En la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF)

Presentación de la exposición 'FRANCESC CATALÀ-ROCA. LA MIRADA SABIA'

Por José Belló Aliaga

La sala de fotografía del Museo acoge una selección de obras de Francesc Català-Roca que forman parte de las colecciones de la Academia y de colecciones privadas. 

En la rueda de prensa de presentación de la exposición intervinieron Tomás Marco, director de la Academia; Víctor Nieto, académico delegado del museo, y Publio López Mondéjar, académico y foto-historiador. 

Presentación de la exposición FRANCESC CATALÀ-ROCA. LA MIRADA SABIA, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF)

La muestra de Francesc Català-Roca (Valls, 1922-Barcelona, 1998) se enmarca en el contexto del primer centenario de su nacimiento. Considerado unánimemente como el gran maestro de su generación, constituyó el puente decisivo entre la vanguardia de la anteguerra representada por su padre Pere Català Pic (1889-1971) y la nueva vanguardia documental, que él mismo encabezó en la frontera de los años cuarenta y cincuenta.

Recorrido por la exposición FRANCESC CATALÀ-ROCA. LA MIRADA SABIA, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF)

Dominio de su oficio

Dueño de un sólido dominio de su oficio, que aprendió desde niño en el laboratorio familiar, heredó del padre su talento y la audacia formal para componer sus imágenes. Sus numerosos libros, que comenzó a publicar en los años cincuenta, muestran a un profesional riguroso, que supo aunar un profundo conocimiento de la técnica y una inabarcable capacidad creativa, en una obra en la que parece primar el poderoso instinto visual, la vehemencia y la certera percepción de lo real sobre cualquier veleidad o voluntad de estilo.

Con el tiempo, Català-Roca dirigió su mirada segura hacia los detalles decisivos de las cosas, con la pretensión de comunicar su propia visión de la realidad. Sólidamente instalado en las gradas de la certeza, siempre sintió una profunda seguridad en la validez de sus propias percepciones, y ésta fue probablemente la característica esencial de su fotografía; la que le permitió colocar la cámara en lugares nunca antes frecuentados y alcanzar la eficacia formal de sus prodigiosos picados y contrapicados, que aprendió a dominar desde niño. Una fotografía que marcó el definitivo final de la puerilidad tardopictorialista de aquellos años oscuros, que supo fijar como nadie en la edad eterna de sus fotografías, llenas de sabiduría y de humanidad.

José Belló Aliaga

De izquierda a derecha, Tomás Marco, director de la Academia; Publio López Mondéjar, académico y foto-historiador y Víctor Nieto, académico delegado del museo

Monumento a Colón (Barcelona), 1950

Tomás Marco, director de la Academia

Positivo y negativo (Sevilla), 1962

Víctor Nieto, académico delegado del museo

Paso de Semana Santa en el Puente de Triana (Sevilla), 1962

Publio López Mondéjar, académico y foto-historiador

Publicidad (Barcelona), 1957

El piropo (Sevilla), 1959

Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), 1960

Red de San Luis (Madrid), 1957

Sastrería (Barcelona), 1950

Limpiabotas en la Gran Vía de Barcelona, 1950

Viaducto en la calle Bailén (Madrid), 1950

Vista de la exposición