El Paseo de San Gregorio de Puertollano y su Casa de Baños: cuando el recinto y la Casa fueron propiedad privada

Fachada sur de la Casa de Baños, donde puede apreciarse el arco tabicado que daba cobijo a la popular 'Fuente de los Meones'
Un texto de José Arias Mora

Tal como anuncia el título, el Paseo de San Gregorio -exceptuando la Fuente Agria, aunque incluyendo la Casa de Baños- fue propiedad privada entre el 4 de enero y el 29 de octubre de 1899. Pero veamos cómo se llegó a esta singular situación.

En el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, la Diputación Provincial publicó un anuncio en el que sacaba a “subasta pública para su venta la Casa de Baños de Puertollano y demás accesorios de la misma, propiedad de toda la provincia, cuyo remate tendrá lugar en este Palacio Provincial el día 30 del actual (30 de noviembre de 1897), a las doce de la mañana”.

La subasta no solo comprendía el edificio de la Casa de Baños y sus instalaciones, sino también “el nacimiento de las aguas, los terrenos comprendidos dentro de los paseos hasta la ermita llamada Virgen de Gracia y demás anexos”, así como “las aguas sobrantes de la fuente del Ayuntamiento situada en el mismo paseo, utilizadas para los baños en las pilas de mármol”.

El pliego establecía que no se admitirían ofertas inferiores a 44.870 pesetas, cantidad que podía abonarse en cinco plazos o en un único pago, en cuyo caso se aplicaría un descuento del cinco por ciento.

Sin embargo, la subasta quedó desierta.

La Diputación Provincial volvió a sacar a subasta los mismos bienes, en idénticas condiciones, los días 31 de enero y 28 de febrero de 1898, fijándose unos precios mínimos de remate de 40.383 y 36.345 pesetas, respectivamente.

Ambas convocatorias volvieron a quedar desiertas.

Pese a ello, la institución provincial continuó insistiendo y anunció una cuarta subasta de la Casa de Baños y del paseo, nuevamente en las mismas condiciones, aunque rebajando el precio de salida hasta las 32.711 pesetas. La subasta quedó fijada para el 4 de enero de 1899.

Fue entonces cuando el Ayuntamiento de Puertollano comenzó a mostrar un interés real por la operación. Así quedó reflejado en la sesión ordinaria celebrada el 27 de diciembre de 1898, correspondiente al día 25, en la que el alcalde, don Ricardo Moreno Marín, “expresó la conveniencia de acordar lo conducente sobre la subasta de venta del establecimiento de baños y demás pertenencias de la excelentísima Diputación Provincial, anunciada para el día 4 de enero del próximo año, toda vez que el asunto entrañaba trascendental importancia, beneficiosa o perjudicial, para el interés del vecindario”.

En aquella sesión se acordó nombrar una comisión integrada por el propio alcalde, el concejal don Domingo Palomo y el contribuyente don Emilio Porras, quienes debían desplazarse al día siguiente a Ciudad Real para informarse “detallada y minuciosamente” de las condiciones de la subasta. La comisión tendría que dar cuenta de sus gestiones en la sesión prevista para el 1 de enero del nuevo año.

Y así ocurrió. En la sesión ordinaria celebrada el 1 de enero de 1899 se dio lectura al informe de la comisión sobre sus averiguaciones en Ciudad Real acerca de la venta de la Casa de Baños y de los terrenos pertenecientes a la Diputación Provincial. Tras exponer el alcalde “razones incontestables” sobre la necesidad de que aquellos bienes pasaran a ser propiedad del pueblo, la corporación acordó por unanimidad ampliar la comisión con el contribuyente don Román Ramírez Calvo y encomendarle una misión clara: acudir nuevamente a la capital el día 3 de enero y procurar “a todo trance” la adquisición del balneario y de los terrenos anexos, con el propósito de cederlos posteriormente al municipio.

El desenlace se conoció en la sesión extraordinaria celebrada el 21 de enero de 1899. En ella, el concejal don Domingo Palomo Cáceres informó de que, en cumplimiento de los acuerdos municipales, había asistido a la subasta junto al alcalde y a don Emilio Porras Delgado, adjudicándose finalmente las propiedades por 32.711 pesetas, pagaderas en cinco anualidades de 6.542,20 pesetas cada una.

La adquisición se realizó, además, con la condición expresa de traspasar el remate al Ayuntamiento tan pronto como se obtuviera la autorización del Ministerio de la Gobernación.

Los asistentes a la sesión no ocultaron su satisfacción y aplaudieron “el celo patriótico” demostrado en la operación, destacando la voluntad de ceder al municipio unos terrenos y un establecimiento balneario considerados esenciales para el futuro y los intereses de la población.

La operación quedó definitivamente encauzada en la sesión ordinaria celebrada el 13 de agosto de 1899, cuando la corporación municipal tuvo conocimiento de la Real Orden que autorizaba al Ayuntamiento a aceptar el traspaso del balneario, tal y como se había solicitado en el acuerdo adoptado el 21 de enero de aquel mismo año.

Según recoge el acta municipal, “enterada esta corporación de la precedente Real Orden autorizándola para la adquisición del Balneario de la Excelentísima Diputación Provincial, por unanimidad acuerdan autorizar al señor Presidente, Regidor Síndico don Abelino Ruiz Navarro y Concejal don Dionisio Gómez Jiménez, acompañados del rematante del Balneario, el concejal don Domingo Palomo Cáceres, para que en nombre y representación de este Ayuntamiento acepten el otorgamiento de la escritura que deberán otorgarle dicha Excelentísima Comisión Provincial y contratante Sr. Palomo”.

El proceso culminó definitivamente en la sesión del 29 de octubre de 1899, en la que el Ayuntamiento aceptó formalmente el “traspaso a su favor del Balneario que fue de aquella y rematado por D. Domingo Palomo Cáceres a primeros de enero del corriente año”, acordando la corporación “quedar enterados y aceptar el traspaso del inmueble de referencia”.

Con aquella adquisición, la Casa de Baños y el paseo de San Gregorio regresaron definitivamente al patrimonio municipal de Puertollano, dejando atrás aquel breve episodio en el que, de forma casi insólita, el corazón del paseo estuvo en manos privadas.

Aquel acuerdo adoptado en 1898 terminó siendo una decisión histórica, pues permitió conservar para siempre uno de los lugares más queridos y emblemáticos de la ciudad, hoy inseparable de la memoria, la identidad y la vida cotidiana de los puertollaneros.