Edición mensual - Contraportada - Mayo de 2004

La Rincona

25 años votando

por Víctor Morujo

Nº 146 - Contraportada

Imprimir

Para quien esto firma, la efeméride del primer cuarto de siglo de democracia municipal tiene un valor emocional añadido, ya que fue la primera vez que uno ejerció el derecho al voto, en el año en que cumplía la mayoría de edad, por esos años rebajada a los dieciocho. Adoctrinado subrepticiamente sobre las bondades de la democracia por algún que otro profesor, y recién estrenado por aquellos días mi carnet de la UJCE, introducir mi papeleta en la urna fue una especie de bautismo, un poder constatar que aquello iba para adelante, porque no estaba eligiendo a ningún desconocido diputado que se sentaría en la Carrera de San Jerónimo, sino a vecinos míos que se sentarían en la Plaza de la Constitución (antes del Generalísimo). Si mal no recuerdo, aquel primer gobierno puertollanero, al no contar el PSOE con mayoría absoluta, tuvo que salir adelante con el apoyo del Partido Comunista, que por aquel entonces eran los míos. Por ello, la sensación de estar tomando parte directa en el Ayuntamiento fue perfecta.

Desde entonces, incluso en los momentos en que la credibilidad de los políticos me ha parecido estar en horas más bajas, siempre he votado. Generales, Autonómicas, Europeas, Municipales... allí donde haya habido una urna, ha habido una papeleta mía. ¡Qué quieren que les diga! Mi primer voto me marcó y, de alguna manera, volver al colegio electoral, sigue haciéndome revivir aquella emoción. No quiero pecar de carca ni de nostálgico, quienes me conocen saben que no soy ni lo uno ni lo otro, sólo quiero presumir de afortunado ante quienes, más jóvenes que yo, se han encontrado con las urnas como lo más natural del mundo; tan natural, que acaso nunca las hayan visitado. Y no es que pueda presumir por ningún tipo de virtud mía, pues nadie elige cuándo nace; pero el azar, la Providencia, o lo que sea, me plantó en este mundo para permitirme vivir las décadas más fascinantes de la reciente historia nuestra.

Haber tenido uso de razón suficiente para haber memorizado cómo era la dictadura de Franco, haber asistido a la caída de ese régimen, a la transición, a la ebullición de las ideas libres que marcó la década de los ochenta, a la llegada de los avances de la modernidad en los noventa... Lo siento, pero poca gente como la de mi generación podrá presumir de haber asistido a tantos cambios, en algunos casos como participante activo de los mismos. A nadie le puede caber duda alguna de que, si alguien que hubiera estado ausente del pueblo desde hace cuarto de siglo, llegara ahora, se encontraría un Puertollano irreconocible.

Hace un par de años me encontré, en Alicante, con un puertollanero ausente de la ciudad desde los años setenta. Era camarero en un coquetón restaurante en el que mi compadre Benjamín Hernández y yo nos regalamos un buen menú del día cuando asistimos a la boda de unos amigos y, cuando supo que éramos de su pueblo, nos comenzó a acosar con preguntas sobre esto y aquello. Imagínense, que nos llegó a preguntar hasta por el Macías y por el Bar Los Nevado. Cuando le dijimos que aquello ya no existía, a aquel hombre se le pintó en el rostro una sombra como de frustración, porque cuando estamos lejos de algo o alguien, siempre nos gustaría que, llegado el reencuentro, nada haya cambiado. Desmontarle a aquel emigrante su imagen de Puertollano era como borrarle su propio pueblo de la memoria. Probablemente se quedó un poco triste con aquellas explicaciones nuestras.

Pero es lo que hay. En estos días, casi todos los analistas estarán haciendo balances de estos veinticinco años de ayuntamiento democrático y, con la comodidad que proporciona lo inevitable, pondrán sobre el tapete, al igual que fue mi primera tentación al escribir este artículo, todo aquello que pudo ser y no es, todos los errores o falsas maniobras que hayan podido hacerse, todo lo que ellos hubieran hecho de estar en posibilidad de hacerlo. Yo, en este momento, prefiero quedarme con la sensación aquella de la pérdida de mi virginidad democrática, y con la realidad de poder decir que, en el ayuntamiento, son ahora concejales algunos amigos míos que vinieron conmigo al Dámaso, o algunos antiguos compañeros de partido y que, andando por la calle, hay también otros amigos que han sido concejales, y han vuelto a su condición de ciudadanos de a pie, como lo más normal del mundo.

Personalmente, esta democracia de pueblo es la que más me creo, porque es la que más veo. Por eso, me parece fundamental que ahora, tras cuarto de siglo de comprobar que esto puede funcionar, se pongan manos a la obra para dar más competencias a los Ayuntamientos, porque es donde más se va a notar. Felicidades, Puertollano.

La televisión provincial I+TV ha galardonado a nuestro periódico con el premio al mejor medio de comunicación. Este y otros premios serán entregados en una Gran Gala que se celebrará el 27 de mayo y que será transmitida en directo para la provincia de Ciudad Real y para una veintena de televisiones locales más.

Con motivo de la feria de mayo en Puertollano Chenoa estuvo actuando en la Caseta Municipal y su actuación fue buena en cuanto al espectáculo musical pero floja, muy floja, de público. Además, al final, Chenoa salió corriendo dejando a una gran parte de sus seguidores, niños y adolescente sobre todo, con la desilusión de no conseguir ni un autógrafo y en muchos casos con lágrimas en los ojos. Mal, Chenoa, mal.

Lo que ha quedado bastante claro después de la celebración de esta feria es que el recinto ferial se está quedando pequeño y es muy posible que, en breve, el ayuntamiento de Puertollano acometa la ampliación del recinto ferial.

La llegada del nuevo rector de la Universidad de Castilla La Mancha no ha traído buenas perspectivas para la aspiración de Puertollano de conseguir que se implante aquí alguna facultad. El NO por parte del nuevo rector a este asunto ha quedado ya patente y “dicen” que nos tendremos que conformar con los cursos de postgrado. Atrás quedan las doce mil firmas de Alejandro Llanos e, incluso, las ilusiones de nuestros políticos. Pero tiempo al tiempo...