Edición mensual - Diciembre de 2004 - Historia

Cartas desde Toledo

El clero en Puertollano: curas y frailes célebres (XV)

José D. Delgado Bedmar

Nº 155 - Historia

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Finalizábamos nuestra “Carta desde Toledo” del mes precedente dejando tan sólo apuntados los nombres de dos frailes franciscanos descalzos que han llegado hasta nosotros y que, aún sin contar con una absoluta certeza, bien pudieron ser naturales de nuestra localidad: Fray Diego y Fray Alonso de Puertollano. Ya decíamos entonces que, a pesar de que son bastante habituales los hallazgos en las fuentes documentales de nombres de frailes con el “apellido” de Puertollano tras el correspondiente nombre, hecho que bien pudiera indicar que habían nacido o que procedían de nuestro municipio, no podemos corroborar fehacientemente que así fuera.

De este modo, debemos limitarnos tan sólo a suponer que ese fraile franciscano que adoptó el nombre de Fray Diego de Puertollano y que era la máxima jerarquía de su orden en Castilla en el año 1738, procedía o había profesado en nuestro municipio. De él se conserva un documento manuscrito encuadernado en pergamino, que consta de once páginas escritas en castellano y latín, fechado el 16 de agosto de 1738, y realizado siendo superior del Convento Real de San Gil de Madrid (que estaba ubicado junto al Palacio Real de la capital de España). En ese documento (del que se dice expresamente que es copia del original), Fray Diego de Puertollano exhorta a sus hermanos del Convento de San Pascual de Roma a que se mantengan perpetuamente bajo la protección real, y les envía a través de Fray Agustín de Villanueva las pertinentes autorizaciones y la Bula papal que se concedieron para la fundación de dicho convento.

Menor rango en la orden tuvo sin duda Fray Alonso (o Alfonso) de Puertollano. Sin embargo, a él se debe un sermón que tuvo la suficiente importancia como para ser dado a la imprenta, gracias a la iniciativa personal de Don Juan Martín Vasco. El sermón de este “religioso francisco descalzo” que fue Fray Alonso tuvo como tema el Cristo de las Misericordias, y fue predicado en la villa de San Martín de Montalbán (localidad ubicada en las cercanías de Toledo) el “primero día de Pascua del Espíritu Santo” de 1693. La publicación del documento, en ese mismo año, se hizo en veintitrés páginas a doble columna, y correspondió al impresor madrileño Antonio González de Reyes.

Ya señalamos anteriormente que nos ha sido imposible localizar más noticias sobre otros frailes franciscanos descalzos que pudieran proceder de Puertollano. A pesar de todo, hay quien ha llegado a afirmar (sin aportar las correspondientes pruebas que lo corroboren, dicho sea de paso) que el más importante de los frailes que salieron del convento de nuestra localidad fue Fray Andrés de Puertollano, conocido fundamentalmente porque en octubre del año 1942 se dio su nombre al Instituto de Segunda Enseñanza existente en Puertollano desde 1932. Pero nada más lejos de la realidad: hoy sabemos con certeza que algunos años antes de que se fundara el convento puertollanense, Fray Andrés ya había tomado los hábitos franciscanos y estaba nada menos que en Filipinas.

En efecto: la fuente documental que lo certifica son las noticias que nos aporta Fray Félix de Huerta en su libro “Estado de la provincia de San Gregorio Magno”, publicado en Binondo (Filipinas), en 1865. En este volumen se señala expresamente que Fray Andrés fue un predicador de la Orden que profesó en la provincia franciscana de San José (que comprendía más o menos el territorio de las actuales comunidades de Castilla-La Mancha y Castilla y León) y marchó a Filipinas en 1616. Con esto obtenemos ya un dato bastante claro: Fray Andrés debió nacer en las postrimerías del siglo XVI.

El primer destino que conocemos de Fray Andrés de Puertollano en las Islas Filipinas fue el convento ubicado en el pueblo de Sampaloc, del que nos informa Fray Félix de Huerta en su libro: “el nombre de Sampaloc está tomado de un árbol así llamado, que abundaba en el sitio que ocupa. El mal temperamento de San Francisco del Monte dio margen al M.R.P. Provincial Fray Blas de la Madre de Dios para fundar éste de Sampaloc en el año de 1613, con objeto de trasladar a él la comunidad del referido convento de San Francisco del Monte. Prontamente vio cumplidos sus deseos en la singular piedad del Maestre de Campo Don Pedro de Chaves y su esposa Doña Ana de Vera, quienes cedieron generosamente el terreno y costearon a la vez la fábrica de la iglesia y convento, todo de piedra sillería. Sampaloc está a orillas del río Pasig y dista media legua de Manila. (...) La iglesia, dedicada a Nuestra Señora de Loreto, se fabricó el año de 1613, la cual fue incendiada por los chinos sublevados en 1639. Reedificóse en los años siguientes, bajo la dirección del reverendo Padre Fray Andrés de Puertollano, y en 1666 se construyó nuevamente la que hoy existe”.

Sin embargo, tuvo que ser necesariamente poco el tiempo que Fray Andrés estuvo al frente de las citadas obras de reconstrucción, porque pronto pasó a otro convento, el ubicado en la localidad de Paete, que, según nos informa también Fray Félix de Huerta, fue fundado en 1580 en las proximidades de la laguna de Bay, poniéndose su iglesia bajo la advocación de Santiago Apóstol. Mas tampoco permanecerá Fray Andrés mucho tiempo en Paete, pues a los pocos meses fue nombrado superior del convento de Cavite, localidad muy cercana también a las dos anteriores y que hoy es conocida sobre todo por haber sido privilegiada espectadora de una de las más importantes derrotas de la frágil armada española en la guerra de 1898, a manos de los modernos navíos estadounidenses. Precisamente en ese lugar construyeron los franciscanos un hospital para atender a la población nativa a finales del siglo XVI, al que en 1608 se añadió un convento, dedicándose su iglesia a San Diego de Alcalá.

Fray Félix de Huerta nos informa en su anteriormente citado libro que “dicha iglesia y convento permanecieron, a pesar de haber quitado la administración del hospital el año de 1640, con nuestros religiosos hasta el año de 1642, en que, por disposición del Señor Gobernador Don Sabiniano Manrique de Lara, fue demolido porque perjudicaba los fuegos de la plaza, y aunque en 1669 hubo proyectos de reedificarle, esta apostólica provincia de San Gregorio desistió de hacerlo, fundada en que ya no tenía objeto, puesto que no existía el hospital”.

Hemos de suponer, a la vista de estos datos, que Fray Andrés de Puertollano fue su último superior, porque en ese mismo año de 1642 fue llamado por sus superiores y salió de Filipinas en dirección a la metrópoli en el famoso “galeón de Manila”, que comunicaba las islas ultramarinas con Nueva España, llegándose desde allí a la península. Consta que llegó sin más novedad al actual México, pues sabemos que salió en 1643 desde el puerto de la ciudad de Veracruz con destino a España en una flota que fue azotada por un furioso temporal frente a la isla de Santo Domingo, a los pocos días de iniciarse la travesía. Su nave en concreto zozobró en unos arrecifes denominados “Los Abrojos”, pero Fray Andrés consiguió llegar sano y salvo a tierra embarcado en una lancha. No obstante, compadecido de los infelices que aún quedaban a bordo de la nave y que pedían confesión, desafió de nuevo el fuerte oleaje y consiguió llegar nadando al buque milagrosamente. Allí tuvo aún tiempo de confesar a todos antes de que, al sumergirse la nave definitivamente, muriesen todos ahogados.

Por esta encomiable actuación, a Fray Andrés de Puertollano se le hizo mártir de la Caridad de la orden franciscana.

El próximo mes continuaremos tratando de las figuras de otros frailes ilustres nacidos en Puertollano. Hasta entonces.