Edición mensual - Virgen de Gracia 2004 - Colaboraciones

María, ejemplo siempre imitable

Mariano Mondéjar

Nº 152 - Colaboraciones

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En estos días, en que vemos complacidos cómo se remoza y adoncella la Ermita de la Virgen de Gracia, unos puntos de mariana meditación no nos vendrían mal, cual pórtico de las fiestas que se avecinan. Nuestra más cordial y viva felicitación por la realización certera de tal restauración. Pero centremos el tema que nos ocupa y hablemos de la singular moza y doncella que habita al norte del paseo de San Gregorio. Santa Teresa del Niño Jesús, cuando habla de la sagrada familia y en particular de María, escribe con acierto: “Fácil es de adivinar que su vida real en Nazaret y también después, fue enteramente ordinaria (...) nos muestran a la Santísima Virgen inaccesible y sería menester presentarla imitable, practicando las virtudes ocultas y viviendo de fe como nosotros...”.

Llevaba María una vida “enteramente ordinaria” en su porte externo; interiormente era “extraordinaria” como la “llena de gracia”. Accesible en todo, humana, disponible siempre, de carne y hueso como cualquier hijo de Adán, hecha de barro limpísimo que bruñe y hermosea cuanto toca. De un natural tan normalito que empuja a seguirla sin esfuerzo. Cultiva las virtudes naturales y sobrenaturales con sencilla elegancia. En cas es madre, señora y discípula. En la calle, aparece como la esposa de José, el carpintero y la madre de Jesús. María, la buena vecina del pueblo, intercede por la familia, por las nuestras, concretamente.

Esta María de Nazaret, de apacible vida, a todo el mundo abierta, accesible e imitable, igual en todo a nosotros, excepto en el pecado; de nuestra misma raza, amantísima Madre de Jesús, es la que oramos y veneramos en estos días en innúmero haz de nombres: Gracia, Estrella, Socorro, ¡Feliz cumpleaños tenga mi Madre y Señora!.

María fue, en verdad, concebida por unos determinados padres, Joaquín y Ana, según la tradición. La concepción de María es singular, propia de una elegida porque será la nueva Eva, la “llena de gracia” y por tanto “bendita entre todas las mujeres”. María inaugura la era de la nueva feminidad; ella aparece como una “maravilla” del poderoso, verdadera “obra maestra de la Gracia”.

Inmaculada y llena de gracia ya desde su nacimiento “porque fue preservada, inmune de toda culpa original en el primer instante de su concepción”. ¡Oh virginal concepción, oh fúlgida natividad, felicísimo cumpleaños de nuestra Madre! No en vano tu nombre (Miriam, Mará, María) significa y hace referencia a Señora, bella, iluminadora, estrella de mar, llena de gracia.