Bloques de pisos en las 630 de Puertollano a punto de colapsar: el polvorín de aluminosis y okupas que amenaza con una tragedia humana
El estado ruinoso de algunos bloques de pisos en las 630 ha alcanzado un punto crítico del que es imposible apartar la mirada. No solo amenazan la seguridad de los escasos residentes legítimos que aún resisten en la zona, atrapados en un entorno de aluminosis crónica y profunda degradación social, sino también la de cualquier viandante.
Demolición y... a la calle
A la gravedad estructural de los inmuebles se suma un vacío legal y administrativo endémico. Al tratarse de viviendas de protección oficial (VPO) construidas originalmente durante la dictadura de Francisco Franco, el paso de las décadas y la progresiva desarticulación social han provocado que muchos de estos bloques carezcan por completo, a día de hoy, de una comunidad de vecinos legalmente constituida. Aquí radica el problema básico de esta crisis: estos bloques de pisos ya no entran dentro de la esfera de responsabilidad de ninguna institución ni organismo público, sino que son competencia exclusiva de los propios moradores. Al ser fincas de propiedad privada, la ley traslada toda la carga del mantenimiento a los propietarios. No obstante, ante la gravedad de la situación, el Ayuntamiento tiene la potestad de abrir un expediente de ruina inminente. Sin embargo, la apertura de este procedimiento administrativo no implica una solución habitacional para los afectados; al contrario, significa legalmente que son los propios vecinos quienes deben costear la demolición del inmueble. Solo en el caso de que se declare la insolvencia de los propietarios —un escenario más que probable dada la vulnerabilidad de la zona—, el Consistorio asumiría la ejecución subsidiaria del derribo, aunque la ley lo exime por completo de la obligación de reubicar o dar una alternativa residencial a las familias desahuciadas.
Vivir en temor constante
A través de las pruebas gráficas aportadas por los propios afectados, se constata la gravedad de un deterioro arquitectónico que lleva años fraguándose. Los bloques sufren una alarmante falta de mantenimiento que salta a la vista desde el exterior. Tal y como se puede ver en las fotos que acompañan a esta publicación, la fachada principal de los edificios muestra un desprendimiento severo de enfoscados, ventanas completamente rotas y terrazas cuya estabilidad está seriamente comprometida. "Vivimos con el temor constante de que una de las estructuras colapse sobre la vía pública. Nos dicen que la responsabilidad es nuestra, pero si declaran la ruina, nos echan a la calle y tiran el bloque sin darnos un techo donde meternos", comenta uno de los vecinos, consciente de la situación en la que se encuentra.
Ocupación ilegal
Uno de los factores que más ha agravado este escenario ha sido la ocupación ilegal y los continuos incidentes derivados de ella. Vecinos de la zona recuerdan con amargura cómo anteriores ocupantes provocaron incendios intencionados en el interior de varias viviendas antes de abandonarlas. Estos fuegos no solo calcinaron las estancias, sino que debilitaron de forma irreversible los forjados de hormigón. Así, en alguna de las fotografías se aprecia con claridad el impacto de estos siniestros en los pisos intermedios, donde los marcos quemados y los restos de hollín conviven de forma macabra con vallas de protección de obras del Ayuntamiento de Puertollano, que de poco sirven frente a un problema estructural de fondo.
El peligro real de colapso es especialmente visible en las uniones y salientes de los edificios fotografiados, en los que se puede observar incluso un primer plano de los balcones y voladizos laterales, desprovistos de barandillas seguras y mostrando cascotes colgados a escasos metros del suelo. Las grietas recorren verticalmente la estructura del bloque, un síntoma clásico de la degradación por aluminosis que debilita el cemento y corroe las armaduras de hierro internas; un mal habitual en estas antiguas construcciones que se levantaron en los años 60 y 70 para absorber el éxodo de algunas barriadas obreras y de otras poblaciones próximas.
Una Intervención de urgencia
Por si fuera poco, la paradoja burocrática envuelve el destino de estas familias. Mientras que algunos bloques totalmente desocupados permanecen tapiados a la espera de un lento proceso judicial que parece eterno, otros portales colindantes siguen albergando a familias sin alternativas. De hecho, las imágenes recogidas ilustran también este contraste: persianas rotas y estructuras metálicas retorcidas conviven con ropa tendida, fiel reflejo de la resistencia humana en condiciones infrahumanas.
A pesar de las constantes quejas, la respuesta institucional se escuda rigurosamente en que la competencia de mantenimiento recae de forma exclusiva sobre los propietarios, mientras que la Policía Local y los servicios municipales no pueden hacer otra cosa que limitarse a perimetrar las zonas de mayor riesgo con vallas que los propios viandantes terminan por apartar. Ante un callejón sin salida legal que los aboca a la intemperie y a un desahucio sin alternativa habitacional si se ejecuta un expediente de ruina, los vecinos reclaman una intervención institucional de urgencia para, de alguna manera, coordinar soluciones antes de que el abandono legal se convierta en una tragedia humana inevitable.