Edición mensual - Feria 2003 - Colaboraciones

Este año, nos la merecemos

Víctor Morujo

Nº 131 - Colaboraciones

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La verdad sea dicha, no tiene uno el cuerpo para mucha Feria. Si a lo que está pasando le sumamos el nulo interés de los eventos que nos han preparado para cimentar aún más la dictadura del “pachangueo”, no le quedan a uno muchas ganas de celebrar nada. Eso sí, se tiene el cuerpo más de Primero de Mayo que de Feria, y a la vista de lo que ha pasado, bueno está que intente buscar algún motivo por el que celebrar nuestras fiestas de mayo. Veamos: pues sí, nos merecemos celebrarnos a nosotros mismos, nos hemos ganado un respiro después de haber salido a la calle con tanta notoriedad a defender la PAZ y que la autovía de Mérida pase por aquí.

Lo cierto es que hubo más gente en lo de la autovía que en lo de Irak, ya se sabe que en este pueblo gusta más ver las manifestaciones por televisión, pero, aunque en el resto de España se hayan echado a la calle multitudes mucho mayores, aquí tampoco se ha quedado la cosa coja del todo, bueno está. El caso es que un apátrida vocacional como quien esto suscribe, se ha sentido casi orgulloso durante unas semanas de ser español. Nunca se había producido en la calle una contestación tan clara contra Bush y su monaguillo; nunca la sociedad civil española se había mostrado tan poco dispuesta a tragarse los cuentos que nos soltaba el del bigote. A esto hay que sumarle el clima en que se ha salido a la calle: de repente, todos se han olvidado de catalanismos, vasquismos, extremeñismos, manchegismos o andalucis-mos. ¿Se dan ustedes cuenta lo fácil que es? ¿Y de que queda demostrado, a pie de calle, que tenemos en realidad una sensibilidad común?

También ha quedado demostrado que los signos siguen estando secuestrados por usurpadores. A mí no me gustan los signos más allá de su pura estética, pero no que quienes los esgriman no sean sus legítimos depositarios. La bandera española sigue en poder del facherío, que son cuatro gatos, no la sueltan ni a tiros, y tampoco los constitucionalistas se esfuerzan mucho en ello, incluso evitan en lo posible usar la palabra “España” y la sustituyen, PP incluído, por “este país”. La enseña republicana está en manos de cuatro punkis trasnochados que poco o nada saben de lo que es el republicanismo. Y el republica-nismo es, sencillamente, una actitud, un sentimiento, que no pertenece en exclusiva a la extrema izquierda ésta de pacotilla que tenemos últimamente. No son muy diferentes los niñatos que salen a romper cosas enarbolando la tricolor que los que sacan banderas nazis en los estadios, o que los que sacan las ikurriñas mientras queman autobuses. Todos ellos, en realidad, están desideologizados, atontolina-dos y desacreditados, pero convienen al poder establecido, pues son la principal prueba de que han conseguido acabar con las ideas de qué clase de país queremos realmente.

Sin embargo, lo que más le duele al monaguillo de Bush, es que no ha podido domar ni a los suyos. ¿Saben ustedes lo que es un país echado a la calle contra su gobierno? Pues eso es republicanismo, independientemente de si se es o no monárquico, ni siquiera de si se es o no constitucionalista. El republicanismo, como antes he señalado, es el sentimiento solidario de pertenecer a una sociedad, de tomarla como nuestra, y de defender la sociedad que queremos desde abajo. Ni más, ni menos. El republicanismo se ha visto mucho más claro aquí con las manifestaciones pro autovía de Mérida: ahí no había que criticar una guerra, ni siquiera a un gobierno. En esas manifestaciones se ha visto la unidad y la solidaridad de unos pueblos con otros. Puertollano, Almadén, Los Pedroches, La Serena... gente de tres comunidades autónomas unida como una piña para defender algo tan lógico y concreto como eso, que no nos tomen por imbéciles, sea quien sea.

Claro, que para que una cosa como esta movilización civil haya tenido éxito, tenía que haber una segunda lectura. En el fondo, ha sido la reacción de una gente que no quiere que les obliguen de nuevo a seguir siendo unos don nadies. El fantasma de adónde han llevado a Almadén ha pesado mucho en lo de la autovía. Desde que llegó la democracia nos vienen prometiendo un relanzamiento económico para el que, en realidad, no han movido un dedo unos, ni otros. Ni socialistas, ni populares se han implicado realmente con nosotros, ni desde Madrid, ni desde Toledo. A veces, incluso desde Puertollano, porque, seamos sinceros, ni el Museo del Pozo Norte es el Warner Bros Park, ni esto se va a convertir en un Benidorm por mucho camping que hagan con preciosas vistas al complejo petroquímico. La verdad constatada es que, inexplicablemente, Puertollano es la única ciudad importante que aún no tiene ni una miserable variante. Los políticos socialistas y populares se han dedicado a hinchar artificial e inutilmente Ciudad Real, y han descuidado claramente el desarrollo de Puertollano, y no lo digo sólo por la universidad, que eso es en realidad el chocolate del loro, sino por todo lo demás.

Por eso, en las manifestaciones pro-autovía de Mérida, en realidad, lo que se gritaba era un “¡Basta ya de cachondearos de nosotros, hombre!”. Eso es la sociedad civil, y la sociedad civil no son todas las personas, sino aquellas que se mojan. El resto, tan feliz, viendo “Ana y los Siete”, se está olvidando ya de que España ha sido cómplice de la invasión injustificada de un país, de que se ha demostrado que la amenaza internacional no existía, ha quedado claro el sublime ridículo que ha hecho Aznar ante su propio pueblo, y que nos ha llevado a una vergüenza colectiva como no se recordaba. En realidad, la gente que se manifestaba contra la guerra no lo hacía sólo contra ese despropósito, también estaba diciendo “¡Basta ya de cachondearos de nosotros, hombre!”

Por eso, porque hemos dicho quienes somos, nos merecemos la feria. Los de “Ana y los Siete”, que la disfruten también si quieren, y que les siente bien.