Los incendios en la Iglesia de la Asunción de Puertollano y sus más que cuestionables restauraciones
Después de las dos desafortunadas obras de restauración a las que ha sido sometida "nunca más podremos admirar la grandiosidad arquitectónica y artística que presentó en el pasado nuestra querida Iglesia de la Asunción, testigo de tanta historia", tal y como afirma José Rafael González Romero en este estudio histórico que publicó en la revista Campo de Calatrava y que yo hoy quiero recuperar aquí para que no olvidemos nuestra propia historia. Al final del texto podrán encontrar lo que escribió el arquitecto Berenguer, en pleno siglo XXI, magnificando este templo y lamentando la restauración que se llevó a cabo después del primer gran incendio en la guerra carlista. Desconozco lo que diría si pudiera ver la última restauración que se le hizo recientemente con la que desapareció por completo el retablo, sus imágenes, y se cometió algún que otro desatino más. Berenguer calificaba textualmente este templo como un "lindisimo ejemplar" del Plateresco por sus portadas exteriores, y detalles del Renacimiento conservados con las dos ventanas puramente ojivales que se hallan en la boveda inmediata al abside
Primer incendio y restauración
(José Rafael González Romero)
Unos de los hechos más significativos, de los diversos acaecidos en nuesta ciudad, en la primera mitad del siglo XIX, sería la quema de la hasta entonces única parroquia de la localidad. Los datos aportados por el recordado profesor Gascón Bueno más la escasa documentación, hasta ahora localizada en nuestro Archivo Municipal, nos permiten hacer una reconstrucción bastante aproximada de lo sucedido.
Poco podían imaginar los puertollanenses, aquel 3 de marzo de 1838, que durante esa jornada y las dos siguientes, la población quedaría marcada por la sangre y el fuego al ser tomada por la facción carlista de don Basilio García.
Percibidos de la llegada de los reaccionarios, la tropa que defendía la villa junto a algunos partidarios de Isabel II se refugió en la torre de la iglesia. La defensa, parece ser, estuvo a cargo del abogado don José Hernáez que, acompañado de sus hermanos, don Ignacio y don Mariano, y de la milicia, realizarían una fuerte resistencia. Ante esta actitud tan heroica, y viendo la imposibilidad de ocupar el templo, tomaron durante la tarde del dia 4 de marzo la funesta decisión de incendiarlo. Rodeados por las llamas los isabelinos se verían forzados a rendirse a los carlistas; al día siguiente, los tres hermanos junto con los oficiales, suboficiales y cabos de la tropa defensora serian fusilados.
No sabemos el alcance de la quema, la documentación hasta estos momentos estudiada no nos permite conocer la magnitud de los daños. Todo nos indica que se perderían los retablos de la única nave de la parroquia, además de ocasionarse importantes daños en su estructura arquitectónica.
das en fuerza dei fuego"
También desconocemos si las llamas alcanzaron los altares, cuadros e imágenes de capillas tan significativas como la del Santísimo Cristo de las Maravillas o la de Nuestra Señora de los Dolores. Sea como fuere, los daños ocasionados obligaron a celebrar las ceremonias religiosas primeramente, desde el 8 de marzo al 2 de abril, en la Ermita de San Mateo (ahora de la Soledad) y desde el 3 de abril hasta finales de la década de los sesenta, en la capilla del desamortizado convento franciscano que pasaría a denominarse Iglesia Parroquial de San Pedro de Alcántara. La envergadura del desastre haría que, el 21 de mayo de 1838, se hundiera la techumbre del templo, falleciendo en el incidente diez personas.
Obras de restauración
Casi una década después del incendio de la parroquia puertollanense, el 6 de febrero de 1848, el Ayuntamiento junto al cura párroco don Antonio Garcia Ballester dirigen una carta al Señor Vicario Juez Eclesiástico Diocesano. En ella, le informaban de la solicitud que habían elevado a Su Majestad la reina Isabel II "pidiendo la recomposición de la unica iglesia de esta villa, a fin de que se sirva darle el curso correspondiente".
En el escrito dirigido a la soberana, se hacia mención de los dramáticos sucesos de 1838, exponiendo que desde esa fecha los cultos religiosos se tuvieron que trasladar a la Capilla del exconvento franciscano. Relatando, al mismo tiempo, que las escasas dimensiones de la misma, unido a la escasez de sacerdotes (dos clérigos) permitía que solo una quinta parte de la población pudiera asistir a las funciones religiosas. Este estado de cosas, traía como consecuencia una relajación de la moral de los vecinos y un aumento de la prostitución lo que les hacía entregarse "con mayor desenfreno a sus vicios, vegetan de ellos, y se apoderan en tales terminos sus espiritus que nos sera posible traerlos mas al camino de la virtud".
Termina la circular indicando que las paredes del templo, su torre y campanas se encontraban en buenas condiciones; apelaban los firmantes a la catolicidad y piedad de Su Majestad y, al ofrecimiento de la villa y vecinos en prestar carruajes, caballerías y mano de obra, suplicando se procediera a realizar un plano para la recuperación de la iglesia.
A partir de ese momento la máquina burocrática se pondría en movimiento. El 17 de febrero, desde la Vicaria ciudarrealeña se enviaría un despacho al Intendente de Rentas de la Provincia. En éste, se le remitía la solicitud del cabildo, manifestando el vicario su apoyo a tal petición y corroborando la laxitud espiritual de los parroquianos, añadía sobre ellos que "acudiendo con dos horas de anticipacion, desatendiendo entretanto a respetables obligaciones ni las es dado estar ni ordinariamente estan en el lugar santo mientras los divinos oficios con la debida atención y reverencia; porque del aprieto y multitud lo menos malo que resulta es una continuada confusion de roces y empellones que alcanzan hasta el sacerdote que celebra el augusto sacrificio.
Unicamente logrando el celoso Ayuntamiento habilitar la espaciosa y magnifica nave de su propia Parroquia, abrasada por la facion, podran evitarse escesos y escandalos notables, que forzosamente presencian los hombres de bien y personas inocentes de Puertollano, y las muchas que en esta villa concurren durante la temporada de sus baños minerales.
Por ultimo, señor Intendente: Lo peor es y en esto se debe tambien fijar la atencion que este pequeño templo, que hoy sirve al culto, esta amenazando una proxima e inevitable ruina. Habiendo estado unido centricamente al convento de religiosos descalzos de San Francisco cuya Yglesia era, y enagenado que fue este edificio, su comprador procedió a demolerlo sin tener presente o en cuenta que algunas de las paredes demolidas servian de apoyo y estrivo a la Iglesia, motivo porque esta se la ve por momentos desnivelarse en su fabrica y abrirse por sus bovedas"
Dos datos importantes nos aporta el Vicario sobre la historia de Puertollano. Por un lado la afluencia de visitantes para tomar las aguas medicinales y por otro, el principio de ruina del desamortizado convenio alcantarino.
Un dia después, el Intendente ordenaría de oficio al Jefe Político y Diputado Provincial del Partido de Almodóvar del Campo don Juan José Laso y al Ingeniero Civil don Sergio Yegros que examinaran el estado del templo. El primero respondería, el 21 de febrero, indicando que sería necesaria la reparación aprovechando que aún disponía de una buena cimentación.
El ingeniero se pondría en contacto, casi un mes después, a finales de marzo, con la municipalidad adjuntado un plano, informe y presupuesto. Este perito, afincado en Almadén, manifestaba en su informe que las paredes maestras tenían solidez necesaria y no sería preciso reconstruirlas. Que no veía inconveniente en realizar los arcos principales en ladrillo que antes fueron de piedra labrada, cubriendo de bóveda toda la nave y capilla del Cristo. En cuanto a la sacristia, consideraba que podía dejarse con solo un techo de madera y que los enverjados de las capillas, coro y altar mayor, así como las puertas principales y ventanas se deberían construir con las maderas que sobraran de cimbras y tablados. También indicaba, buscando siempre un ahorro en los costos, que las cornisas y pilastras interiores, realizadas en piedra tallada, que por acción del fuego habían resultado seriamente dañadas, se rehabilitaran utilizando materiales sencillos como ladrillos y yeso, sin presentar el trabajo meticuloso que presentaban anteriormente. Por último, observaba que se debía de prescindir del gasto que supondría la construcción de altares, recomposición de las portadas y adornos interiores sugiriendo la reutilización de retablos del antiguo convento franciscano. Su presupuesto, que se ceñía a las obras y materiales estrictamente necesarios, alcanzaba la considerable suma de 382.061 reales.
Por fin, el 18 de octubre de 1848 sería aprobado el expediente de obras, aunque éstas no empezarían hasta dos años más tarde.
La compleja y tediosa maquinaria burocrática, Iglesia y Estado, de la que dependía el proyecto de restauración de la parroquia, traería como resultado que, dos años después de aprobarse las obras, éstas aún no hubieran comenzado. De este modo, ya avanzado el verano de 1850, el Arzobispado de Toledo ordenaría al cura párroco que junto al alcalde se nombrara a una persona honrada e inteligente para formar una Junta Inspectora de Obras; puestos ambos de acuerdo elegirían a don Venancio Delgado, vecino de Puertollano, siendo ratificado por la Mitra toledana el 27 de agosto del mismo año.
Reunida la Junta, el 12 de septiembre, que en esos momentos estaba formada por don José Fernández del Campo, alcalde de la villa; por don Joaquín Mejía, cura prior y por don Venancio Delgado, acuerdan nombrar como secretario contador a don Manuel Gómez, que también lo era del ayuntamiento, y don José Moreno como depositario (tesorero) de las cantidades que se enviarían para las obras.
Una vez dictaminados los distintos requisitos previos, se pasaría un aviso a los maestros de albañilería más acreditados de la provincia invitándoles a que comparecieran para la concesión de las obras. Dos días más tarde, el 14 de septiembre, se presentaría ante la corporación don Manuel Gómez, maestro de obras, vecino de Ciudad Real, que se comprometería a ejecutar los trabajos de restauración ateniéndose a las cláusulas impuestas y añadiendo una serie de mejoras. De este modo, construiría por su cuenta un cementerio adecuado a las necesidades de la población o, en su defecto, entregar seis mil reales que se podrían destinar para la puerta norte del templo y para una verja para la capilla del Cristo de las Maravillas; además, recompondría el chapitel de la torre cuyo coste no sería inferior a 2.000 reales". El 18 de septiembre, el cura párroco don Joaquín Mejía recibiría una circular del Administrador de Rentas del Culto y Clero, donde se le notificaba la aprobación del contrato con el albañil y el nombramiento como consignatario de don José Moreno. A pesar del beneplácito de todas las partes implicadas y de la concesión de 60.000 reales para el inicio de los trabajos, estos no comenzarían hasta inicios del año siguiente.
Una larga y penosa restauración
Poco podían prever los puertollanenses, dichosos por el comienzo de las tareas de reconstrucción de su apreciada parroquia, que los numerosos incidentes que irían surgiendo, incluido el enfrentamiento entre el cura prior el alcalde, durante la duración de las obras las prolongarian durante más de quince años. Pero esa es otra historia. Aunque casi setenta años después, en 1936, el interior de nuestro magnifica iglesia ardería nuevamente perdiéndose definitivamente el patrimonio que no había sucumbido al incendio de los Carlistas. Diferentes restauraciones hechas con grandes esfuerzos y mejores intenciones le han dado el aspecto que presenta actualmente, pudiéndose apreciar su majestuosidad y sus loables méritos artísticos. No por ello, podemos dejar de compartir la opinión que en el pasado dio el acreditado arquitecto Berenguer, pues sin duda alguna, a pesar de los rectos propósitos, nunca más podremos admirar la grandiosidad arquitectónica y artística que presentó en el pasado nuestra querida Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, testigo de tanta historia.
Expediente del arquitecto José Ramón Berenguer
"Cuatro distintas personas han intervenidos en ellas y en las mediciones coincidiendo las cuatro en la buena calidad de los materiales acopiados al tiempo de sus respectivas visitas; pero de estas cuatro personas solo dos han sido arquitectos y por lo mismo en sus dos informes he fijado principalmente mi atencion. De su contenido resulta, que si bien el contratista se separó en algunos puntos del plano formado para estas obras, especialmente en la armadura de la cubierta, cuyo sistema varió esencialmente de lo indicado en el espresado plano pues no puede decirse que en este se halla claramente determinado aquel sistema, tambien se asegura que la construccion de ellas es buena en general y aun mejorada en algunos puntos relativamente a los prevenido en el proyecto como se observa en los pedestsles, basa y capiteles de las medias columnas adosadas a los paramentos de los muros en el interior de la nave que constituye este templo y cuyas medias columnas sirven de apoyo a los arcos torales y aristones de las cuatro bóvedas y abside poligonal en que se halla compartida la referida nave. Alguno de estos aristones esta revelando que se descuido perfilar su vuelta con exactitud al tiempo de construirla, y que no sin fundamento sospecho el profesor Don Cirilo Vara y Soria, uno de los antes citados, pudiera ser alguna depresion de la fábrica, toda vez que esta se hallaba reciente en el sitio a que se referia su observacion, y sin terminar en parte considerable al tiempo de practicar aquel Arquitecto su reconocimiento; mas hoy que van transcurridos cuatro años desde la definitiva conclusion de las bóvedas, y que estas no manifiestan movimiento alguno ni se les advierte la mas pequeña abertura, como he tenido lugar de observar inspeccionandolas detenidamente y en los propios terminos que lo verifico ultimamente el segundo de los dos ante dichos Arquitectos, Academico de la Real de San Fernando Don Francisco Enriques y Ferrer, hoy repito, no queda duda que la imperfeccion de curva antes notada fue consecuencia de un defecto de trazo en la vuelta de la cimbra o cerchon" sobre que se construyó aquella curva, y cuya imperfeccion ha influido en su solidez; por lo demas aparecen bastante bien construidas todas las bóvedas con sus arcos y aristones, hasta donde le ha sido posible alcanzar al mero empirismo que desprovisto de los conocimientos necesarios para determinar en el caso presente, inquiera con racional convencimiento la funcion y resistencia de cada miembro de los que constituyen la estructura orgánica de la clase de bóvedas que debian cubrir el templo de que se trola, y para imprimir también en ellas y en sus detalles el carácter adecuado al sistema de ornamentacion que tuvieron las primitivas, y se infiere de las escasos restos que quedaron adosados a los muros: sin otra guia que un plano incompleto en el cual no se reprodujo aquella estructura con todas las formas y detalles que hubieran sido de desear, no ha podido un rutinario empirismo, vuelvo a decir, conducirse sino por un instinto imitativo y de arriesgada comparacion, que en el mayor número de casos ha cometido, y comete con frecuencia graves errores y de transcendentales con secuencias en obras de importancia, acertando por casualidad en algunas, y quizá por que el tipo que aquel instinto se propone por modelo reune condiciones casi iguales a las que concurren en el problema que se compromete a resolver, e indudablemente el resultado aceptable del que nos ocupa se puede agregar al catálogo de aquellos lances que suelen llamarse de fortuna. Bajo este aspecto es como aseguro tambien por mi parte, que las bóvedas de que vengo hablando se hallan bastante bien construidas; pero a la verdad es lamentable que un templo de los mas notables del Arzobispado, como con razon afirma el citado Academico Don Francisco Enriquez, y de los mas grandiosos y bellamente proporcionados en la linea de los parroquiales no haya tenido al frente de su restauracion un profesor legalmente autorizado y entendido que dirijiendo sus obras e inspeccionandolas con frecuencia hubiera hecho reaparecer su carácter primitivo, que con las cualidades antedichos tan interesante y digno de conservacion le harian antes de su ruina y debieran seguir haciendolo despues de su restauracion. En efecto, este templo pertenece a una de las épocas mas célebres de las evoluciones del arte, cual fue, el terminarse el siglo quince y en el primer tercio del dies y seis, la de transicion del estilo ojival al llamado del Renacimiento, y en la que luchando con los elementos de aquel estilo los del sistema Grecoromano, al fin dominaron estos al campo de la Arquitectura; en un principio con la escuela de Berruguete y Borgofia llamada mas adelante Plateresca, y despues con la clásica o Puritana que Toledo y Herrera hicieron triunfar por completo. Los pedestales y columnas del interior que se han modelado en lo posible por los restos de la ornamentacion primitiva del templo que nos ocupa; la torre, los jarrones que sirven de remate a los contrafuertes, y sus portadas esteriores del género Plateresco, del que es un lindisimo ejemplar la del medio dia, y que se han conservado integros, todos estos detalles del Renacimiento conservados con las dos ventanas puramente ojivales que se hallan en la boveda inmediata al abside, y con los restos de ojivas adosados a los paramentos de los muros interiores confirman lo que dejo espuesto, y repito, que ha sido muy visible que al reedificar las bóvedas no se haya verificado bajo una mano entendida, pues si bien es cierto que se han procurado abocetar y acordonar sus aristones, ni se han perfilado con las formas propias de la época, ni siquiera las adoptadas se han ejecutado en los intrado de los arcos torales, los cuales se han construido enteramente planos con notable estrañeza y disgusto de todo artista medianamente inteligente que contemple iglesia tan espaciosa, haciendose mas sensible todavia al considerar que se hubiera obtenido un exito, si a la buena y laudable intencion del contratista, se hubiera unido la direccion facultativa de persona competentemente instruida en los diversos sistemas de ornamentacion empleados en los templos de nuestra peninsula.
Tambien lamento la falta de esta direccion en su bien redactado informe el Academico Enriquez aunque refiriendose especialmente a la organizacion de la armadura de la cubierta, que puede decirse ha sido y con razon el caballo de batalla de este profesor y del no menos entendido que le precedio, Don Cirilo Vara y Soria, y de cuya armadura voy a ocuparme con atencion igual a la de estos dos profesores. No me detendré a manifestar si el sistema para ello indicado, no determinado, como dije anteriormente, en el plano, debió o no abandonarse: su remplazo con otro distinto ha sido admitido en cierto modo, toda vez que solo se han prescripto al contratista algunas adiciones al que adoptó para su mayor resistencia, pues no tenia toda la necesaria, como empezó a manifestarse a muy poco de terminada la cubierta y advirtio en su reconocimiento el mencionado Don Cirilo Vara y Soria sin embargo de que el mismo profesor reconocio la bondad y escelente calidad de las maderas, circunstancia que confirma lo que dejo dicho antes, de la insuficiencia y aun impotencia de la mera practica en construcciones de alguna importancia, como se infiere facilmente en el caso actual, donde dicha practica creyó que con poner maderas de gran marco, y sin otra garantia que la resistencia que ofrecia su crecido volumen, bastaria a contrarrestar las fuerzas que sobre ellas habian de gravitar, disponiendolos o convinandolos en la forma que indudablemente habia visto en otras construcciomes, sin detenerse a estudiar la direccion y cantidad de efecto de aquellas fuerzas, por que le era imposible hacerlo por carecer completamente de los conocimientos necesarios para semejante estudio, y para convinar en su consecuencia debidamente, no solo las piezas que creyó suficientes, sino las que faltaban para su completo [sic], y a cuya falta se refirio indudablemente el Arquitecto Señor Enriquez cuando en su informe calificó de pobre la armadura de que me estoy ocupando. En efecto cada cuchillo de los que entran en su conjunto se componia de solo un tirante y de dos pares ensamblados a media madera, formando tijera en su parte superior y embarbillados por la inferior, no en el tirante como debian para formar con este una sola pieza y evitar el empuje lateral contra la fabrica, sino en el estribo o contrasolera que, si hien se sujeta a las cabezas de los tirantes a beneficio de una caja abierta en los mismos, y se neutralizo algun tanto aquel empuje no resulto nunca, ni podia resultar, la intima union que tan conveniente era, y ya dejo dicho, entre las piezas de los cuchillos, y con cuya union el efecto de toda la armadura hubiera sido en de la sola gravitacion vertical sobre los muros y destruir completamente la presion oblicua contra los mismos, por fuerte y pronunciada que se hubiera dispuesto la pendiente del tejado. Por todas estas consideraciones dispuso indudablemente el Arquitecto Señor Enriquez y siendo, como ya lo habia observado antes Don Cirilo Vara y Soria, que los pares habian cerchado sensiblemente con el peso del tejado, que se agregare una puente o tirantilla hacia el tercio superior de los pares, y ademas se asegurasen estos al tirante principal por su parte inferior y a distancia de un pie de la entrega de los cuchillos en los muros con unas ceñidores o briaga de hierro, como efectivamente lo ejecutó el contratista hallandose hoy con estas adiciones bastante asegurada la armadura, aunque no con seguridad tan ilimitada como lo hubiera sido, si ademas de ensamblar los pares por su estremo inferior con los tirantes se hubieran apoyado dichos pares por su estremo superior con un pendolon, que abrazando el tirante por su centro con un estribo de hierro, hubiera servido tambien de apoyo a dos jabalcones que partiendo de él subieran a encontrar los pares en el mismo punto en que se encuentran con la tirantilla; pero sin haver corte alguno en ellos sino apoyando los espresados jabalcones en unas sopandas adosadas a los pares por su cara inferior, en toda la distancia que mediara desde el tirante a los jabalcones, y a cuya organizacion de cuchillos fue ciertamente a lo que se refirio el profesor Vara, cuando advirtio en general que estos cuchillos debian haber sido de pendolon. No es esto decir que la correccion propuesta por don Francisco Enriquez no ofrezca seguridad: la ofrece en efecto, y este profesor no pudo proponer otra, concluida como se hallava ya enteramente la cubierta, la cual hubiera sido necesario desmontar por completo para establecer el sistema que dejo detallado, y que no creo habria preferido el mismo Enriquez si la espresada cubierta se hubiera hallado sin terminar y conociendo fundamentalmente que bastaba, como efectivamente basta, y ya dejo dicho, la correccion que se ha llevado a cavo de la manera que propuso.
Continua expresando la libertad que tenian el contratista y Junta para hacer modificaciones al proyecto y que aunque... habiendo resultado por casualidad con suficiente solidez las bóvedas y sus puntos de apoyo, las adiciones hechas a los muros, y todas las demas reparaciones practicadas, a escepcion de la armadura, la cual se hubiera arruinado en breve tiempo sin las correcciones del Señor Enriquez, cuyas correcciones han dado a dicha armadura toda la consistencia necesaria para hacerla durable. Que en vista de todo, y de haber terminado completamente el contratista Don Manuel Gomez las obras que aun quedaban por ejecutar al tiempo del reconocimiento practicado por el espresado Señor Enriquez quien detalló y valoró estas obras en la liquidacion que entonces formó, no hallo inconveniente en que sean todas admitidas y abonadas al mencionado contratista por cantidad que las remató, si bien debera asegurar el tirante o cadena del cuarto cuchillo de la armadura, a contar desde el estremo que intesta en la fachada de poniente y en el punto de dicho tirante donde ha aparecido una indicacion de rotura en sentido diagonal, con un tirador de llantilla de hierro por cada costado del madero, en una longitud de doscientos metros, de cincuenta y ocho milimetros de ancho y el grueso correspondiente, sujetando ambas tiradas con sus pasadores que penetren de una a otra.
Y para que conste la firmo en Ciudad Real a treinta y uno de Enero de mil ochocientos sesenta y ocho.
Jose Ramon Berenguer Honorario doscientos reales"