social.

Frente a esta visión mediática del mundo, los ciudadanos vemos cada día una realidad bien distinta. Casi ocho millones de hogares tienen problemas para llegar a fin de mes en nuestro país, medio millón de personas sufren acoso moral en el trabajo, seguimos a la cabeza europea en temporalidad en el empleo y, por si fuera poco, la estadística de accidentes laborales sigue aumentando sin fin aparente.

Oficialmente todos tenemos derecho a un trabajo digno y seguro, pero para el capitalismo los derechos laborales no importan, tampoco la vida de los trabajadores, todo se sacrifica en el altar de los resultados macroeconómicos. Paro, temporalidad, discriminación de género, inseguridad, … La gran mayoría de las empresas incumplen las más elementales normas de salud y derechos laborales y, sin embargo, dicha práctica queda impune por no denunciarla. Esa resignación acaba costando vidas y generando complicidad con la situación.

El sistema capitalista se ha hecho un fin en sí mismo, que no conduce a ninguna parte; se acapara riqueza sin un propósito definido más allá del propio acaparar, se despilfarra absurdamente, se consume sólo por el placer de consumir. El poder real está en el capital, y vemos cómo los gobiernos se dedican a las cosas domésticas, entreteniendo a la población con debates costumbristas o simplemente inventados… Pero gobierne quien gobierne, nunca se toca la parcela del capital.

Contra este capitalismo salvaje, los trabajadores debemos tomar conciencia de nuestras posibilidades como clase social mayoritaria, porque con nuestra pasividad sustentamos las desigualdades sociales que nos afectan. La única forma de recuperar la dignidad de clase es tener presente la necesidad de un cambio en el sistema desde su base y no conformarnos con las migajas que sobran, y que nos dan para tenernos medio contentos dentro de un mundo superfluo, mientras poco a poco van limitando nuestros derechos y nuestro bienestar.

Aunque parezca ésta una visión apocalíptica, sólo tendrás que observar tu vida y la de los que te rodean, aplicar un poco de sentido crítico y te darás cuenta que lo que hemos comentado tiene muchas más coincidencias con la realidad que lo que muestran los medios de comunicación.