Edición mensual - Junio de 2003 - Opinión

A la memoria de mi esposa Esperanza

De tu apreciable e inolvidable esposo, Ireneo

Nº 132 - Opinión

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Pensamiento te lo pido,

no me estés atormentando

que bastante estoy sufriendo

no me lo estés recordando.

Cuando más falta me hacía

se me fue mi compañera

para qué quiero vivir

si ya no la tengo a ella.

Cincuenta y ocho años juntos

llenos de felicidad

con sus altas y sus bajas

lo que en la vida es normal.

Sufrí de operación prostática

y siempre estuvo a la vera mía

sin apartarse un momento

ni de noche ni de día.

Todo lleno de recuerdos

por donde quiera que ando

parece que la estoy viendo

siempre pegada a mi lado.

De día pensando en ella

y por la noche no duermo

creyendo que está conmigo

sabiendo que no la tengo.

Esto es cruel y fatal

y mi vida es un tormento

para que vivir así

si ilusiones ya no tengo.

Ando a veces por mi hogar

como sonámbulo inquieto

de una lado para otro

y siempre con su recuerdo.

Qué delito he cometido

en este sufrido mundo

para que a mí se me trate

con un dolor tan profundo.

Si de verdad existe Dios

me cuesta mucho creerlo

motivo lo suficiente

porque es poco justiciero.

Tanto inválido como hay

deseándose morirse

y tú te llevaste a Esperanza

cuando éramos tan felices.

Y con tantos asesinos

matando y haciendo males

por qué no aplicas justicia

a esos grandes criminales.

Tú que eres tan justiciero

según la Biblia nos dice

dejas a los malhechores

y te llevas a infelices.

Qué espero yo en esta vida

a mi ya avanzada edad

sufrir y pasar tormento

peor que una enfermedad.

Sólo yo pido una cosa

con mi angustia y con mi pena

una muerte sin sentir

como le ha pasado a ella.

Y allí reunirme de nuevo

si es verdad que esto es así

esperando que sea pronto

para dejar de sufrir.

Nunca había estado enferma

mientras estuvimos juntos

pero lo que a ella tenía guardado

esta vida y este mundo.

El fatal diecinueve de agosto

del año dos mil justo

grabado está en mi memoria

y desde aquel día estoy de luto.