Voluntarios de Repsol comprometidos con la transición energética
Trabajar por una transición energética justa e inclusiva y generar un impacto positivo en la sociedad son los retos a los que quiere contribuir el Voluntariado Repsol. Para ello Fundación Repsol, a través de su Plan de Voluntariado, ha lanzado nuevos proyectos en los que empleados y jubilados de la compañía aportan su talento, experiencia y conocimiento profesional para asesorar a entidades sociales en materia de transición energética que, además, actúan en la inclusión de colectivos vulnerables.
“Estamos generando la oportunidad de que los voluntarios colaboren en cuatro ámbitos relacionados con la transición energética inclusiva”, explica Mar de Andrés, Gerente del área Social y Voluntariado de Fundación Repsol. “Es un planteamiento muy ligado a la estrategia de nuestra compañía y una manera diferenciadora de aportar a la sociedad en un campo de gran trascendencia y en el que somos especialistas”, afirma.
Las entidades sociales que trabajan con colectivos desfavorecidos “ya perciben las posibilidades de empleo que están surgiendo en torno al reciclaje, las reforestaciones o la mejora de la eficiencia energética de las viviendas”, continúa De Andrés. “En Repsol tenemos un conocimiento técnico que puede ser muy útil para estas entidades, que tienen que atender a necesidades diversas con medios muy limitados”.
Así, a través del voluntariado profesional, los empleados aportan su conocimiento y habilidades colaborando en equipos de trabajo para el desarrollo de un proyecto que contribuye a resolver un reto. Este reto ha sido identificado por una organización social y tiene que tener un impacto positivo en el entorno. Por otro lado, mediante el voluntariado emprendedor, el voluntario ha de diseñar y desarrollar, en colaboración con una entidad social, un proyecto de voluntariado que dé soluciones a necesidades del entorno vinculadas con la transición energética.
Este año, más de 90 profesionales de Repsol de diferentes países van a participar en las 25 iniciativas o retos que se están desarrollando con 17 entidades sociales de España, Portugal, Ecuador o Colombia. Entre estos proyectos se encuentra el diseño de un plan de transición energética para la ONG Mensajeros de la Paz, un estudio integral de mejora en movilidad sostenible para Cruz Roja en Madrid o iniciativas en economía circular, como el apoyo a la asociación de mujeres Waorani de Ecuador en la elaboración de un plan de negocio para la producción de cacao.
Antes de sumarse a la convocatoria de 2020 de voluntariado profesional, Alejandro Mazario ya había participado como voluntario en otras actividades de la fundación “y siempre lo he encontrado muy reconfortante”. “Pero este nuevo programa de voluntariado profesional ha sido una experiencia especialmente positiva porque supone poner al servicio de la sociedad y de gente que lo va a apreciar las habilidades que hemos ido generando en Repsol”, afirma.
Con un perfil profesional de desarrollo de negocio y con experiencia también en logística, Mazario ayudó a la Asociación Alucinos en la apertura de un centro de Koiki, empresa de reparto sostenible de paquetería que emplea a colectivos vulnerables, en el barrio de San Fermín, en Madrid. El objetivo era conjugar la reducción de emisiones en ese reparto de última milla con la contratación de personas en riesgo de exclusión.
Desde la Asociación Alucinos, entidad que da cobertura en este barrio y que concibió el proyecto junto a Fundación Repsol, “nos decían que ellos saben mucho de actividad social pero no tanto del mundo de la empresa. Y ahí es donde nosotros hemos aportado para que el centro de reparto sea viable, se expanda y dé trabajo a cuantas más personas mejor. Creo que es importante poner un granito de arena de formación empresarial en las actividades sociales, que a veces no existe”.
También en la edición de 2020, Inmaculada Campoy, doctora en Ciencias Químicas, ha liderado el proyecto realizado con Otro tiempo, Otro planeta, entidad dedicada a la recogida de residuos como aceite usado en la Comunidad de Madrid y que emplea a mujeres en situación de vulnerabilidad social o víctimas de violencia de género: “en la entidad habían incorporado la recogida de tapones de plástico, pero no estaban obteniendo buena rentabilidad y nos pidieron apoyo técnico”. Además de su vertiente social, el proyecto le resultó atractivo “por sus objetivos en economía circular, que actualmente tienen mucha importancia dentro de Repsol porque están dentro de su estrategia, pero también fuera”.
Con otros cuatro compañeros de Repsol formaron un equipo para “ofrecerles soluciones técnicas que mejoraran el rendimiento de su negocio y ponerles en contacto con otras empresas de reciclaje”. Este asesoramiento de especialistas de la industria química “es un apoyo importante para una entidad pequeña.
Ellas no tienen tiempo ni recursos para hacer una prospección técnica, ni tantos contactos en este mundo como tenemos en Repsol. Y yo también he aprendido de la entidad y su labor, y he podido profundizar en temas técnicos como el reciclado de tapones”.
La modalidad de Voluntariado emprendedor está abierta a que, además de los empleados, los prejubilados y jubilados de la compañía puedan participar en el diseño y desarrollo junto a una entidad social de un proyecto de voluntariado que aborde necesidades en transición energética e inclusión social. La convocatoria de 2021 acaba de cerrarse y ahora un comité evaluador seleccionará un máximo de 10 proyectos, a los que Fundación Repsol dotará con una ayuda económica de hasta 5.000 euros.
Carlos Pascual es ingeniero industrial y colabora desde hace diez años en Ingeniería para la Cooperación (ICLI), la ONG vizcaína con la que presentó en 2020 su proyecto para esta modalidad de voluntariado. ICLI realiza cooperación al desarrollo en países africanos y de Sudamérica principalmente, “pero otra labor que cada vez percibimos con más importancia es la sensibilización sobre los efectos del cambio climático, sobre todo en el ámbito educativo”.
En una charla sobre el tema, “percibimos una dificultad de lenguaje, del canal de comunicación con los jóvenes”. De ahí surgió la idea que ha desarrollado el proyecto: una app para tratar esta problemática en las aulas dirigida a niños de entre 10 y 12 años. A través de un juego de preguntas y respuestas, los alumnos van descubriendo las consecuencias que “pequeños gestos cotidianos, como el consumo de agua, luz, datos de móvil o ropa, tienen en el cambio climático”.
Carlos consiguió que diez compañeros más se sumaran como voluntarios a esta aventura y buscaran alianzas: las encontraron en un centro de Formación Profesional, donde sus estudiantes han realizado el diseño gráfico y de sonido del juego como parte de su aprendizaje, y en la universidad DigiPen de Bilbao, con una larga experiencia en este campo. La app está desarrollada en cuatro idiomas: euskera, castellano, inglés y portugués, y “se pondrá a disposición de toda la comunidad educativa de forma abierta y gratuita”.
El proyecto le ha supuesto a Carlos Pascual “un revulsivo profesional muy interesante: conocer el mundo de las aplicaciones docentes y la 'gamificación', que también se pueden emplear en la capacitación técnica de cualquier trabajador. Lo que se aprende con un juego, aunque seamos adultos, se fija más fácilmente”. Y en lo personal, “es muy gratificante compartir el entusiasmo que se crea en el grupo de voluntarios de Repsol cuando estás participando de una labor social”.
Los equipos de voluntariado profesional y emprendedor cuentan con flexibilidad para gestionar los proyectos, que tienen una duración media de cuatro meses y que, de momento y debido a la pandemia, son en formato no presencial: “a pesar de la experiencia de dureza que ha sido la COVID, el formato on-line nos ha permitido que personas de distintos países puedan participar de un mismo reto, formando equipos multidisciplinares y multiculturales, algo que los voluntarios y las entidades valoran”, asegura Mar De Andrés.
Del programa, Mar De Andrés resalta “el compromiso de las personas y la gratuidad con que se hace, dedicando un tiempo que los voluntarios tienen que compaginar con sus obligaciones”. Para la responsable de voluntariado corporativo, estas iniciativas también revierten en Repsol “mejorando el sentido de pertenencia a la empresa, de orientación a resultados, de trabajo en equipo y reforzando nuestra imagen de compañía comprometida con la transición energética”.
Además, en el marco de su programa de voluntariado, Fundación Repsol organiza anualmente la Semana Internacional del Voluntariado Repsol, una iniciativa global abierta a todos los empleados de los países en los que la compañía tiene presencia. Este año se celebrará del 25 al 31 de octubre con actividades vinculadas a la transición energética en ámbitos como la sensibilización sobre la reducción de emisiones y el cálculo de la huella de carbono que cada persona origina, o acciones específicas para compensarla, como jornadas de reforestación.
El pasado año más de 2.200 voluntarios participaron, incluida la Semana Internacional, en las distintas iniciativas que se desarrollaron a lo largo del año, en un contexto marcado por la difícil situación derivada de la pandemia.