Goyi Fraile, la poetisa que cantaba al amor

Vivimos momentos difíciles, todo a nuestro alrededor nos parece frágil. Y mientras el dolor nos lastima, crece la ternura, la solidaridad, el coraje de quienes arriesgan su vida al frente de esta dura batalla o trabajan para que no nos falte de nada. Y entre la adversidad, la poesía nos alivia y nos devuelve la fe.

Creo que las energías se cruzan, que existe la magia...

[[enlace="https://www.lacomarcadepuertollano.com/diario/noticia/2020_03_24/02 " target=”_top"]][[/enlace]] Y hoy me llega la noticia del fallecimiento de Goyi Fraile, amiga entrañable de María Luisa. Ambas compartían versos y tertulias poéticas en el Taller Literario de la Universidad Popular, del que yo era miembro activo. Un taller coordinado y dirigido por Goyi Fraile.

A esta mujer, la poetisa del amor, otra de las muchas víctimas del coronavirus, recordaremos desde estas páginas. Goyi quedará en la memoria de quienes la conocimos. La fuerza y todo el amor que emana de sus poemas nos anima a seguir soñando... que al final saldrá un nuevo arco iris.

Para Goyi, que tanto me aportó, escribí para la Revista Literaria Alforja de Estaribel estas palabras en forma de cuento, palabras que comparto con todos los lectores.

Conocí a Goyi una tarde de otoño. Presidía la mesa de tertulias como coordinadora del Taller Literario de la Universidad Popular. Me gustó su sonrisa amable, la viveza de su mirada. Y después de escucharla declamar uno de sus poemas, le puse rostro a la poesía. Me preguntaba cómo podría esta mujer crear tantos y tan bellos poemas, y con qué destreza manejaba sus hilos. Al preguntarle cuál era su secreto, me respondió que imaginaba versos mientras alisaba el embozo de las sábanas; así de fácil. Sus versos cantando al amor han sido su sello y su fuerza.

Me gustó su sencillez, su cercanía. Oír su voz ilusionada, era un placer. Siempre supe que llevaba la poesía tatuada en su piel, que estaba hecha a retazos de versos, de experiencias de amor, que la vida se había recreado en ella obrando el milagro del continuo entusiasmo.

Guardo muchos y bonitos recuerdos de ese tiempo de contactos literarios.

Y en mi rincón favorito, permanece su poemario DE ROSAS Y DE ESPINAS. Leo su dedicatoria y no puedo dejar de emocionarme... Gracias, Goyi.

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D.E.P. una mujer fuerte, una puertollanera ejemplar.