El intento fallido de convertir la Fuente Agria de Puertollano en una mina
Hoy recupero aquí algunos fragmentos de la publicación "La minería en el Valle de Alcudia y sus aledaños durante el antiguo régimen (1250-1860)" del que es autor el ilustre historiador puertollanense Miguel Fernando Gómez Vozmediano (Jefe de Referencias del Archivo Histórico de la Nobleza en Toledo, académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y consejero del número del Instituto de Estudios Manchegos. En este extenso estudio me ha parecido muy interesante extraer aquellos textos en los que nos explica un intento fallido de convertir la Fuente Agria en una mina de oro o plata allá por el siglo XVI rompiendo para ello la estructura que la albergaba para llevar a analizar el escaso metal recogido a distintos lugares sin conseguir el éxito suficiente para continuar con el pozo e iniciar la explotación minera de ese lugar. El “filón” en la Fuente Agria no fue rentable ni viable, y así nos lo cuenta Vozmediano Gómez:
Tradicionalmente, los hallazgos de filones metalíferos en nuestro entorno distaron mucho de seguir una metodología sistemática, ni mucho menos científica. En realidad, casi siempre se dejaba a la suerte o se confiaba en la intuición de algún zahorí con su horcaja de avellano (especialmente efectiva si dicha vara había crecido cerca de un filón), cuando no se limitaban a perforar en los alrededores de los pozos abandonados o en explotación para intentar dar con alguna vena distinta a la denunciada. Es más, tampoco faltan auténticos tratados versados sobre las cualidades de tan peculiares buscadores. Así un adelantado a su tiempo, el centroeuropeo Georgius Bauer Agrícola, en su notable obra escrita hacia 1556, escribía al respecto que se usaban distintas varas según los yacimientos que se esperaba descubrir (avellano para la plata, fresno para el cobre, pino para el plomo o el estaño, o bien acero e incluso hierro para el oro). Todos asían los extremos de la horquilla con ambas manos, cerrando los puños con los dedos hacia arriba; de esta manera deambulaban por la zona escogida, hasta que pasaban por un filón y la vara se movía, delatando la riqueza oculta. Era opinión general que el poder de atracción de los metales era tal que incluso las ramas de los árboles vecinos los delataban, inclinándose en el sentido de la vena. Las únicas advertencias era que no se podía apretar demasiado la vara (porque contrarrestaría el impulso natural a moverse ante el filón) y que no se usaran sortilegios demoniacos. A este respecto, dicho autor resumía así el saber de la época: "consideran que se necesitan cinco cosas para que la vara sirva su propósito: la primera, el tamaño, porque la fuerza de las venas no podrá mover una vara demasiado grande; en segundo lugar, la forma, que debe ser ahorquillada o no podrá volverla la vena; en tercer lugar, tiene que concurrir la fuerza de la vena, que es el poder que hace que la vara se vuelva; el cuarto, la manipulación de la vara; y, en quinto lugar, que no existan impedimentos especiales”. Tampoco faltaron quienes excavaban sin más en las cercanías de minas de contrastada riqueza, como los plomeros denunciados en 1516 por su torpeza e impericia. Por último, podemos particularizar a los que cualquier indicio bastaba para aventurarse a iniciar un pozo, a veces en lugares inverosímiles como la propia Fuente Agria en el ejido de San Gregario, en Puertollano, excavada por un flamenco durante el Siglo de Oro hasta el extremo de romper la estructura que la albergaba y de llevar una muestra del escaso metal recogido a examinar a Almodóvar del Campo, Almagro y Ciudad Real.
Veamos lo hecho por este minero para identificar el mineral hallado en la Fuente Agria y comprobar su pureza, según un testimonio recogido por el doctor Limón, quien lo copió literal de un documento que le remitía su paisano el presbítero Antonio Sánchez Luchena (que a su vez lo halló entre los papeles heredados de su padre). En primer lugar, cortó a pico un pozo en el manantial de algo más de cuatro metros de ancho, que pronto se inundó, para extraer el metal. Llevó 2 arrobas y 8 libras al horno de fundición del flamenco maese Andrés (sito en Alcudia) para ver si era cobre, resultando de este ensayo 3 libras y media de un metal muy blanco. Las barras resultantes fue llevada a Almagro, donde nadie supo decir qué metal era. Sin arredrarse por las dificultades, transportó los lingotes a Almagro, donde un indiano apellidado Céspedes lo identificó como plata, recomendando que le añadiese azogue para comprobarlo. Realizado el experimento, le volvió a enseñar al indiano lo resultante, quien le asegura, en presencia de otros caballeros "que era esta la mas rica mina que avia aprecido en España, ni en Indias". Alentado por estas palabras, llevó el metal a un platero que le aseveró que era oro de extraordinaria pureza. Como quiera que los supuestos especialistas o no sabían lo que era o no coincidían en su dictamen, recurre a Almagro y consulta al Fúcar Ramírez, quien se reafirma en que era plata de la buena. No contento con esto, fundió un quintal de mineral, del que extrajo más de 9 libras de metal al que añade almártaga (óxido de plomo). Lo llevó al horno de la mina de El Viejo y quedó una porción ínfima de plata, claramente muy por debajo de las expectativas que se habían creado, pues ni tan siquiera costearon los gastos efectuados por su dueño. Sin duda esta sería la tónica de la mayor parte de los filones descubiertos durante aquella época en otros tantos lugares, tan pobres que o no se consideraron viables ni rentables o bien se agotaron en poco tiempo.
Testimonio del Doctor Limón en su libro 'Espejo cristalino de las aguas de España'
"Esta mina de la fuente azeda lleva una caja cortada a pico de quinze pies de ancho, y corre al norte, esta cubierta de agua azeda, y he procurado sacar algun poco del material de ella para reconocer los metales que tiene y lo primero que saque de dicha misa se hundieron dos arrobas y ocho libras en el ingenio de Alcudia por maese Andres flamenco de nacían, el qual lo hundía por cobre y no le echo almartaga, ni otra cosa, y salieron de dicha fundicion tres libras y media de un metal muy blanco y dotado, el qual le lleve a la villa de Almagro y le pusieron diversos nombres por no entender !a que era.
Llevelo a Ciudad Real, y un indiano que se llamaba Cespedes dixo que le parecía que lo blanco era plata y lo dorado no sabia lo que era, pero que lo echase en azogue, y si tenia plata lo asiria, y si no, no, porque en Indias era cosa aberiguada no asir metal bajo. Mostrome el modo como se avía de hacer, y echelo en azogue y asía de lo hundido, moliendolo mucho, y del metal por hundir muy requemado, de quatro onzas un real. Llevele quatro masillas a Ciudad Real, y visto por dicho indiano dixo en presencia de unos caballeros, que era esta la mas rica mina que avía aparecido en España, ni en Indias; porque quando no acudiera mas de por dos maravedís las quatro onras era rica, quanto mas seria acudiendo por un real cada quatro onzas. Esto dixo porque juzgo que era plata. Fuimos a hundirlo (sic) casa de un platero y aviendolo hecho quedo del color que por esa varrilla se vera. Dixo que se admirava de ello, mas que antiguamente en España huvo mucho oro, y podía serlo esto, y así me vi muy rico, y luego atajado y dudoso.
Vine a Almagro, y en casas del Fucar Ramirez echamos en un crisol una masilla de lo hundido y saco plata y me dio por escrito ser mas rico que el primero. Heme informado de alquimistas, y dicen que el azogue no ase sino oro, plata o todo junto, y quando lo ase junto se puede dividir sino con aguas fuertes, y esto no he aliado quien lo haga. Abra un mes traje otra vez a maese Andres, y fundía un quintal de metal (se ha de entender de la materia sacada de la mina) y saco mas de nueve libras de metal y le echo almartaga. Llebelo a Almodovar, y lo eché en la forma [horno] de la mina del Viejo donde echan muchos quintales y lo abraso, quedando una sola porcion poca de plata. He gastado en trabesias y otras cosas mucho. Pienso, queriendo Dios, mas bien ver este metal en lo hondo lo siguiente. Tornar a tomar como antiguamente estava esta agua con su caa de madera, y echar el agua dicha por fuera de la caja y aclarar dicha caja de la mina, que lleva quince pies, como dixe, cortada a picos, y ver una cosa de admirar que yo vi y vio toco aquel lugar quando se desvarato la caja antigua que era de quatro tirantes y tablas y argamasa. Esto fue que desviado como una vara de la dicha caja por do va la zanja de la mina cortada a pico por una rotura (por esta rotura sale el agua) entrava casi un tirante y no entraba todo por topar con lo alto de la tierra movida. Meyiose despues un palo de tallar como lanza y entrava todo, y luego lo echava Juera tan recio como una escopeta. Presumese ser aquella la mina, e ir por allí la riqueza de ella y estar cubierta con aquella tierra movediza y llena de agua. Dejase entender ser aquella hondura pozo o minas de aguas, que esta allí recogida, porque si Juera caudal de agua de paso aquella abundancia llebarase los maderos que se metían y no los bolviera afuera como los bolvia. Hanme dicho que conviene ahondar. Halle en las casas junto a dicha mina, y en el castillo de moros, muchas escorias muy lindas resplandecientes como oro y de color de plomo, de donde se conoce que fue de mucha calidad de metales que sacaron de estas minas. El agua de esta mina es azeda y no fue a lo que parece para ganados, ni gente, hace tantos colores y espumas que es de ver".