Edición mensual - Feria 2003 - Colaboraciones

Nosotros

Para Fran, Javi, Charlo, Dúmen, Aleix, Chino, Antonio,

Sito, Alfredo…, para mis hermanos, vamos)

Eugenio Blanco

Nº 131 - Colaboraciones

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La infancia es lo que más cerca queda del cielo, quizás sea el único cielo. Mis amigos son los de siempre, con los que he crecido, aquellos tipos que me han acompañado en todos mis descubrimientos, en todas mis alegrías, en los triunfos callados y en las noches descolocadas por el alcohol y el desconcierto. Mis amigos son los niños que conocí en el colegio, son los niños que saben mis secretos, son los niños que me han aguantado todo este tiempo. Y a ellos les debo la amistad, las tardes sin hacer nada, los partidos de fútbol que siempre cuesta tanto organizar, el aliento en los momentos de flaqueza y algunas réplicas que al final se acaban convirtiendo en enigmas perdidos.

Mis amigos, nosotros, los compañeros indelebles, los tipos chulos y solitarios que siempre hacen lo mismo, nosotros, criados en las sombras del Paseo, en los bancos que rodean la Fuente Agria, en cualquier pista donde hubiera un par de porterías. Nosotros, portadores de sueños, hombres ingenuos, risas atoradas en la margarita sin deshojar del tiempo, nosotros, que ahora nos peleamos con la vida sin saber muy bien dónde queremos llegar, pero con la certeza y la tranquilidad de saber de dónde venimos. Nosotros.

Recuerdo, años atrás, cuando quedábamos para ir a la Feria, con mil pelas frescas, con el billete arrugado y escondido dispuesto para ser canjeado por unos viajes en el Saltamontes, en los coches de choque y en el Látigo.

Ahora quedamos en casa del Fran, antes de bebernos la noche a sorbos largos en el Caminillo. Nosotros, ahora perfumados, medio hombres y con el síndrome de Peter Pan que no nos deja ser mayores todavía. Charlie llegará muy tarde, como siempre, bueno, yo quizás llegue el último, justamente un palmo detrás de él, Charlo me suele escudar ante las caras de mala hostia generalizadas. El Charlie y yo tenemos un pacto tácito para llegar sobre la misma hora: son muchos años conociéndonos y esperándonos y queriéndonos y peleándonos. Puchy irá guapo y elegante, morenazo, siempre callado, con esos ojos grandes y luminosos, con la boca esperando un ginebrazo para empezar la retahíla de gracias que nos harán quererle un poco más, admirarle un poco más. Aleix, el más despierto, el más ingenioso, distorsionará la madrugada con sus comentarios, pondrá a todos en su sitio valiéndose de unas cuantas sonrisas y un puñado de ironía viva (yo me lo paso bomba con él); el Chino estará un rato cabreado conmigo por llegar tan tarde, “tío, las once y media son las once y media”, pero luego con un par de carantoñas se pone meloso y se convierte en el tío más buena gente que conozco; Fran adopta el rol paterno del grupo, pronto organiza el itinerario (no es tampoco muy complicado) y nos da las consignas para que la noche sea redonda o escabrosa, cómo lo quiero; Antonio estará tímido, le costará entrar en onda, pero últimamente lo veo más animado y con más ganas de guardarse recuerdos en los bolsillos de la memoria; Javi, mi Javi, irá directamente al Caminillo, y se ahorrará los cinco eurazos del fondo, pero a mí me da igual, él sabe que le invito a todas las copas del mundo a cambio de esas noches mágicas en las que diseccionamos lo divino, lo humano y, sobre todo, lo femenino, que es la condensación de ambos conceptos.

Nos reiremos tanto, nosotros, nos descojonaremos de las mismas cosas, de las viejas gestas, esas que caben en una tarde remota de mayo. Nos veremos solos, nos haremos los duros con las niñas, que no nos suelen querer o nos quieren demasiado, que es lo mismo.

La Feria será como siempre, con la música de siempre, con las caras de siempre. La noche alquitranada se despegará del cielo para ponerse a bailar las gilipolleces rumberas de las casetas. Al poco de llegar nos dispersaremos sin darnos cuenta: Charlie picador estará en el tajo, buscando su plan; Fran, tendrá las mejillas rojas -como si hubiera metido la cara en un microondas- y estará invitando a un grupo de chiquillas a una botella de fino; Javi se habrá escapado furtivamente para ver a su novieta; Aleix y el Chino departirán con miles de amigos a la vez; el Puchy y yo iremos a la barra a pedirnos la penúltima, a invitarnos hasta el amanecer, y casi no hablaremos porque ya nos sabemos las vidas de memoria. Veremos al Sito, que seguramente lo habrá dejado con Graci, el gran Sito, nuestro Hristo. Y así siempre, nosotros… Acabaremos bajando solos, repasando la noche, quizás alguno se haya perdido con un viejo amor o una nueva conquista, nosotros. Seguiremos nuestro eterno ciclo que nos va convirtiendo en hombres a trompicones, que nos ha dejado la mirada en los viejos adoquines, nosotros, hermanos que nunca nos podremos olvidar, ya no. La infancia quizás sea el único cielo, y vosotros estáis en el mío sin billete de vuelta.

Marquitos Suárez, mi amigo y mi compañero de farra en las noches madrileñas, canario, conquistador inigualable y poeta de lo femenino siempre dice algo que ahora me sirve como consigna, como declaración de intenciones en esta Feria, como colofón: “Niños: vamos a darlo todo”.