Puertollano

Puertollano y el nacimiento de las Comisiones Obreras

La huelga de 1962 en Puertollano (I): Desasosiego y zozobra en los trabajadores

Comenzamos aquí la entrega por capítulos de la conferencia impartida por el historiador de Puertollano Luis Pizarro en el año 2012 con motivo del 50 aniversario de la huelga de 1962 en Puertollano, también conocida como la huelga de los 30 duros y de la creación de las primeras Comisiones Obreras en esta localidad

Luis F. Pizarro Ruiz

09/05/2019

(Última actualización: 09/05/2019 22:10)

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Parafraseando al diario El País del día 11 de noviembre de 2012 ─que conmemoraba los cincuenta años del boom de la literatura que cambió el español─, 1962, en el marco del régimen franquista, fue el “año prodigioso” (1), si atendemos también al fenomenal impacto que tuvieron los procesos huelguísticos que tuvieron lugar en aquel momento y a las consecuencias de los mismos. Sólo hace falta recordar que hasta el mismísimo Pablo Picasso inmortalizó con el dibujo de una lámpara minera el éxito de aquellas protestas.

En 1962 la situación de los trabajadores distaba mucho de ser correcta, afectados por el desempleo y los bajos salarios, a lo que se añadía la falta de libertades, el miedo y la represión propios del régimen dictatorial imperante. Por ejemplo, el propio ministro de Comercio de entonces, Alberto Ullastres, llegó a declarar, en una conferencia en el Colegio Mayor Moncloa de Madrid, que era “necesario crear a buen ritmo nuevos puestos de trabajo por la acción empresarial privada y aun por la pública si aquella no basta [y] manifestó que [estaba] plenamente convencido de que en España se producirá un crecimiento de puestos de trabajo” (2). Ocurría, sin embargo, que la realidad era contumaz y se empeñaba en demostrar que la tónica general era el descenso del número de empleados que estaba llevando a numerosos españoles a emigrar del país. En cuanto a Puertollano, los documentos reproducidos de la Memoria de ENCASO de 1962, también ponen de manifiesto con tozudez la reducción de plantillas que dejaban en el paro a muchos trabajadores, contradiciendo indudablemente las palabras de Ullastres, pues la citada no era una situación coyuntural, sino absolutamente planificada.

Por otro lado, incluso el Cardenal-Arzobispo de Sevilla, Bueno Monreal, afirmaba en una pastoral, algo que se podía extrapolar a todo el país: “Estos salarios insuficientes que amargan al Papa [Juan XXIII lo había expresado en su encíclica Mater et Magistra] son una triste realidad en nuestra diócesis. Tanto en el campo como en la industria, pero, sobre todo, en aquél. Y lo peor es que, con demasiada frecuencia, la pobreza en la remuneración por el trabajo de muchos obreros encuentra un irritante contraste en el lujo desorbitado de algunos a quienes sobra casi todo lo que tienen [...] Nuestros queridos obreros pueden y deben reclamar salarios que les permitan vivir con dignidad de hombres y de hijos de Dios”(3). Es decir, los costes se habían reducido con la eliminación de personal, pero los beneficios seguían repartiéndose desigualmente y sobre los salarios no se repercutían las cantidades que habrían permitido mejorar la situación obrera.

Por si el paro y la miseria de los salarios no obraran suficientemente en contra de los obreros, en Puertollano la situación se agravó por “(...) las torrenciales lluvias caídas sobre el valle de Puertollano durante los últimos días de 1961 y enero de 1962 [que] hicieron que se desbordase el Ojailén provocando la inundación de varias minas de carbón situadas sobre el pozo Calvo Sotelo. Por el peligro que representaban las aguas colgadas y la gran cantidad de agua que Peñarroya vertió por el pozo San Hilarión, ya que incluso durante varios días suspendió por completo el desagüe en el pozo Santa María, nos vimos obligados a parar el pozo Calvo Sotelo. El paro total duró desde el 1 al 26 de enero, pero los trabajos no se normalizaron hasta finales de febrero. El 30 de abril, otra nueva inundación obligó a reducir los trabajos hasta el 7 de mayo” (4).

Finalmente, no olvidemos en este breve repaso del contexto en el que se produjo la huelga de mayo de 1962, que los mineros de Puertollano completaban su negro panorama con los temores diarios inspirados en las malas condiciones que sufrían en el interior de las minas que originaban numerosos accidentes laborales, cuyos ejemplos más palpables tuvieron lugar en los terribles accidentes de 1953 y 1958, saldados con un total de 23 muertos producidos por las explosiones del temible grisú, una espada de Damocles sobre la cabeza de los mineros, que no desaparecía nunca: “El grisú ha aparecido en gran cantidad en el pozo Calvo Sotelo, al cortar una falla con la galería E del nivel superior. Por esta causa ha estado parado el avance durante varios meses. También en el pozo Este ha aparecido grisú en el avance de los niveles base, por lo que hemos retirado de estos trabajos las palas EINCO. Continuamos prestando un gran interés en la lucha con este gas [...]” (5).

Paro, desahucios, emigración, inundaciones, muertos en accidentes y bajos salarios, tal es el panorama en el que hay que insertar la huelga de mayo de 1962 en Puertollano.

No obstante, si éste es el contexto, como afirmó Pedro Ruiz, la realidad concreta que provocó la huelga no fueron las inundaciones (entre otras cosas porque la inmensa mayoría de los mineros no vivían en las barriadas mineras del Ojailén, sino en Puertollano). El verdadero escenario lo constituía que en España había mucha necesidad, muchos hogares que pasaban hambre y existía el deseo de la gente de querer vivir y acabar con esta situación, y si para acabar con esta situación, había que tener libertad, pues se hacía lo que hiciera falta, pero en primer lugar lo que la gente reivindicaba eran mejores condiciones de vida y de trabajo. Lo que la gente quería era vivir. Ni siquiera en muchas de las casas había la higiene necesaria y hay que decirlo: no había lugar donde defecar, sino que había que hacerlo en un cubo o los orines se tiraban por la mañana en las regueras que pasaban por las calles” (6).

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(1) http://cultura.elpais.com/cultura/2012/11/11/actualidad/1352648526_885806.html, 11 de noviembre de 2012. Entre otras obras, se publicaron El siglo de las luces (Alejo Carpentier), La ciudad y los perros (Mario Vargas Llosa), La mala hora y Los funerales de la Mama Grande (Gabriel García Márquez).

(2) Archivo Histórico Provincial (AHP), Boletín informativo del Patronato del Fondo Nacional de Protección al Trabajo, nº 2, Abril 1962, (AISS, 2757 – A-635).

(3) ]http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1962/03/08/047.html, 8 de marzo de 1962, pp. 47 y 49.

(4) ARP, Memoria de ENCASO 1962, Grupo Minas, pp. 16-17.

(5) ARP, Memoria de ENCASO 1962, Grupo Minas, p. 22.

(6) Entrevista de Jesús Camacho Segura y Herminio Sobrino López, grabada por Julio López Espeso, 28 de junio de 2012.