Madrid rinde homenaje a Gregorio Prieto, pintor valdepeñero emblemático del siglo XX

El Ayuntamiento descubrirá una placa conmemorativa en honor al pintor de la Generación del 27 en su antigua residencia

El próximo jueves 15 de febrero, a las 12 horas, el Ayuntamiento de Madrid rendirá homenaje a uno de los grandes pilares de la pintura española y europea del siglo XX: Gregorio Prieto (Valdepeñas, 1897-1992), dedicándole una placa conmemorativa en el edificio que albergó su residencia y estudio en la Avenida General Perón nº 13.

Gregorio Prieto fue el pintor más representativo de la Generación del 27. En este sentido, sobresale su personal asimilación de las vanguardias europeas –cubismo, surrealismo–, las cuales conoció gracias a sus prolongadas estancias en París, Roma y Londres. Asimismo, destaca su avanzado discurso homoerótico y su versatilidad artística, cultivando la pintura, el collage, la fotografía y el dibujo, disciplina ésta en la que destacó como uno de los creadores más notables del siglo XX.

Orgulloso de su tierra y embajador de La Mancha, la cual retrató y mostró en galerías de todo el mundo, el artista vivió gran parte de su vida en la capital de España, donde encontró todo un crisol de experiencias artísticas y sociales que moldearon su genio creativo.

Fue en Madrid donde Prieto forjó sus lazos más profundos con el arte y la literatura. Siendo aún un niño, se trasladó desde Valdepeñas con su familia a la bulliciosa ciudad, instalándose en un modesto piso en la Calle Corredera Alta de San Pablo. Comenzó sus estudios de bachillerato en el Instituto de San Antón, ubicado en la calle Hortaleza, donde la presencia del cuadro La última Comunión de San José de Calasanz (1819) de Goya despertó en él la pasión por la pintura que marcaría su destino.

Sus años de formación en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, como entonces se denominaba oficialmente a la otrora Escuela de Bellas Artes de San Fernando, lo situaron en el epicentro de la efervescencia cultural madrileña. Aquí entabló amistad con la poetisa Rosa Chacel y con su futuro esposo, el también pintor Timoteo Pérez Rubio, y finalmente, con todo el grupo de jóvenes inquietos que conformarían la Generación del 27, que definiría gran parte de su trayectoria: Rafael Alberti, María Zambrano, Vicente Aleixandre, Maruja Mallo, Concha Méndez o Luis Cernuda compartieron con Prieto años de amistad, cafés, tertulias y una visión vanguardista del arte y la poesía.

Sin lugar a dudas, uno de los momentos más significativos de la vida del pintor en la capital tuvo lugar en 1924, cuando conociese a Federico García Lorca, estableciendo una conexión que trascendería la amistad para influir en la iconografía del artista. Concretamente el 7 de abril, García Lorca, acompañado por algunos jóvenes de la Residencia de Estudiantes, estuvo visitando la exposición de Gregorio en el Museo de Arte Moderno, dirigiéndose el granadino al pintor elogiosamente, llegó a decirle: «Lo que daría yo Gregorio, por tener un retrato hecho por ti. Con ese retrato que me hicieras, quedaríamos ambos unidos en la eternidad como Góngora y Velázquez».

La idílica historia de Prieto con Madrid no estuvo exenta de adversidades. El estallido de la Guerra Civil en 1936 le obligó a exiliarse en Inglaterra, donde permaneció trece años antes de retornar a la capital española en 1950. A su regreso, el pintor se instaló en un pequeño ático en la calle Serrano, para luego establecer su residencia en la Avenida General Perón 13, donde vivió y tuvo su estudio durante más de veinticinco años. Hoy, este edificio alberga la sede de la Fundación Gregorio Prieto, impulsada generosamente por él mismo con el fin de gestionar su Museo en Valdepeñas (Ciudad Real), preservar su memoria, difundir y conservar su extraordinaria obra. Es aquí donde también se encuentra el extraordinario Archivo Gregorio Prieto, conformado por casi nueve mil cartas firmadas por relevantes figuras literarias y artísticas de la Generación del 27, así como correspondencia de carácter profesional con las más destacadas galerías de arte y editoriales del siglo XX. Entre sus documentos encontramos uno de los últimos proyectos quijotescos del artista: proyectar su afán cervantino en nuestra ciudad, al querer recuperar el molino que aparece en el celebre plano realizado por Texeira en 1656. Finalmente no sería posible, pues “con la propuesta de una grandiosa Gran Vía que se proyecta en Madrid, estas calles y plazas cogen en el lugar donde estuvo en tiempos.”

Madrid es la ciudad donde Prieto realizó algunas de sus obras más famosas, como el Retrato de Federico García Lorca (1936) o El centro del mundo (ca. 1965), así como sus llamativos collages, denominados "popares", que fusionan el folclore español con el Pop art norteamericano. En 1957, Prieto consagró una carpeta de dibujos a Madrid, con quince obras que reflejan su amor y pasión por una una ciudad que siempre sintió como propia. En la introducción de dicha carpeta, el genial veintisietista escribió: “Madrid es como un agua que corriera por toda España, que embellece, vivifica y que va como un río por su cauce, reflejándose en ella todo el paisaje español”.

En definitiva, Madrid fue el escenario en el que Gregorio Prieto acabaría por convertirse en referente e impulsor de la modernidad. Primero, en ese Madrid atrevido y rupturista consolidado en torno a la Generación del 27, y después como aquella figura internacional que admiró la juventud artística que llegaba hasta la capital en los años cincuenta, e incluso durante la transición. La ciudad de la Cibeles fue testigo de la activa participación de Gregorio Prieto en la renovación estética española a partir de su vinculación con el postismo o a los aludidos “popares”. Su humanidad, experiencia, grandeza creativa, amén de sus habilidades sociales, acabarían por ensalzarlo cual paradigma y promotor de tantas actividades y propuestas culturales en el Madrid de la segunda mitad del siglo pasado. Así lo constata su actividad expositiva, implicación y compromiso con el mundo editorial y las galerías que surgieron y se consolidaron en la capital por entonces.

El testimonio artístico de Prieto sigue vivo en el tejido intelectual de Madrid. Este acto de homenaje, auspiciado por el Ayuntamiento de Madrid y la Fundación Gregorio Prieto, no solo honra a la figura del pintor, sino que también celebra el espíritu de la Generación del 27 y su contribución a la historia cultural de España. Así, el jueves 15 de febrero, mientras se descubre la placa conmemorativa en la fachada de la Avenida General Perón 13, Madrid aplaude su legado y rinde tributo a un pintor cuyo arte es símbolo de diversidad e inclusión, y cuya memoria perdurará como faro para las generaciones venideras.