Capitulo II: Los secretos del agua agria de Puertollano según Vinzani y el misterio de las abejas
Inquieto por las explicaciones de los médicos y boticarios de la comarca, quienes afirmaban de forma simplista que el agua contenía vetas perfectas de hierro, oro y caparrosa, Vinzani recurrió a la filosofía experimental. Apoyándose en los hornos y laboratorios de autores como Glauber, Kircher y Van Helmont, realizó un ensayo de destilación en el lugar, superando la escasez de vasos de vidrio adecuados.
Al destilar una porción del agua en una pequeña redomilla, aisló una cantidad de espíritu ácido sumamente volátil; si el vaso se dejaba destapado un breve instante, el ácido se evaporaba por completo hacia el aire. El agua que permaneció en el vaso de destilación tras perder sus gases se volvió casi dulce y perdió toda la acidez. En el hondon del vaso quedó un residuo de polvos impalpables con el color del bolo arménico oriental, desprovistos de sabor o astricción. Al ser sometidos al examen del fuego vivo, estos polvos no dieron señal alguna de azufre, nitro, alumbre o hierro perfeccionado.
Con esto, el autor refuta la teoría común de que el agua se torna ácida simplemente al pasar por encima de una mina de caparrosa o hierro. Demostró que si se hierve hierro y caparrosa artificialmente en agua corriente, jamás se obtiene este tipo de ácido medicinal, sino un líquido áspero que provoca el vómito y daña los pulmones.
La teoría de la Sal-Esurino y el "Solvente Católico"
Para responder a la pregunta fundamental de qué le otorga al agua su transparencia y su acidez ocultas, Vinzani desarrolla su teoría de la Sal-Esurino Central. Según el texto, en lo profundo de las entrañas de la tierra opera un mecanismo similar a la destilación vegetal. Una semilla de sal volátil y esurina se resuelve en vapores debido al calor interno del globo. Al ascender, estos vapores lamen, corroen y disuelven las venas minerales embrionadas (el vitriolo de Marte o Marte embrionado), arrastrando consigo partículas sulfúreas, bituminosas y térreas.
El resultado de esta mezcla es un tercer compuesto: un mixto ácido universal que los filósofos espagíricos llaman el Vinagre de la Naturaleza o el Solvente Católico. El agua líquida actúa simplemente como el vehículo transparente que mantiene estos espíritus aprisionados. Sin embargo, el equilibrio es delicado: a medida que el agua se aleja de su fuente y se guarda en frascos, los espíritus solventes van perdiendo fuerza y se evaporan, provocando que los minerales antes invisibles tomen cuerpo, se coagulen y caigan al fondo en forma de un pofo color de herrumbre, endulzándose el agua de forma inevitable.
El enigma de las abejas del estanque
Dentro de las observaciones más curiosas y pintorescas del tratado, Vinzani describe un fenómeno presenciado en el conducto de agua que alimenta el jardín de los religiosos de San Pedro de Alcántara existente entonces en Puertollano. Para limpiar el agua de sedimentos terrestres, el conducto de piedra cuenta con una pila intermedia y un estanque de recogida. En las paredes de la pila y en el fondo del estanque se condensa de forma natural un licor espeso de color herrumbroso.
El hecho prodigioso estriba en que, cuando el agua mengua, multitudes de abejas acuden con un anhelo extraordinario a libar aquel licor condensado. El autor destaca la aparente paradoja: ¿cómo es posible que unos animales tan delicados, atraídos siempre por la dulzura de las flores, busquen con ansia un sedimento derivado de un agua agria, sulfúrea y salitrosa?
La explicación que ofrece desata el enigma: la Sal-Esurino actúa como un imán que, al tomar cuerpo fijo en las paredes de la piedra, atrae hacia sí la "Sal Astral" del ambiente. Esta interacción dulcifica el licor de herrumbre a un nivel tan extremo que hechiza a las abejas, las cuales prefieren dejarse matar antes que apartarse del lugar. Vinzani concluye poéticamente que la propia naturaleza irracional de las abejas, con su "susurro elegante", demuestra los principios de la alta filosofía química mejor que cualquier discurso teórico.
En breve os ofreceré el tercer capítulo de este interesante y bastante desconocido tratado de Vinzani sobre el agua agria de 1685.