Puertollano: El entorno y funcionamiento de la fábrica de 'Jabones Santos'

Un brillante texto de Julián Gómez

Bibiana Bibi publicaba ayer en su perfil de Facebook un comentario y varias fotografías sobre la fábrica de 'Jabones Santos' que muchos de nosotros recordamos y que acompañó la historia de Puertollano desde el año 1894 hasta la década de los sesenta en el pasado siglo. Todo ello despertó mi curiosidad y comencé a buscar más información sobre ella hasta encontrar un artículo publicado en el año 2001 por Miguel Ángel Rodríguez Jiménez, perteneciente a la cuarta generación familiar de Santos González, quien puso en marcha esta industria en nuestra ciudad.

Se da la circunstancia de que Miguel Ángel Rodríguez Jiménez visitó hace años la redacción del digital La Comarca de Puertollano, cuando yo era su director, para entregarnos fotografías y este mismo texto y antes de marcharse adquirió una de las fotografías de la Fuente Agria que entonces teníamos a la venta dejando muy claro su gran amor por Puertollano.

He de aclarar que esta publicación tiene ya prácticamente cuarto de siglo y hay explicaciones que se dan en la misma que en estos momentos, debido al paso del tiempo, pueden estar desfasadas. No obstante este pequeño "inconveniente" no resta en absoluto el interés que tiene y por el que yo lo comparto a continuación.

Introducción

De todos es sabido que la industria en nuestra ciudad estuvo basada en el carbón primeramente, posteriormente en la destilación de la pizarra y hoy día en el refino del petróleo y sus derivados, en torno al cual floreció todo el complejo que hoy conocemos. Pero también es verdad que al amparo de dicha industria, en nuestra ciudad había algunas pequeñas industrias, nacidas del empeño y el esfuerzo de algunas familias.

En los primeros años de este siglo, y anteriores, el núcleo de la población se extendía en torno a la Iglesia de la Asunción y su entorno, en la calle Las Cañas estaba la fabrica de jabón de Santos. Esta era una de las dos fábricas de jabón, que tenia Puertollano (la otra estaba situada en la calle Ancha).

2. ÁMBITO FAMILIAR

Esta fabrica empezó su producción en 1894 bajo la dirección de Santos González García, un hombre nacido en Puertollano en el año 1858 y que contrajo matrimonio con la también puertollanense Petra Palomo nacida en 1897. De este matrimonio hubo varios hijos, pero ciñéndonos a la fábrica haremos mención a Santa González Palomo (1888, + 27/11/1960).

Todas estas generaciones nacieron en las viviendas que estaban situadas en la fachada principal con vistas a la calle las cañas en su numero 9 (estos datos se encuentran en el libro de nacimientos de la iglesia parroquial de la Asunción). Esta casa constaba de dos alturas, la planta del bajo era ocupada por unos primos de la familia, contando con entrada común a la planta superior. Con el tiempo se abrió otra puerta por bajo de las falsas que daban acceso a lo que era la fabrica en sí.

La fachada era de carbonilla teniendo ventanales amplios (tres) en el bajo y en el superior cinco balcones voladizos, los cuales dejaban pasar toda la claridad. En el tejado de la casa existía un pequeño tabique en el cual se podía leer el nombre y el distintivo de jabones Santos

Esta documentación hace referencia a la familia González Palomo. Mi otra rama familiar, los Rodríguez Gimenez, también tengo comprobado en el mismo archivo que son naturales de esta nuestra ciudad, continuando con los recuerdos, mencionaremos al marido de Santa. Florentino Rodríguez Gimenez (1888/† 1939), contrajo matrimonio con Santa González. Florentino fue uno de los hijos del matrimonio Siberiano Rodríguez. y Paz Giménez. Como muchos otros compatriotas su muerte se produce durante la Guerra Civil, siendo un sentir unánime que este conflicto no se produzca en el futuro. Del matrimonio entre Florentino y Santa nacieron tres varones y dos hembras: Manuel Rodríguez González (7/3/1911+22/11/1971), Narciso († 1999), Carmen y Santos aun viven, Rafaela (24/11/1922-+15/10/1992).

De estos hermanos el que siguió los pasos industriales de su abuelo fue el mayor Manuel, a la razón mi padre. Manuel (Manolo para la familia), contrajo matrimonio con Gabriela Jiménez Morales. Al igual que los antepasados de mi padre los de mi madre también figuran en el mismo registro como naturales de Puertollano, varias generaciones atrás. De este matrimonio nacimos los cuatro hermanos que somos. Por diversas causas ninguno de los hermanos seguimos los pasos industriales de la familia.

Por aquellos tiempos la calle las cañas tenia variedad de comercios como el de los MANRESANOS destinado a la confección, una droguería la de BENEDICTO cuya fachada se mantiene, dos peluquerías de caballeros, dos despachos de cal, una carnicería, dos de comestibles, una panadería y su correspondiente despacho de pan, el cual estaba atendido por un señor mayor que durante el tiempo libre se dedicaba a hacer trabajos en madera recordando como si lo estuviera viendo un tíovivo y una noria y a ninguno de los dos trabajos les faltaba detalle alguno, una fabrica de hielo BELLÓ, y un molino de aceite en ruinas en cuyos terrenos se levantaría poco después el cine CÓRDOBA, lo que hoy son los multicines ORTEGA. Y una sastrería.

Materia prima

La materia prima para la producción del jabón eran grasas de animal y aceite. Éste procedía de Calzada de Calatrava, y era transportado en bidones de hierro sobre un camión. Cuando llegaban a la fabrica eran vaciados en unos depósitos situados en el suelo. Estos bidones, para subirlos o bajarlos, se recurría a dos palos con una escuadra de hierro en un extremo, que se sujetaba en la trampilla del camión. Recuerdo que una vez fuí con mi padre a por aceite y en el trayecto de vuelta, a medio camino entre Calzada y Villanueva de San Carlos nos salió un bando de perdices, por lo que el camionero paró y echando pie a tierra conseguimos coger algún pájaro. En algunas ocasiones se usaban cerdos enteros que habían sido rechazados para el consumo por el veterinario, estos podían ser de particulares y algunas otras de comercios.

Además de estos tengo que mencionar el silicato, aromáticos y sosa, además de algunos otros productos que se me escapan, dada la corta edad que tenía cuando la fábrica estaba en toda su producción.

Los accidentes que allí ocurrían eran menores, siendo las quemaduras causadas por el fuego y la sosa los de mayor índice de frecuencia, pero de poca importancia, producidos generalmente por salpicaduras en la manos y, más raramente, en el rostro.

Fabricación

El proceso de fabricación consistía en cocer todos los ingredientes en una gran caldera alimentada por leña. Ésta era transportada por reatas de borricos; recuerdo haber visto en el patio tres reatas de seis animales, aprovechando la estancia en el patio de estas caballerías para subirme en ellas y dar una vuelta y alguna que otra coz me he llevado. Esta leña era apilada en el patio en grandes cantidades, siendo transportada al horno en carretilla. La caldera tenia forma cónica de 3x5x2 m, aproximadamente. Además existía otra más pequeña. Cuando el contenido de la caldera empezaba a hervir, se tenía que enfriar la parte superior con unas aspas unidas a un eje montado sobre el diámetro mayor. Transcurridos tres días cociéndose, era sacado de la caldera, mediante un cubo sujeto a una cuerda y a una carrucha, vaciándolo paulatinamente en un recipiente cónico, donde se añadían los aromáticos, silicato y unos colorantes que servían para que el jabón cogiera un color mas verdoso o claro. Esta mezcla se conseguía batiendo todo ello con una especie de palas y con el esfuerzo humano. El liquido resultante se canalizaba a moldes mediante un canal del mismo material que los moldes, donde se dejaba enfriar. Estos moldes tenían el suelo de chapa y los laterales consistían en unos tableros, que en su parte interior también estaban forrados de chapa para evitar que el jabón se quedara prendido en él. Para evitar derrames por la junta de los tableros, éstos eran sellados mediante yeso, cuando la mezcla se enfriaba se procedía a partirlo en trozos rectangulares de 100x50 cm. La herramienta para partirlo era alambre tensado y liado en sus extremos a dos cilindros de madera. Luego pasa a una máquina, donde con una presión de una cremallera y un volante sobre una superficie es introducido por una malla de alambres verticales y horizontales, consiguiendo unas barras. Seguidamente, en otra plataforma de la misma característica se conseguían

tacos de 10 x 10 cm. Posteriormente eran trasladados a una trocoladora, donde se le imprimía el diagrama y el sello del fabricante. Desde aquí pasaba al embalaje en cajas de madera que se construían allí mismo con tablas cortadas en una carpintería, estas cajas eran precintadas con fleje y grapa. La nave destinada a la fabricación tenía forma rectangular de 30x200 m, aproximadamente. En la parte superior estaban las calderas, juntamente con un deposito de agua y el de sosa. Esta zona tenia dos alturas, en el centro estaba destinado a los moldes y fabricación de las cajas; en la parte inferior se encontraban las cortadoras trocoladora y oficinas.

Todo el proceso de elaboración era artesanal, excluyendo una motobomba instalada en el patio, que servía para abastecer de agua a un deposito instalado en el interior para el uso de la misma. Existía una rama para el llenado de una alberca, que durante el verano era la delicia de pequeños y mayores que por allí deambulábamos.

El personal que trabajaba en la misma era entre cuatro y seis personas. Cuando se produjo el cierre de la fábrica cada uno se tuvo que buscar el jornal donde pudiera (por aquellos tiempos no era difícil), incluido mi padre. De estas personas que sobrevivieron con el tiempo tuvimos noticias suyas cosa que es de agradecer. El contable que estaba en aquel tiempo, hoy vive, y nos paramos a hablar y recordar.

Publicidad

La propaganda del tiempo era mas personalizada que la actual. Los domingos por la tarde subíamos por el Barranco y caminando al lado del agua, (entonces corría el arroyo), se le decía a las mujeres que lavaban que para quitar las manchas lo mejor era usar jabones Santos. Otro medio publicitario era en los cines, durante el intermedio entre NO-DO y la película que se proyectaba, consistente en un soporte de cristal en el cual se dibujaban alusiones a la limpieza y se recomendaba el uso de los jabones Santos. Otros motivos de propaganda eran el típico lápiz y el abanico de cartón.

El fin de la jabonería

Esta industria estuvo en servicio hasta los primeros años de la década de los sesenta. Los motivos del cierre de la empresa fueron tecnológicos, por la aparición de los detergentes en polvo y las lavadoras, consistente en batir el agua justamente con el jaboncillo en polvo. Mas o menos de la misma época son los jabones Lagarto, que todavía siguen en servicio. La fabrica de jabones Santos participó en la feria de muestras que se celebro en nuestra ciudad, en los años 30. Esta muestra de la industria se montó en la glorieta de la Virgen de Gracia. Quiero acordarme que en el pabellón estaba colocada una figura hecha en jabón que representaba la imagen de Santos González. Luego esta imagen estuvo presente en las oficinas hasta su desaparición. Otra imagen que estaba en el pabellón era la de un minero entregando la ropa de trabajo para su lavado.

El terreno que ocupaba la fábrica hoy esta ocupado por otro negocio, que en sus comienzos también fue regido por una familia, siendo contemporáneos. Este negocio estaba dedicado a comestibles ultramarinos y licores. Siendo regido este negocio por la cabeza de familia llamado Arturo Serrano, entre ambas familias existía gran amistad, a su muerte se hizo cargo su hijo Arturo y hoy estará en manos de sus familiares.

Comentarios

Cuando estaba escribiendo estos recuerdos parecía que los estaba viviendo en el presente, viéndome montado en el carro de Mena yendo de un lado para< otro. También los pensamientos pasaron por mis padres. Siguiendo hurgando aquí y allá encontré un cuarto cristal indicando que en algún tiempo remoto, o tal vez en sus orígenes, Santos González tuvo la familia Aranguez como socio.

En una de las fotografías que hemos conservado encontramos una original. Se trata de la que figura la fachada de la fabrica, que ha visto la luz ahora, dado que hasta hoy estuvo en negativo y poniendo un poco de atención podemos observar algunos detalles. Fijándonos en la parte de la izquierda, al principio vemos la original entrada sur del pilar de los cinco caños; al fondo derecha vemos el edificio que hoy ocupa el destinado a la enseñanza de adultos, anteriormente casa de los Cortés. En la derecha, y a media altura, se ve un punto de luz de los de antes, consistente en un plato y una bombilla.