Miguel Prieto: Cronista de guerra. Pintor de batalla (Almodóvar del Campo, 1907-Méjico, 1956)

"El artista revolucionario, en su lucha contra el capitalismo

y sus formas de expresión, debe utilizar

y aprovechar todos los medios y posibilidades de

lucha para atacar a aquél en todas sus manifestaciones."

Esta frase del pintor Josep Renau resume buena parte de la que fue la actitud de muchos artistas ante el avance de fenómenos como el capitalismo o el fascismo. La necesidad de un arte militante, comprometido con la causa republicana, se fue fraguando como una forma más de lucha con la que mostrar y denunciar el rechazo al ascenso de actitudes autoritarias y totalitaristas que progresivamente se habían ido asentando dentro del panorama político e intelectual español. El ambiente de tensión y crispación social se hacía por momentos cada vez más palpable, degenerando en poco tiempo en el enfrentamiento civil armado (1936-1939).

Tomando como referencia estos precedentes, el ARTE, y especialmente las artes plásticas, se iban a convertir en el reflejo del sentir angustiado de estos artistas comprometidos, expresando a través de sus obras la crónica de uno de los episodios más tristes de la historia de España, donde el pueblo, en el sentido más amplio de la palabra, será el trágico protagonista.

En este contexto va a destacar la figura del pintor almodovense Miguel Prieto, convirtiéndose en fiel testigo de todos estos acontecimientos. Artista comprometido desde temprana edad, aparecerá vinculado a distintos grupos de confrontación política y cultural teniendo en todos ellos como objetivo prioritario la lucha por la libertad, utilizando para ello como única arma la expresión artística. Pese a esta importante labor, todavía hoy en día no ha sido lo suficientemente valorado, permaneciendo tanto él como su obra injustamente en el olvido. Estas líneas pretenden ser un sencillo, pero sincero, homenaje a todos aquellos artistas que se vieron empujados por la guerra, cuando no a la muerte, al exilio, la frustración y el olvido, interrumpiendo una trayectoria personal y artística floreciente auspiciada por el favorable marco cultural de la República española.

Iniciaremos el estudio repasando algunos de los datos biográficos más destacados, de forma que nos permita conocer, a la vez, el contexto cultural y político en el que se desarrolló su intensa vida profesional. El Surrealismo, donde se sitúa en estos momentos la obra de Miguel Prieto, se convierte en el principal referente de la vanguardia española, estando identificada desde un principio con los sectores de izquierda republicanos. Poco a poco el lenguaje surrealista irá siendo sustituido ante el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios, por un tipo de realismo comprometido, critico, fácilmente entendible por la gran mayoría.

Con el estallido de la Guerra Civil el compromiso se convierte en lucha activa. El arte como poderoso instrumento de denuncia y oposición política alcanzará ahora sus cotas más altas, manifestándose en distintos eventos de la vida cultural, de forma que fuese capaz de denunciar aquellos terribles hechos ante la opinión pública, tanto en el interior como fuera de España. En este sentido, el hito más destacado será la "Exposición Internacional" de París en 1937; el Pabellón Español tratará de lanzar al mundo un "grito desesperado" con el que pedir la ayuda internacional necesaria capaz de frenar el avance del fascismo. Para ello, el Gobierno Republicano ofrecerá una muestra de los grandes avances que en el terreno social y cultural se habían realizado durante la República, avances que ahora se veían seriamente amenazados. Junto a Miguel Prieto, en esta exposición, inter-vendrán artistas del prestigio de Picasso, Miró, Alberto Sánchez, Benjamín Palencia, Julio González, Alexander Calder, etc., bajó un objetivo común: la denuncia del horror que estaba viviendo el pueblo español.

Todos los intentos resultaron vanos y el desenlace final de la guerra es de sobra conocido por todos. El ejército franquista se impondrá iniciándose un negro paréntesis en nuestra historia que dará al traste con muchas de las expectativas abiertas. Los vencedores tratarán de borrar de la memoria colectiva el pasado reciente, cultural y artístico, implantándose sobre los vencidos nuevas pautas que habrían de guiar un arte que, desde un principio, se caracterizaría por la ambigüedad y el oportunismo político.

El encumbramiento de este nuevo régimen dictatorial supondrá para las artes un drástico freno de los lenguajes de vanguardia -opuestos por principio al tipo de arte tradicionalista y academicista propuesto desde las instancias oficiales-, así como la persecución de aquellos que durante el conflicto se habían posicionado en contra de los postulados del dictador. El destino de muchos de estos artistas fue distinto, los que tuvieron peor suerte murieron a consecuencia de la contienda; otros permanecerían a la sombra durante largos años; otra gran mayoría, como es el caso de Miguel Prieto, tuvieron que exiliarse a países como Méjico o Argentina, desde donde continuarán la lucha por la liberación del pueblo español, acabando sus días perseguidos siempre por la nostalgia del regreso a su tierra. Un deseo que, desgraciadamente, en la mayoría de los casos, nunca llegaría a cumplirse.

Lamentablemente la figura de Miguel Prieto Anguita (Almodóvar del Campo, 1907- Méjico, 1956), sigue siendo desconocida para una gran mayoría. Pese a ser considerado por la crítica especializada como uno de los artistas más destacados e interesantes de la vanguardia española, su obra y trayectoria personal, por distintas razones, no han alcanzado la suficiente trascendencia. Una de estas causas o razones puede deberse al hecho de que le tocase vivir una de las etapas más brillantes del arte español, teniendo que compartir protagonismo con artistas de la talla de Picasso, Miró, Vázquez Díaz, Benjamín Palencia, Gutiérrez Solana, Dalí, etc., lo que sin duda ha contribuido a que tanto él como otros muchos artistas hayan permanecido a la sombra de estos grandes maestros. Por otro lado, la guerra y su posterior exilio a Méjico han ayudado de forma tan decisiva como injusta a este desconocimiento. Al concluir el conflicto la mayor parte de su obra desaparecerá, permaneciendo inédita durante muchos años, impidiendo realizar estudios más exhaustivos sobre la misma.

Miguel Prieto nace en Almodóvar del Campo, en 1907, en el seno de una familia de clase media. El contexto, nada favorable todavía para sus inquietudes artísticas, hizo que con apenas dieciocho años, tras una breve estancia en Puertollano donde trabajará como escayolista, se trasladara a Madrid, donde ingresará en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. En la capital de España se iniciará en los estudios de escultura, completando su formación asistiendo a los talleres de Julio Prat. Pronto abandonará la escultura para dedicarse plenamente a la pintura, asumiendo las tendencias neocubistas encabezadas por Victorio Macho. El apoyo de las instituciones republicanas le permitirá, en estos primeros inicios, el poder costearse su formación a caballo entre Madrid y su tierra manchega. Durante los años 1926y1927 recibe sendas becas por parte de la Diputación Provincial de Ciudad Real.

Colaborará con publicaciones de ámbito regional como , para la que realizará una serie de dibujos religiosos que ilustrarán pasajes bíblicos ("La oración en el huerto" y "El descendimiento"), en el número extraordinario (abril de 1930) que esta publicación sacara a la calle con motivo de la Semana Santa de ese mismo año. Asimismo, contribuye como ilustrador en distintos libros de poesía de autores destacados del momento como el de Federico García Lorca o de Emilio Prados.

Es esta primera etapa de su vida artística un período de formación y experimentación, que le conducirá de forma progresiva de un denostado academicismo hacia un tipo de lenguaje que asume ideológica y formalmente los postulados surrealistas, pero sin renunciar a una clara intencionalidad realista y crítica. Esta tendencia, por otra parte, era la asumida en estos momentos por gran parte del surrealismo español.

Pero la trascendencia de Miguel Prieto excederá lo estrictamente artístico. La implantación de la República y su contexto liberalizador favorecerá un posicionamiento personal y artístico más claramente definido, desde de la militancia del Partido Comunista de España, colaborando y comprometiéndose con distintas iniciativas culturales de claro talante progresista. En este sentido, interviene en la elaboración de decorados y figurines para La Barraca, grupo de teatro dirigido por Federico García Lorca. En diciembre de 1933 participó en la I Exposición de Arte Revolucionario, organizada por la revista Octubre en el Ateneo de Madrid, a través de la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios (A.E.AR), de la que Miguel Prieto era miembro.

Al estallar la Guerra Civil participa de forma activa en los movimientos de oposición al franquismo, ingresando en la Alianza de Intelectuales Antifascistas (A.I.A.), donde trabajará en la Sección de Artes Plásticas, llevando a cabo una importante labor de propaganda. Por otra parte, colaborará como ilustrador en publicaciones tan relevantes como , o , y muy especialmente en -principal órgano de difusión de la Alianza-, ilustrando incluso la portada de su primer ejemplar. Entre sus dibujos predominará un realismo crítico de evidente espíritu proletario, muy característico en estos años de gran conflictividad social, mostrándose a través de ellos ("Trabajadores del Sur "o el "Álbum al General Miaja"), especialmente duro con estamentos como el Ejército o la Iglesia, denunciando la opresión a la que según su entender estaban siendo sometidas las clases más desfavorecidas.

En 1937 funda el grupo de teatro de títeres La Tarumba representando obras de Lorca o Alberti. En este mismo año, será uno de los firmantes de la Ponencia Colectiva, participando también en la que puede considerarse como una de las principales muestras de compromiso con los ideales republicanos como fue la Exposición Internacional de París -con obras como "Soldado en el frente'', "Espigadoras" o "Composición alegórica de los desastres de la guerra"-, hechos destacados que abordaremos en los próximos párrafos de forma más extensa. Tras una breve estancia en Valencia, huirá hacia Barcelona, último bastión del gobierno republicano, donde permanecerá hasta el final de la guerra.

A partir de estos momentos iniciará un trágico periplo por el exilio. Tras permanecer encerrado durante un breve espacio de tiempo en el campo de concentración francés de Argelés-silr-Mer, partirá hacia Méjico donde permanecerá hasta su muerte en 1956. En este país hermano latinoamericano, participará en distintas actividades como ilustrador, editor o diseñador gráfico, colaborando para publicaciones como el suplemento -de la que será director artístico-, o En 1947 pasará a ocupar un relevante cargo dentro del Instituto Nacional de Bellas Artes, como responsable de los servicios de publicaciones. Estos trabajos relacionados con la cultura y la intelectualidad mejicana son compaginados con su no olvidada faceta de pintor comprometido, iniciándose dentro de un género muy acorde con estos ideales como era el muralismo, entrando en contacto con pintores muralistas de la talla de David Alfaro Siqueiros con el que realizará distintos trabajos. Por otro lado, colaborará como activista en el exilio luchando "codo con codo" con el propio Picasso, mostrando a través de distintos actos su repulsa y oposición al sistema dictatorial franquista. Todo este formidable bagaje sitúa a Miguel Prieto entre los artistas más destacados de este período.

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