Edición mensual - Junio de 2003 - Historia

Érase una vez...

Miguel F. Gómez Vozmediano

Nº 132 - Historia

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Hace quinientos años... 12 de junio de 1503.- El Honrado Concejo de la Mesta, la poderosa asociación de ganaderos del Reino fundada en tiempos medievales, dicta sentencia contra unos almodoveños por invadir la Cañada Real Soriana. Los condenados, de apellidos Anguita, Retuerce, Sastre y González, todos hacendados campesinos oriundos de esta localidad. Los cinco imputados son multados y se les incautan sus rebaños de ovejas como castigo ejemplar.

Desde época inmemorial, la principal riqueza del Valle de Alcudia y sus contornos ha sido la ganadería, fundamentalmente ovejas y cabras, pero también se registran cabezas de bovino (no olvidemos que las tierras se araban con yuntas de bueyes) y caballar (en su triple dimensión de caballos, mulas, y asnos). Sin embargo, desde que se aseguró la frontera con el Islam con la conquista del Valle del Guadalquivir y los serranos de Castilla pasan el invierno en sus hatos de ovejas merinas en los pastos de las dehesas pertenecientes a los maestrazgos de las Órdenes Militares, nuestra comarca vive su edad dorada. Precisamente estos esforzados hombres procedentes de Soria, León Molina de Aragón, Cuenca o Toledo serán los principales colonizadores del territorio, emparentando con mujeres de nuestra comarca y trayendo consigo su bagaje cultural y su aporte demográfico. Estos inmigrantes de la Baja Edad Media y toda la Modernidad nos aportaron savia nueva (que se refleja en apellido tales como Molina -GU-, Menasalvas -TO-, Vozmediano -SO-, Poyatos -CU- y tantos otros) y todo un entramado de tradiciones. Probablemente debemos a ellos desde la popular Olla del Voto puertollanera al juego de bolos o incluso la apuesta de las Caras calzadeñas; con trasuntos tanto en las ollas de cofradía de la zona de Cameros (La Rioja) como el famoso juego de las Chapas, todavía hoy practicado en ciertos pueblos de Ávila (Cuéllar), León (Valderas), y todo el sur de Valladolid.

Hace cuatrocientos años... 18 de junio de 1603.- Estando la Corte y capital de España en Valladolid, el Ayuntamiento de Mestanza consigue autorización del rey Felipe III para costear las fiestas locales y patronales:

“Otrosi a Vuesatra Alteza pido y suplico mande dar a mi parte su Real Provision para que dicho concejo pueda dar limosna y caridad hasta en cantidad de diez mil maravedís en tres fiestas que hacen en [los días de] Nuestra Señora de la Antigua [a] dos leguas de la dicha villa y están en costumbre inmemorial de dar a toda la gente que a ellas va pan y vino carne y queso y se gastan en cada una de las dichas fiestas diez mil maravedís. Que son en todos treinta mil maravedís, y en otras dos fiestas que son la Visitación de Nuestra Señora y San Sebastián otros doce mil maravedís, en cada uno seis [maravedís]”.

El santuario de la Virgen de la Antigua, en pleno Valle de Alcudia se remontaría en su leyenda hasta tiempo de los visigodos; toda vez que la advocación mariana a la Antigua nos habla de la aparición de una imagen supuestamente anterior al dominio musulmán de la Península Ibérica. No obstante, sólo comienza a documentarse esta devoción y su ermita rural a fines del siglo XV e inicios del XVI. Hacia 1569 se dice que el santuario de la Virgen patrona de Mestanza tenía una huerta y un colmenar, tal vez para alimentar al santero y proporcionar cera con la que alumbrar una imagen tan venerada por propios y extraños; así como que “los vecinos de la dicha villa de Mestanza tienen por devoción de ir cada un año en un día de los de Pascua Florida en procesión y que el día de Nuestra Señora de Agosto los vecinos de la dicha villa van a la dicha ermita cada un año por el dicho día y dicen a la misa y vísperas e misas a otro día siguiente y comen en ella y lo que en esto gastan lo contribuyen entre todos sin gastar cosa alguna de la renta de la dicha ermita y que esta es cofradía que tienen hecha los vecinos de la dicha villa por su devoción y que esta hermandad e cofradía no tienen obligación ninguna mas de lo que dicho tiene y que bien cree que no tienen ordenanzas confirmadas por Su Majestad de la dicha cofradía”. Todavía hoy los fieles mestanceños y solaneros se disputan el ser los más devotos hacia esta imagen, hoy separada en dos ermitas diferentes: la Virgen en las inmediaciones de Mestanza y el Niño Jesús en el santuario del término municipal solanero, e igualmente homenajeada en dos citas distintas a lo largo de cada año

Hace trescientos años... 2 de junio de 1653.- Malos tiempos para el Valle de Alcudia. A la tremenda crisis textil en que se ve sumida la zona desde que cayera en picado la tradicional industria de paños y lanas, se unen la sucesión de malas cosechas (algunos dicen que producto de la Pequeña Edad Glacial que sufre toda la Europa Mediterránea en el siglo XVII y que se refleja en un aumento de los aguaceros y en una ostensible bajada de las temperaturas medias), las inevitables plagas de langosta que anidan en los montes baldíos de Sierra Madrona y el Valle, así como por las epidemias que asolan a una población ruralizada y físicamente débil para resistir el embate de tantos estragos.

Hace doscientos años... 13 de junio de 1803.- Problemas en el cementerio de Veredas, situado en torno a la pequeña ermita del lugar. La talla que atesoraba concitaba el culto no solo de los pueblos y aldeas circunvecinas, sino de todos los pastores que pasaban el inviernos por estos lares. Parece que un zagal de ovejas muere en el Valle, en oscuras circunstancias (toda vez que aparece su cuerpo desnudo y un haz de cañas introducido por su trasero) y el cura de Veredas se niega a enterrarlo en tierra santa. Por más que bregan los amigos del difunto, el sacerdote se niega a admitir a un finado del que se dudaba cuál había sido la trayectoria cristiana de su vida. Al un espinoso tira y afloja que dura casi tres horas, los serranos sepultan a este pobre desdichado en la ermita de la Bienvenida, otro de los focos de religiosidad pecuaria de la región.

Como vemos en estos retazos de nuestra historia, a pesar de nuestros temores hacia los forasteros o los extranjeros, su presencia entre nosotros ha sido una constante a través de la historia. Muchos se quedaron para siempre entre nosotros y algunos dejaron incluso su vida por los inhóspitos parajes montaraces de la comarca. Que problemas internos o malas coyunturas no nublen nuestra mirada hacia el pasado ni enturbien nuestro presente. Un presente multirracial y un futuro mestizo al que, queramos o no, debemos empezar a acostumbrarnos. Junio es mes de fiestas y cosechas. A todos os deseo un feliz reencuentro con nuestro paisaje y una feliz entrada en el verano que se intuye en el horizonte. Hasta el mes próximo, querido lector.