Edición mensual - Junio de 2003 - Música

Más de 3000 personas asistieron al primer festival de música independiente celebrado en Ciudad Real

Los Planetas cerraron con éxito la primera edición del FMIC

José Carlos Sanz

Nº 132 - Música

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El primer Festival de Música Independiente de Ciudad Real (FMIC), celebrado el 8 de mayo en el Auditorio La Granja de la capital manchega, cumplió sus expectativas de organización y obtuvo una buena respuesta por parte de los jóvenes “indies”aficionados al rock independiente español. Cerca de 3000 personas se dieron cita desde primera hora de la tarde para disfrutar con un cartel en el que sobresalían las actuaciones destacadas de Chucho y Los Planetas, dos de los grupos más importantes de la escena independiente española.

Augusto Guzmán, Presidente de Amic (Asociación de Música Independiente de Ciudad Real), la principal entidad organizadora del evento afirmó sentirse bastante satisfecho por los resultados obtenidos, “una de nuestras preocupaciones era el mal tiempo y afortunadamente éste se ha portado. Asimismo la gente ha respondido lo cual es una buena señal para próximas ediciones”.

Cuatro grupos teloneros, todos ellos procedentes de Ciudad Real, sirvieron de antesala para las tan esperadas actuaciones a las que nos hemos referido. A las seis de la tarde dio inicio el FMIC con la actuación de Spoonmen, una banda difícil de encasillar pues su música está aderezada de elementos pop, funk, punk e incluso sonido alternativo. A continuación fue el turno de SIMO, una de las grandes promesas del hip-hop nacional que no defraudó a sus forofos seguidores. Letras comprometidas, rapeos aceptables y buenas dosis de sampler como muestra del meritorio directo de esta banda ciudadrealeña. Los horarios se cumplieron escrupulosamente y a las siete y media de la tarde Gnomoloko tomaba el relevo. Una formación integrada por cuatro jóvenes que ya es bastante conocida en ámbito regional. Están a punto de grabar su primer disco y se notó las buenas maneras y soltura que demostraron en algunos momentos. Rock con guiños a la psicodelia de los setenta, así como toques de funk al bajo. Canciones como “El jardín de mi planeta” se ha convertido en un hit provincial, y fue coreada por los que en aquellos momentos allí estaban. Pink Satura son palabras mayores. Esta banda de Ciudad Real quedó hace unos años cuartofinalista en el concurso de maquetas organizado por la prestigiosa revista musical “Rockdelux” y están a punto de publicar su primer álbum. Demostraron con creces que van a dar guerra en la escena independiente nacional. Rock enérgico deudor de grupos tales como Jesús and Mary Chain, My Bloody Valentine o los asturianos Manta Ray. Muy buenos.

A las nueve de la noche ya se notaba en el ambiente cierta expectación. Las actuaciones de los cabezas de cartel era inminente y eso se notaba. Quizás esto actuó en detrimento de Maga, una formación sevillana recién llegada a la escena independiente. Con su EP “Bidimensional” y su primer álbum “Maga” obtuvieron buenas críticas en los medios de comunicación independientes. Sin embargo su actuación fue un tanto fría y en algunos momentos pecaron de precipitación, como así ocurrió cuando el bajista se adelantó al cantante.

Los cabezas de cartel

Chucho es otra historia. El que fuera líder del grupo albaceteño Surfin Bichos, Fernando Alfaro, sigue ofreciendo una imagen de dandy oscuro y un directo contundente. Encantaron a todos los presentes con un directo de sonido nítido y correcta sincronización. Lo mejor de Chucho es poder escuchar sus letras. “Tejido de felicidad” con la que alcanzaron un gran éxito de ventas deleitó a la horda de jóvenes que cantaban con absoluta exactitud la susodicha canción. En Alfaro siempre está presente el amor pero con un tamiz turbio, demasiado turbio. Habla de relaciones abocadas al fracaso mientras un estallido de guitarras y sonidos electrónicos refuerzan esa sensación de angustia que desprende Chucho.

Y por fin llegó la hora de Los Planetas con más demora de la prevista. Algunos problemillas técnicos de última hora retrasaron la actuación de la formación granadina. La gente comenzó a emplear el recurso del abucheo para meter presión ambiental. Algo que a Los Planetas se la trae floja, hablando mal.

Los Planetas en otro mundo

Jota, Floren, Banin y compañía estuvieron en su línea. Refugiados en su directo contundente y demoledor y apenas unas briznas de interacción con el público. Un par de lacónicos “buenas noches”, un par de “gracias”, una cuantas miradas furtivas al público y se acabó. Los Planetas giran en una órbita antagónica a lo que se espera de un grupo tan relevante como ellos. Poseen reconocimiento internacional, su música es de la mejor que podemos escuchar en el ámbito del rock, reciben buenas críticas en los principales medios de comunicación, la gente acude masivamente a sus conciertos y ellos en sus trece, es decir a lo suyo. Sin importarles la gente, sin tener en cuenta las peticiones, y en el FMIC no fue distinto. Jota iba totalmente de negro, con pinta de estar bebido más de la cuenta, con la mirada a ninguna parte y con una maestría soberbia a la hora de enlazar voz y guitarra. Nadie se explica porqué se comportan así. Su música pirra pero no así ellos. Sin embargo esta relación tan ambigua es la que probablemente ha ensalzado a Los Planetas como banda atípica. Qué importa que casi nadie escuche bien lo que Jota dice, qué importa que Floren se pase durante toda la actuación en posición hierática, asido al mástil de su guitarra y mirando al suelo, qué importa que Banin, el teclista impávido, parezca haber salido de un sarcófago y se comporte como una momia revivida. Inexpresivo hasta extremos mórbidos, flacucho como él solo, abducido por alguna nave interestelar que se lo quiere llevar a otros mundos pero al mismo tiempo perfecto en su cometido. Es lo que tienen Los Planetas. Que la gente puede reprocharles su antipatía, sus caras de pocos amigos, que podemos pensar que son poses chulescas, que no les importa el público pero todo eso se difumina cuando uno presencia su magnífico directo. Ellos son músicos y lo demuestran tocando. Hablar es lo de menos, ser cortés con el público pues también; lo que realmente les interesa es ofrecer su música de la forma más soberbia que saben. Un rock convulsivo genuinamente aliñado con dosis de electricidad. Hay momentos en los que nos recuerdan a grandes como los neoyorkinos “Sonic Youth” o “Mercury Rev” por esa tendencia al acople de guitarras y sobre todo a dejarse llevar por el universo de la electricidad.

Ofrecieron un repertorio de lo más granado. Una primera parte en la que tocaron casi todos los temas pertenecientes a su último álbum “Encuentro con entidades”. Canciones como “El artista madridista”, “San Juan de la cruz” o “Corrientes circulares en el tiempo” fueron ejecutadas con tal soltura que uno dudaba si aquello era playback o en verdad estaba tocando. Lo que nadie puede reprochar a Los Planetas es la falta de técnica a la hora de tocar. Aquello fue una tormenta sónica que precisa de cuatro sujetos para hacerse material. Ellos mismos saben que son lo de menos. Por eso ni se esfuerzan en hablar a la gente, ni pierden el tiempo en explicar chorradas ni nada por el estilo. Repito, son músicos y lo demuestran tocando.

¡Ah!, eso sí, hicieron un bis. No vayan a pensar que terminaron y se largaron sin más. No. A pesar de su frialdad para con la gente y su aspecto de extraños, se permiten la licencia de agradar al público. El bis fue un despliegue de sus hits, sus temas más conocidos como “Viaje por el sol”, “La caja del diablo”, “La playa” o “Cumpleaños total” que hicieron las delicias orgásmicas de los fans e incondicionales que estuvieron todo el rato en primera fila, haciendo caso omiso a su sentido común que les decía una y otra vez “no perdáis el tiempo con estos”. Son cosas de la música. La paradoja, la dualidad, el sí pero no. Todo reunido. Todo cogido de la mano. Y Los Planetas haciendo de padres.