Edición mensual - Julio de 2004 - Opinión

Los muros ¿de qué vergüenza?

J. F. Bravo Real

Nº 149 - Opinión

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No hace muchas semanas, un grupo de personas se decidieron a hacer un especie de excursión en los campamentos saharauis al famoso muro que divide en dos partes lo que antiguamente fuera el Sahara Occidental. O si queréis, el Sáhara español. No voy a citar sus nombres, en primer lugar porque fueron alrededor de 250 personas y en segundo, porque no lo sé. Lo que si puedo asegurar es que en el grupo iban personas amantes del Sáhara y defensores a toda prueba del pueblo saharaui.

Y esto me trae a la memoria el recuerdo de aquel otro muro famoso ¡este sí! Que durante muchos años dividió a Berlín separando lo que llamaron República Federal de la otra llamada República Democrática. Ya ha sido derribado. No quisiera engañarme, pero creo que en este 2004 se cumplirán 15 años. Recuerdo que escribí una carta al diario “El País” con el mismo título que he puesto a estas líneas esperando que se publicara en la sección “Cartas al director”. Me fue devuelta al cabo de unos días ... “lamentando que a pesar del interés de la misma, no hubiera sido seleccionada debido al exceso de originales que recibimos...” ¡sandeces!. Lo que sí es cierto es que el famoso muro de Berlín tenía una longitud de 1.500 metros y el muro que divide el Sáhara Occidental tiene cerca de 2500 kilómetros. Si todo lo que se ha escrito sobre el muro alemán lo hubieran echado sobre él, lo hubieran cubierto. Sin embargo, lo escrito sobre el muro levantado por el miedo marroquí a un pueblo que según su rey no existe, apenas si se vería.

Por aquellas fechas, recuerdo que felicité a las dos Alemanias porque se cumplían 10 años desde que el muro fuera derribado. Y agregaba: “pero no es éste el único muro vergonzoso. Yo sé de un muro que separa no una ciudad, como lo hacía el de Berlín. Separa todo un país. Lo parte por el medio. Bueno, no es verdad: lo que separa es la parte productiva, la que tiene riquezas de la que no produce nada. Separa a madres que no ven a sus hijos desde hace 25 años, separa a hermanos que ni siquiera se han llegado a conocer, abuelas que se han ido muriendo durante estos años sin llegar a conocer a muchos de sus nietos o sin volver a ver a aquellos que se quedaron atrás. Un muro que parece ser del agrado de la mayoría de esos gobernantes que se felicitan por el derribo del muro de Berlín. No sean ustedes hipócritas. Miren hacia atrás y verán a un pueblo que lleva viviendo 25 años en el más vergonzoso de los exilios y ninguno de esos defensores de los derechos humanos y de las libertades se han sentido molestos por ello. ¿Saben lo que es vivir en una tienda de campaña en verano cuando el sol se deja caer como plomo derretido? ¿O el frío que en las noches de invierno te corta la respiración cuando sacas la cabeza de debajo de las mantas? Seguro que no. ¿25 años no es una vergüenza? Y sin embargo, ninguno de esos gobernantes de pacotilla parece tener el más mínimo interés en hacer algo para poner fin a este vergonzante insulto a los derechos humanos no sólo de los saharauis, si no de todos los pueblos del mundo. ¿O acaso los intereses están por encima de los susodichos derechos? Si es así, no salgan en televisión diciendo que son defensores de la libertad. Cuando hablen de libertades, por favor, recuerden al pueblo saharaui y cállense. Como han callado con respecto a ellos durante 25 años. Como creo que seguirán callando mientras los saharauis no se decidan a empuñar las armas. Claro que también esto les beneficiaría, porque las armas de Marruecos salían de las fábricas de estos demócratas de pacotilla (...)”.

Esta fue la carta que me devolvieron de “El País” porque a pesar del interés no había seleccionada. Desde entonces, como decía al principio, han pasado ya casi otros cinco años y ese muro miserable sigue ahí. Es un canto a la desidia de todos esos países que se siguen llamando defensores de la libertad. Un homenaje al dinero que reparte a manos llenas el rey marroquí entre todos los que le hacen la corte, entre ellos, por desgracia muchos personajes de cierta relevancia en el ámbito español. De todos es conocido el famoso discurso de Felipe González en su visita a los campamentos saharauis. De todos son conocidas las promesas que les hizo para cuando algún día estuviera en el poder. De todos es sabido que su gobierno, para deshonra del pueblo español, sacó muchos millones de las antiguas pesetas al gobierno marroquí por la venta de material militar que sirvió para matar a muchos saharauis que sólo pretendían su libertad e independencia. Y sigue su entente con el hijo del antiguo monarca ¿Qué hacía defendiendo la candidatura marroquí en los mundiales de fútbol? Tal vez pagando algo de lo mucho que recibió por la traición al pueblo saharaui. Para mí, fue muy instructivo ver del despecho del representante marroquí y la arrogancia con que se levantó de la mesa y abandonó la sala.

Me gustaría poder un día ver que los destinos del Sáhara Occidental estaban en manos de la gente ese querido pueblo en vez de estarlo en las de un tirano invasor. ¿Dónde está la equidad del pueblo americano, que masacra afganos e iraquíes y permite hacer lo mismo a los judíos en Palestina en pro de una pretendida guerra preventiva contra el terrorismo? ¿Dónde está la equidad, cuando premia el buen hacer de un rey que se distingue por meter en la cárcel a todo el que se atreve a criticarle, unas cárceles por cierto donde la gente sufre torturas tan graves como las que los americanos infligen a los iraquíes? Tal vez por eso le premian y defienden. No en vano utilizan sus mismos métodos.

Desde aquí, uno mi voto a los de todos esos personajes que exponiendo su vida (alrededor de un millón de minas antipersona se encuentran repartidas por todo el muro) se acercaron en un gesto valiente y solidario con el pueblo saharaui. Unos son personajes conocidos, otros anónimos pero todos luchan porque se respete la legalidad internacional, no la impuesta por Marruecos, Francia y Estados Unidos.

Por un Sahara libre, gritaré con todas mis fuerzas: libertad para el pueblo saharaui, referéndum libre ya. Fuera el invasor.