¿Por qué se seca la Fuente Agria de Puertollano? La respuesta estaba en el siglo XIX
En la revista mensual 'El Ateneo Caracense', número 60, correspondiente al 5 de diciembre de 1885, se publicó un extracto de una Memoria redactada por el ingeniero de minas “D. Juan Sánchez Massià”, en cumplimiento de una orden emitida por la “Dirección General de Beneficencia y Sanidad”.
El documento abordaba una cuestión que hoy nos resulta inquietantemente familiar: la “disminución del caudal” de las aguas minero-medicinales de Puertollano. La emergencia de hoy ya estaba escrita en 1885.
Un problema ya detectado en el siglo XIX
A finales del siglo XIX, el director facultativo de las aguas minero-medicinales observó que el manantial llevaba varios años perdiendo caudal. Esta percepción no solo era técnica, sino que coincidía con el testimonio de vecinos y usuarios del balneario, hasta el punto de que el agua ya no era suficiente para alimentar pilas y bañeras, ni siquiera para el llenado destinado a bebida.
Dada la relevancia que las aguas medicinales de Puertollano tenían a nivel nacional, el hecho fue comunicado al “Director General de Beneficencia y Sanidad”, quien, con fecha 11 de julio de 1884, ordenó que un ingeniero de minas de la provincia inspeccionara los manantiales y terrenos colindantes.
El objetivo era claro: comprobar la mineralización de las aguas, estudiar posibles “aforos de emergencia” —captaciones o fuentes alternativas—, determinar las causas de la disminución del caudal y proponer medidas para evitar filtraciones.
Resulta inevitable establecer un paralelismo con la actualidad y con los estudios hidrogeológicos que hoy impulsa el Ayuntamiento.
Antigüedad del manantial e intervenciones históricas
En su Memoria, Sánchez Massià destacaba la notable antigüedad del manantial. Ya aparecía citado en la “Relación” enviada a Felipe II el 11 de diciembre de 1571, donde se indicaba que las aguas se recogían en una “caxa” tan antigua que nadie recordaba cuándo había sido construida.
Curiosamente, el ingeniero señalaba que estas aguas no gozaron inicialmente de gran aprecio entre los vecinos, y que no fue hasta después del año 1600 cuando comenzaron a utilizarse como bebida y como remedio para diversos achaques.
El informe también recoge las sucesivas obras realizadas en el “arca-depósito” a lo largo del tiempo, motivadas por una pérdida de caudal que ya entonces era recurrente. Una de las causas señaladas fue la ejecución de actuaciones poco juiciosas y, en palabras del propio autor, de carácter casi “caciquil”.
En concreto, se menciona la apertura en 1753 de un “pozo-noria” en una huerta cercana al manantial, propiedad de “D. Pedro Delgado y Heredia”, personaje influyente del Puertollano de la época. Este hecho dio lugar a una prolongada disputa que derivó en pleito entre el propietario —y posteriormente sus herederos—, la Villa de Puertollano y la comunidad de franciscanos establecida en la zona, que utilizaba el sobrante de la fuente para riego.
El conflicto no se resolvió hasta casi un siglo después, cuando en 1850 la “Diputación de Ciudad Real” adquirió los terrenos litigiosos y construyó el edificio destinado a los baños.
El análisis técnico de Sánchez Massià
El estudio se estructuraba en cinco grandes apartados:
Aforo
El ingeniero midió el caudal del manantial principal, denominado San Gregorio, obteniendo una media de “6,741 litros por minuto”.
El dato resultaba alarmante si se comparaba con los “32 litros por minuto” registrados en 1677 por el Dr. Limón: una reducción cercana al 80 % en 208 años.
Inspección de terrenos colindantes
Se identificaron diversos nacederos en distintos puntos cardinales respecto al establecimiento de baños, además de pequeñas fuentes secundarias. El análisis geológico del terreno permitió concluir la existencia de “múltiples filtraciones”.
Mineralización y aforos de emergencia
Las aguas fueron definidas como “termo-minerales”, adquiriendo su temperatura a profundidades de entre “120 y 140 metros”.
Respecto a los aforos de emergencia, el autor no pudo alcanzar conclusiones definitivas debido a la imposibilidad de realizar experimentaciones directas suficientes.
Causas de la disminución del caudal
Sánchez Massià centró su atención en el aumento de los puntos de emergencia del manantial. Mientras que en 1677 existía uno solo, en 1885 llegó a identificar “cuatro”, consecuencia directa de las numerosas obras realizadas sin criterios técnicos adecuados.
Remedios propuestos
La principal solución planteada consistía en ejecutar obras destinadas a “rebajar el nivel de salida de las aguas”, siempre que estuvieran “bien dirigidas” y “maduramente pensadas”, en clara contraposición a lo realizado hasta entonces.
El propio autor subrayó que su Memoria, de 69 páginas, no era más que un “bosquejo” y que la complejidad del manantial exigía estudios y actuaciones de mayor profundidad técnica para garantizar su sostenibilidad futura.
Conclusiones personales
Este documento, llegado a mis manos casi por casualidad, confirma aquello de que “no hay nada nuevo bajo el sol”.
Los problemas que hoy sitúan a nuestra querida Fuente Agria en una situación de emergencia son exactamente los mismos que motivaron estudios técnicos hace 140 años… y que, a su vez, ya venían arrastrándose desde dos siglos antes.
Resulta casi milagroso que el manantial siga vivo, aunque sea mostrando claros signos de agotamiento.
Lo más triste es comprobar que el origen del problema —la pérdida de caudal— ha sido siempre el mismo: “intervenciones inadecuadas en su entorno”, motivadas por intereses particulares (huertas, viviendas, hoteles, trazados urbanos…) y consentidas por el poder público.
En julio de 2022 ya publiqué en este medio un artículo sobre la escasez de caudal, entonces atribuida una vez más al comodín argumental del “cambio climático”. Un razonamiento simplista que elude la realidad histórica: la falta de una “política conservacionista” rigurosa en torno al manantial; esto es lo que Puertollano ha estado ignorando durante siglos sobre su Fuente Agria.
La Fuente Agria: pasado, presente y una advertencia clara
La Fuente Agria “no se seca sola”, esta pérdida de caudal es el precio de “intervenir sin cuidar”.
Después de cuatros siglos de errores, nos encontramos ante la emergencia actual, y como bien ha dicho el alcalde actual, “a todos los puertollaneros nos corre agua agria por las venas”.
Por ello, ante su mayor desafío histórico, solo cabe desear que las actuaciones actualmente en marcha culminen con un final feliz para nuestra Fuente Agria.
Ojalá así sea.