Edición mensual - Diciembre de 2004 - Almodóvar

La Casa de la Marquesa acogió una retrospectiva del pintor

José Carlos Sanz

Nº 155 - Almodóvar

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Abdón Anguita llevaba más de seis años sin exponer de forma individual. Para un artista, eso es mucho tiempo. Una etapa que Abdón ha calificado de “parón” en su plena acepción semántica. Detenerse en todos los sentidos: en la vida que uno lleva, en las expectativas que se pretenden recoger en la misma e incluso en el trabajo creativo.

Abdón pinta, ejecuta mediante el color y las formas su particular percepción del mundo que vive y eso lleva aparejado un replanteamiento continuo de lo que uno está haciendo. “Este parón se ha debido principalmente a la búsqueda de un lenguaje, indagar en el plano creativo. Son parones que surgen cuando menos te los esperas. Un día no te apetece pintar y punto”. Sin embargo, para la trayectoria artística de Abdón ha resultado positivo el receso.

El Centro Cultural “Casa de la marquesa” de Almodóvar del Campo, localidad en la que Abdón lleva residiendo varios años, ha sido el escenario de su regreso expositivo. La sala de exposiciones de dicho edificio acogió el resultado de este parón concienzudo del artista. Un total de quince obras, que arrancan desde el año 2001 hasta la actualidad, así como una filmación en vídeo de once minutos de duración, un performance en el que Anguita obtuvo el primer premio en el efímero concurso de arte contemporáneo “Ciudad de Puertollano”, del que nunca más se supo.

Piezas pictóricas en las que aparecen elementos habituales de Anguita, como el empleo y uso de objetos tridimensionales en los cuadros, el maridaje entre composición figurativa y abstracta, la figura humana sometida a un proceso de redefinición, etc. Pero aparecen cosas nuevas, como por ejemplo, una gama cromática en la que predominan los colores suaves sometidos a un duro contraste con el blanco. Y quizás, lo que más llama la atención sea la aparición de tatuajes en las figuras humanas. “El tatuaje siempre me ha seducido, es la belleza del dolor. He empleado una técnica que se llama transfer para incorporar multitud de tatuajes de distintos cuerpos para acoplarlos en una única figura” destaca Anguita quien mediante esta particular visión, genera una descontex-tualización de lo que el propio tatuaje significa en la cultura occidental. Un elemento ornamental que en los cuadros de Abdón se convierte en contorno, silueta y esencia de la forma humana. Un diálogo que se genera entre la conveniencia del dolor y la belleza.

El reencuentro con su obra

El día de la inauguración, Abdón iba y venía de un lado a otro de la sala de exposiciones ultimando los detalles. Se le notaba nervioso, como si estuviera a punto de someterse a una prueba. “Preparar esta exposición no ha sido algo premeditado. Disponía de obra, me apetecía exponer, me facilitaron este espacio expositivo y adelante. Los últimos quince días han sido terribles en cuanto a preparación”. Momentos antes de proceder al protocolo que caracteriza estas cosas, Abdón se sitúa a la entrada de la sala de exposiciones y se queda contemplando el aspecto que dan sus quince obras. “Lo primero que más me urge es comprobar qué tipo de sensación me produce el volver a exponer de forma individual. Por supuesto, luego saber que la gente está satisfecha de lo que ha visto. Espero que disfruten”.

Un reencuentro en todos los sentidos. Con su condición de artista, con el público y sus gustos y sobre todo con él mismo. En todo este tiempo Abdón no ha dejado de investigar nuevas formas y seguir vinculado con galerías madrileñas. Ahora mismo, su próximo proyecto pasa por formar parte de “la nave del arte”, una galería de la capital con más de 500 metros cuadrados en la que están exponiendo artistas de toda España. “Tengo que mandarles fotografías de mis últimos trabajos y a ver que pasa. De alguna manera lo que sigo pretendiendo es que la obra prevalezca por encima de la imagen del propio artista. A fin de cuentas lo que quieres vender es eso”.