Minería diversa en la comarca de Puertollano y tan antigua como la ocupación humana

La minería en la comarca de Puertollano es tan antigua como lo puede ser la propia ocupación humana del territorio. Si consideramos como minería la prospección y transformación de rocas para efectuar artefactos susceptibles de ser utilizados por el hombre, entonces esta actividad se documenta en esta comarca desde el Paleolítico Inferior. Así, conocemos infinidad de depósitos secundarios de cuarcitas armoricanas, rodadas por el efecto del transporte hídrico, en las cuencas de los ríos Tirteafuera, Ojailén y Montoro. En estos depósitos, localizados en las terrazas medias y bajas, se trabajaron infinidad de útiles, tanto sobre núcleo como sobre lascas, y como resultado de esta actividad podemos observar a simple vista miles de instrumentos desechados por sus defectos en la talla.

Durante la Prehistoria reciente estos prospectares y transformadores de la materia mineral traspasaron los límites geográficos de nuestra actual provincia, internándose en Andalucía para obtener sílex. Este material, evidentemente importado, se localiza en múltiples yacimientos datados en el Calcolítico y en la Edad del Bronce, como La Mata I y II, Castillejo del Río, Castillejo de El Villar, Cerro del Castillón, etc.

En la Primera Edad de los Metales y durante el Bronce Antiguo, en las inmediaciones de los únicos filones de malaquita localizados en el topónimo de El Garbanzal, se ubica una pequeña fortificación con una clara vocación minera, en su recinto se ha observado la presencia del mineral. El control de El Garbanzal, así como su explotación, será de relativa importancia durante el Bronce Pleno; este hecho está atestiguado por la existencia de importantes fortificaciones en su entorno como El Castillón de los Morenos, Mata I y Mata II. Estos establecimientos presentan un sistema defensivo sofisticado, con dos o tres recintos murados, así como la existencia de aljibes de adaptados a las diaclasas de los afloramientos cuarcíticos. Es decir, están diseñados para ser autosuficientes durante una buena temporada, así como para controlar los pasos naturales entre los valles del Ojailén y Acudía. Parece ser que durante este período la fortificación de El Garbanzal no posee ocupación humana, o puede ser que ésta sea muy escasa y esporádica.

En Mata II, hemos documentado una maza lítica minera, así como un fragmento de crisol. Además se han recuperado diversos útiles de bronce. Estos artefactos nos ponen de relieve la vocación minera del yacimiento. En Mata I se ha recuperado una gota de cobre, hecho que nos indica una posible actividad de fundición en la fortificación. Los yacimientos de Mata I y el Castillón de los Morenos, por mayor proximidad a El Garbanzal, tendrán una relación más estrecha con la actividad minera que otros puntos más alejados de los afloramientos.

El panorama con el que contamos para este horizonte cultural, Edad del Bronce, es muy fructífero, sobre todo durante el Bronce Pleno. Se produce una jerarquización muy sofisticada del espacio con fortificaciones principales y otras subordinadas u estacionales, aprovechándose todas las materias primas que puede ofertar el entorno natural. La base económica sin duda lo constituye la agricultura y ganadería y casi podemos aseverar que no existe la especialización específica en un recurso. Es decir, los yacimientos anteriormente mencionados y periféricos a los filones de El Garbanzal no se establecen con un único móvil económico, ni por imponderables estratégicos. Su ubicación espacial obedece a la necesidad de explotar en intensidad el territorio, constituyendo la minería uno más de los recursos y no podemos asegurar que éste sea el más importante.

Durante El Calcolítico y la Edad del Bronce la minería se subordina a la metalurgia, aunque no se desecha la utilización de elementos líticos realizados sobre cuarcitas armoricanas del entorno, basaltos, pizarras y el sílex de importación.

La minería pétrea, basada en la localización de depósitos susceptibles de ser utilizados o trasformados por el hombre, continúa con plena vigencia, buscándose y explotándose con profusión los depósitos. Pero a partir de estos momentos la metalurgia será el verdadero motor de la minería y, a tenor de sus avances, se explotará uno u otro metal.

Un elemento que se comienza a utilizar en el Neolítico, pero que de momento no está documentado en nuestra zona, al desconocerse la ubicación de los yacimientos Neolíticos de la comarca de Puertollano, es la arcilla. Este elemento es fundamental para la elaboración de cerámicas. Se conocen ejemplares de cerámica campaniforme del tipo Ciempozuelos y Marítimo, que sin lugar a dudas fueron importados en nuestra zona, pero pensamos que un buen número de piezas fueron realizadas con arcillas procedentes de afloramientos locales. No nos volveremos a referir más a esta actividad plenamente constatada hasta hace algunos años, cuando finalizó la actividad de la última tejera local, por ser redundante a lo largo de la Historia y por la pujanza y notoriedad que cobran otros aspecto de la minería.

El hierro, conocido desde el Bronce Final y tratado como un metal suntuoso, no se desarrolla en la Península Ibérica hasta que no lo introducen los fenicios.

En todo caso, nuestra metalurgia de hierro es bastante tardía con respecto a las culturas orientales. No obstante, él óxido de hierro es relativamente abundante en los afloramientos cuarcíticos y bastante fácil de obtener.

La llegada de contingentes romanos a nuestra área geográfica, durante la Segunda Guerra Púnica, y la rápida asimilación de la Oretania a Roma favorecerá el establecimiento de explotaciones mineras en el Valle de Alcudia y Sierra Madrona. Esta red de yacimientos se vinculará a la infraestructura que la República desarrollará en la parte meridional de la provincia Oretana dependiente de Castulona.

Debido a la escasez de trabajos de investigación arqueológica desarrollados en la provincia de Ciudad Real en general, y de nuestro sector Sur en particular, los datos que poseemos son bastantes escasos, centrándose sobre todo en los "clásicos" trabajos de Domergue para la mina de Diogenes y los más recientes del equipo formado para la excavación de urgencia de la fundición romana de Valderrepisa.

Pero el impacto de esta actividad, sin duda, fue muy importante en el Valle de Alcudia, tal como lo atestiguan los relíctos toponímicos existentes, como las minas La Romana o Romanilla. Además, se han detectado trazas romanas en afloramientos ubicados en el término municipal de El Hoyo, Fuencaliente, Solanilla del Tamaral, etc. Parece ser que el plomo en los trabajos mineros romanos es un subproducto ya que éstos estaban mucho más interesados en la obtención de cobre (a partir de la malaquita o calcopirita) y la plata (extraída de la galena argentífera) que en el plumbum nigrum. Sin duda la necesidad monetaria, sobre todo durante la fase republicana, primaría sobre cualquier otro tipo de motivaciones socioeconómicas. De cualquier manera, la galena argentífera fue explotada intensivamente durante siglos.

De época Visigoda y Altomedieval apenas poseemos datos en nuestra provincia. Nos consta que, durante el periodo visigodo, la necesidad de metales monetales, unido a la incapacidad de explotar industrialmente los filones ya rentabilizados por los romanos, les indujo a la reutilización sistemática de monedas romanas. De época hispanomusulmana nos ocurre otro tanto, aparte de la explotación del cinabrio de Almadén, apenas sabemos nada. En esta época la plata era importada de África y poseía una ley muy alta. Asimismo, los productos manufacturados de hierro podrían obtenerse a buen precio, gracias a que su sociedad es eminentemente mercantil y poseían un fluido comercio entre todos los puntos de Al-Andalus, sin necesidad de recurrir a la autarquía.

Contamos con más datos de época Bajomedieval y Moderna que serán profusamente documentados en los diversos artículos que componen este número monográfico. Pero cabría destacar la reapertura de las minas de plomo en estos períodos, sin duda explotadas de manera tradicional y cuasi familiar.

Habrá que esperar a la Edad Contemporánea para volver a encontrar una eclosión minera en la Provincia de Ciudad Real. Los bajos salarios unidos a la alta cotización de los metales a nivel europeo favorecerán la explotación de las minas, tanto de galena argentífera como los filones de malaquita y calcopirita. Hacia 1872 se produce el descubrimiento del carbón en Puertollano y rápidamente comienzan las denuncias de las concesiones y las explotaciones con las minas La Extranjera y La Mejor de Todas. Hasta tal punto llega el furor por el carbón que, antes de conocerse la extensión total de las capas, se legalizan varios cotos mineros fuera de la cuenca. El devenir de las exploraciones mineras de carbón transformara la fisonomía urbana y rural de Puertollano y su comarca. De este manera, se producirá un retroceso en el sector primario agropecuario y un desarrollo del sector terciario, con un incremento de la población desorbitado.

La instalación en Puertollano de Encaso en los años cincuenta, para la explotación y destilación de las pizarras bituminosas, marcara otro hito en el desarrollo de la comarca de Puertollano, de tal manera que la crisis del carbón y el cierre definitivo de las minas de interior en 1975 no llevará aparejada una crisis social demasiado traumática.

La minería en Puertollano se mantuvo después con la Mina Emma de Encasur de la que salía carbón que tenía a las centrales Eneco (antigua Sevillana) y Elcogas como receptoras hasta su cierre a finales de la segunda década del siglo actual siguiendo la tendencia nacional e internacional de apoyar antes el cierre que la continuidad de las explotaciones mineras.

Mientras tanto, el Programa MINER. está financiando la reconversión de las comarcas mineras deprimidas, paliando de alguna manera la secular falta de inversiones en que han permanecido las zonas que tradicionalmente han sobrevivido de este monocultivo económico.

Por parte del Ayuntamiento de Puertollano se ha promovido la recuperación de parte de la degradada cuenca minera local, restaurando el pozo de la mina Norte y creando un parque verde sobre el yacimiento. Además, se ha impulsado la recuperación de la memoria colectiva de la ciudad a través del Museo Municipal, donde hay una sala permanente de Geología y en cuyas dependencias se recogen materiales, fotografías y recuerdos de esta parte tan reciente de nuestra trayectoria común. Asimismo, el antiguo castillete del pozo Santa María ha sido trasladado y colocado a la entrada de nuestra población, en la carretera de Ciudad Real.

Por último, el Monumento al Minero es un referente de primera magnitud en el paisaje del Puertollano actual y está plenamente consagrada la festividad de Santa Bárbara como el Día del Minero, efectuándose un reconocimiento popular e institucional al esfuerzo de tantos hijos de Puertollano y tantos inmigrantes que contribuyeron al engrandecimiento y prosperidad de nuestra ciudad. Para finalizar, como muy bien dice un amigo geólogo, ahora hemos pasado de la Edad de los Metales a la Edad de la Piedra, ya que, a este paso, las únicas minas que van a subsistir son las canteras de piedras ornamentales y las graveras. Confiemos en que la historia nos depare un futuro mejor y que entre todos sepamos valorar como se debe nuestro rico pasado minero.

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