La historia de la 'Chimenea Cuadrá' de Puertollano
En el Cerro de Santa Ana de Puertollano, llama la atención una sencilla construcción conocida popularmente como 'Chimenea Cuadrá' realizada en 1850. Una torre de señales ópticas que estuvo funcionando hasta 1857. Por la misma fecha la “Casa de Baños” ya atraía ilustres personajes como el general Narváez y eran afamadas sus aguas medicinales. Son dos monumentos de Puertollano, señas de identidad de una ciudad minera e industrial. Hoy día la “Chimenea Cuadrá” es un referente de la localidad que domina desde su altura de 913 metros toda la población que se extiende en las faldas del monte hacia el Valle del rio Ojailén.
En el siglo XIX se construyen en España varias líneas de torres de telegrafía que utilizaban señales ópticas como lenguaje telegráfico de transmisión de información. A Puertollano le correspondió la Torre de telegrafía n.º 26 de la línea Madrid-Sevilla-Cádiz. Torre que con el tiempo se le denominó “Chimenea Cuadrá”, debido a su imagen que recordaba una “chimenea” o torre de ventilación de las galerías de los numerosos Pozos de extracción del carbón y pizarra bituminosa que surgieron por toda la cuenca hullera de Puertollano. El telégrafo óptico consistía en un artilugio para ser visto a gran distancia, creando diversas señales por medio de un dispositivo accionado por una o varias personas. Situando varias torres en cadena, estas transmitían un mensaje que recorría grandes distancias, superando en la rapidez el tiempo que necesitaría un caballo para trasportar una información. Ha habido varias formas de torres, pero el principio básico de funcionamiento era el mismo. Próxima a la “Chimenea Cuadrá” está en Argamasilla de Calatrava la Torre de “Sierra Gorda” (año 1851, torre n.º 25 de la línea Madrid-Sevilla-Cádiz) y más hacia el norte en Cañada de Calatrava, la Torre conocida como “Telégrafo Vallejo” (torre n.º 24 de la línea Madrid-Sevilla-Cádiz).
La 'Chimenea Cuadrá' sobre restos de la ermita de Santa Ana
La “Chimenea Cuadrá” de Puertollano se realizó sobre los restos de la antigua ermita de Santa Ana. Ermita que junto a la ermita de San Sebastián (su altitud 882 metros, se construyó sobre los restos de un poblado del Bronce argárico) sufrieron el terremoto de Lisboa de 1755 que las afectó al igual que al Sacro Convento Castillo de Calatrava situado hacia el Este, en la parte opuesta de la Sierra de Calatrava. Ambas ermitas de Puertollano quedaron dañadas y el tiempo terminó por derribarlas. En el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752 vienen representadas las imágenes de las dos ermitas. Con parte de los restos constructivos de la ermita de Santa Ana se edificó la “Chimenea Cuadrá”, añadiéndoles otros materiales que conformaron la torre que albergó el mecanismo de transmisión de mensajes ópticos hasta el año 1857 que deja de funcionar, sustituyéndose por postes telegráficos, corriente eléctrica y código morse.
Pinturas rupestres, un aljibe, 'La cueva de Leocadio' y pintadas religiosas
El tiempo terminó por deteriorar lo que quedaba de la “Chimenea Cuadrá”, reconstruyéndose posteriormente con equivocados criterios de conservación. En sus entornos hay restos de la Edad del Bronce y no muy lejos pinturas rupestres de hace 4000 años en los Abrigos: “Puente natural”, “El Dolmen”. En la otra vertiente del Cerro Santana (término de Argamasilla de Calatrava), está igualmente el Abrigo “La ventana” con diferentes pinturas rupestres esquemáticas. Cerca de la “Chimenea Cuadrá” llama la atención los “escurrideros”, unas afloraciones de cuarcita planas utilizadas como “toboganes” por los que frecuentan el lugar en épocas concretas del año (“Día del chorizo”, “Día del hornazo”, excursiones…). Un aljibe de agua de lluvia al “pie de los escurrideros”, sirvió para la construcción en un principio de la “Ermita de Santa Ana” y después de la “Chimenea Cuadrá”. Aljibe igualmente ya conocido en la prehistoria (Calcolítico final/Bronce inicial). Restos culturales de esta etapa se han hallado en sus alrededores. Leocadio Guerrero fue un personaje singular de Puertollano. Apodado “El locadio” era un hombre especial, de él decían que frecuentaba una cueva próxima a la “Chimenea Cuadrá”. Años después, un seguidor de “El locadio” -un abducido por el misterio y la espiritualidad del lugar- realizó una serie de pintadas “religiosas” y grafitis en las paredes de la “Chimenea Cuadrá”.
El Día del Chorizo, Día del hornazo y las 'macucas' de la 'Chimenea Cuadrá'
El “Día del chorizo” se celebra el 23 de enero. Fiesta que se mantiene después de 140 años y es costumbre en Puertollano de comer un bocadillo de chorizo en las inmediaciones del pueblo, sobre todo en la “Chimenea Cuadrá”. Por bajo de la Torre de telegrafía están los ya citados “escurrideros” que sirven a modo de “tobogán” para deslizarse con las posaderas sobre estas rocas de cuarcita pulidas por el uso. También en la “Chimenea Cuadrá” se celebra el “Día del hornazo” que se festeja el domingo siguiente al Domingo de Resurrección y coincidiendo con la primavera. Ir a coger “macucas” en las inmediaciones de la “Chimenea Cuadrá”, también se estiló en tiempos pasados. La “macuca” es un pequeño tubérculo comestible (Bunium macuca) del tamaño de un garbanzo y usos medicinales tradicionales. Varias hojitas verdes te indicaban lo que escondían debajo, una bolita marrón que una vez limpia se comía y tenía un agradable sabor dulce.