En pleno siglo XXI, cuando los satélites cartografían el planeta al milímetro y la geología moderna analiza el subsuelo con tecnología de vanguardia, el destino de una inversión agrícola de miles de euros puede depender, sorprendentemente, de dos varillas metálicas, un péndulo y la intuición de un hombre. Ese hombre es Blas Moreno, que se ha ganado a pulso ser considerado uno de los mejores zahoríes y radiestesistas de toda España. El es un "seguro de vida" bajo tierra, es el zahorí que desafía a la ciencia y revoluciona el campo desde Puertollano.
Veneros de la Fuente Agria
Lejos de la mística o el milagro, Blas define su oficio con la crudeza del trabajador de campo: «Esto no es un don; es trabajo, trabajo y más trabajo». Sin embargo, verle actuar sobre el terreno —como demostró recientemente en una entrevista y exhibición para el programa "Mirando por Puertollano"— tiene algo de fascinante. En los alrededores de nuestra emblemática Fuente Agria, Moreno desplegó su técnica para cartografiar el subsuelo, localizando con precisión los puntos exactos por donde discurren y se cruzan los dos principales veneros que nutren de agua ferruginosa al histórico manantial.
Una revolución agrícola con firma propia
A diferencia de los buscadores de agua tradicionales, que limitan su labor a marcar el punto idóneo para perforar un pozo, Moreno ha dado un paso más allá, fusionando la radiestesia con la optimización agrícola en un enfoque que ya ha registrado formalmente. Su propuesta es tan lógica como revolucionaria: mapear detalladamente las venas de agua antes de realizar una plantación hortofrutícola para sembrar los árboles directamente sobre las corrientes subterráneas.
Seguro de vida agrícola
«Es un seguro de vida para la plantación», explica. Al enraizar directamente sobre el flujo hídrico, se maximiza la producción y se reducen drásticamente las pérdidas, un alivio crucial para unos agricultores asfixiados por las exigencias climáticas.
Su eficacia se ha convertido en el terror de los escépticos. Mientras que grandes fincas se gastan presupuestos astronómicos en estudios científicos y perforaciones de 250 metros que terminan completamente secas, Blas llega al lugar, lee el terreno y localiza el caudal a apenas 40 metros de profundidad. Su seguridad actual es tal que ya garantiza el éxito al 100%, incluso en los terrenos más hostiles y compactos, como el granito, que ha protagonizado sus últimos y exitosos trabajos.
«Los geólogos te pueden decir todas las piedras que hay en el subsuelo, pero a la hora de sacar agua, nosotros la encontramos donde ellos no pueden» afirma.
El precio de la presión y el fenómeno digital
Detrás de los vídeos virales que arrastran a miles de seguidores en las redes sociales, se esconde un oficio duro, de jornadas a 45 grados a la sombra en parajes como Écija, pateando cientos de hectáreas bajo un sol abrasador. «Las redes sociales son un espejo implacable: si eres malo te hunden, si subsistes es porque eres bueno», afirma Moreno, quien atribuye su éxito digital a la absoluta autenticidad de sus grabaciones, sin trampa ni cartón. Pero el verdadero peso de su profesión no es el calor, sino la empatía. En un contexto donde perforar un pozo puede rondar los 10.000 euros, la llamada de un pequeño agricultor al límite de la quiebra carga sobre los hombros del zahorí una responsabilidad enorme. «Ves que es un hombre con dificultades, que ha pedido un préstamo y que necesita el agua desesperadamente para salir adelante. Cargar con esa presión es muy grande».
Encontrar móviles enterrados
De Cortes de la Frontera (Málaga), donde clavó un pozo exitoso en mitad de un camino tras cinco intentos fallidos de la propiedad, hasta encargos surrealistas como localizar teléfonos móviles enterrados en Denia, el currículum de Blas Moreno no para de crecer. En la era de la escasez hídrica, este puertollanense demuestra que la experiencia, la observación minuciosa de la naturaleza y el respeto por las corrientes ocultas de la tierra siguen siendo la respuesta más certera cuando el suelo se agrieta.