Edición mensual - Virgen de Gracia 2004 - Firma Invitada

Las obras en la Virgen de Gracia

Una historia interminable

Miguel F. Gómez Vozmediano

Nº 152 - Firma Invitada

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En un tiempo tan propicio para las obras como el periodo estival, la ermita de la Virgen de Gracia nos obsequia con un nuevo cambio de aspecto. Y ya van unos cuantos desde su fundación, hace más de quinientos años, en recuerdo de la peste que asoló la comarca.

En realidad, poco, o mejor dicho, nada queda del pequeño santuario levantado en el cruce de caminos entre Almodóvar y Puertollano, a las afueras de un casco urbano que, por entonces, se limitaba a rodear la iglesia de la Asunción (ante consagrada a Nuestra Señora La Mayor) y poco más. La devoción de los lugareños le erigió en patrona en detrimento de Santa Ana, cuya ermita estaba ubicada en la ladera del cerro de igual nombre y que había catalizado la fe puertallonera desde su fundación, allá por la Edad Media.

La prosperidad de la villa, luego hecha ciudad al calor de la fiebre minera, y la expansión de su caserío han insertado esta seña de identidad medular de nuestra localidad en el principal eje urbano con el que contamos, el Paseo de San Gregorio. De esta manera, el corazón de la ciudad late en torno a un templo que siempre ha contado con la devoción de nuestros antepasados.

Y sin embargo, muchas felonías se han hecho, y me temo que se siguen haciendo, en su nombre y a su costa. Desde la destrucción de su talla original, víctima del torpe fanatismo antieclesiástico republicano, a la mutilación de las bulas que confirmaban la autenticidad de las reliquias que fueron donadas por un capellán de Felipe II, obsesionado por engrandecer el santuario y aumentar la devoción comarcana, motivadas por el cura de turno para poder enmarcarlas mejor, los crímenes perpetrados no tienen fin. Entre ellos están las iniciativas de abrir rosetones imposibles a los pies de la iglesia; adosar casas sacerdotales que enmascaran su perfil; cerrar capillas de rancio abolengo por capricho; o meter granito en las puertas de acceso a la iglesia. Desde luego, nos estamos luciendo con las inapropiadas obras de remo-delación (que no restauración) emprendidas en los siglos XIX y XX. Aviados vamos.

Pues bién, estamos a inicios del Tercer Milenio y las obras no se han hecho esperar. Retoques en su interior, vidrieras en algunos de sus ventanales, retoques en la fachada y sabe Dios que otras cosas más. La cuestión clave de este asunto es qué criterios se han seguido para tal empresa. En mi modesta opinión, si lo que se pretende es que recobre el aspecto que se supone que tenía en su origen me temo lo peor, ya no se yo a quién ni dónde se ha consultado para conocer su aspecto primitivo. Y en el caso de que se sigan criterios meramente estéticos habrá que confiar en el buen gusto del proyecto; lo cual es mucho suponer si nos ceñimos a los sangrantes antecedentes con los que contamos.

Mi pasión por la historia me induce a pensar que lo ideal sería recuperar, en lo posible, los ragos distintivos de este antiguo santuario mariano y no dejarse llevar por las modas del momento. Existen descripciones muy antiguas de la Virgen de Gracia; algunas lo suficientemente completas y minuciosas como para hacernos una idea aproximada de su aspecto exterior y hasta de ciertos detalles del interior. Otra cosa es la voluntad que se ponga o el dinero que se invierta. Desde luego, si lo que se ha optado es por metamorfosear de nuevo el templo clave de la religiosidad puerto-llanera, para ese viaje no se precisaban tales alforjas. Confiemos en que la cordura presida estas obras y que Dios nos ampare.