Las herramientas de la siega, pieza del mes en el Museo Etnológico de Puertollano

Tal y como ha expuesto la Asociación Cultural 'Portus Planus' en una brillante disección
Los utensilios utilizados en la siega son la pieza del mes del Museo Etnológico de Puertollano, tal y como ha expuesto la Asociación Cultural 'Portus Planus' en esta brillante disección.

'Portus Planus'.- Siguiendo con las tareas del campo para la recolección de cereales, a la primera parte que fue la siembra, le seguía la siega.

Los granos que se sembraron en otoño o invierno, germinan dando lugar a un tallo coronado por una espiga, conjunto de granos con una forma característica, tallo y espiga van creciendo y engordando y alcanzan su madurez y comienzan a secarse en el mes de mayo, el proceso varia algo según la zona, la cebada es de los más tempranos y la primera que se siega, detrás vendrá el trigo.

Con tiempo suficiente, los encargados de la labor en las fincas, preparaban las cuadrillas de segadores que en su mayoría eran hombres, aunque no faltaban mujeres ni muchachos jóvenes.

Igual que pasaba con la recogida de la aceituna, para la siega también había cuadrillas de segadores que iban de pueblo en pueblo realizando estas tareas.

La siega a mano consiste en cortar los tallos con una herramienta llamada hoz que básicamente es una cuchilla de acero curvada convenientemente y con dientes muy pequeños y afilados que facilitan el corte de los tallos, están provistas de una empuñadura para cogerlas, pesan muy poquito y había que tener mucho cuidado de no cortase la mano que sujetaba los tallos.

El segador coge varios tallos con la mano izquierda y los corta con la hoz que lleva en la derecha (los zurdos también siegan), cuando tienen una cantidad grande cortada hacen un haz que atan con una tomiza, es una cuerda o soguilla de esparto, hacían un nudo rápido que era muy fácil de hacer y quitar.

Lo normal era que la cuadrilla se colocaba en paralelo y separados de dos a tres metros y avanzaban coetando varios surcos cada uno, era práctica habitual que los segadores iban dejando lo segado en el suelo y detrás venia otra persona que ataba los haces.

Los segadores protegían la mano izquierda con unos útiles (hoy diríamos EPIs) llamados zoquetas, eran una especie de guante de madera que protegía los dedos, también había protectores individuales para cada dedo, estaban hechos de cuero y los llamaban dediles.

Algunas cuadrillas segaban de noche cuando la luna lo permitía para evitar los rigores del calor que hacía por el día.

La hoz era una herramienta muy cómoda, pero la siega era un trabajo muy malo porque había que estar todo el tiempo con la espalda doblada para llegar a los tallos (con la cara pegada al suelo decían los segadores).

Cuando tenían cantidad suficiente segada, se iba un gañan a recoger los haces con un carro (dos ruedas) o una galera (4 ruedas) y los llevaba a las eras, dónde se trillaban para separar el grano de la paja. Como las mieses pesaban poco, recrecían las cajas de los carros y galeras con unas varas largas para transportar mayor cantidad.

Los trillos y la trilla serán la entrega del mes próximo.

Cuando terminaba la siega había personas que iban a buscar las espigas que habían quedado en el campo, a esta tarea se le llamaba ir a “espigar”, normalmente no era mucho lo que cogían, pero la necesidad obligaba.

También se segaba a guadaña, especialmente en el norte de España para forrajes y hierbas verdes.

En la zona tenemos un señor muy mayor que siega hierba con guadaña para alimentar a sus ovejas, las tiene junto al carril que va a los pinos muy cerca del río Ojailén.

La guadaña es una cuchilla más fuerte y menos curvada que la hoz, provista de un mango largo que permite utilizarla de pie por lo que es más cómoda que la hoz.

Recuerdo de muchacho haber comido espigas de trigo cocidas, se iba desgranando la espiga y se pelaban los granos igual que hacemos con las pipas.

A veces también comíamos las pipas de los melones y sandias, se lavaban bien y se ponían a secar al sol.