Cultura

Accésit Adonáis 2018 por “El mar en las cenizas”. Ediciones Rialp, 2019

José Alcaraz: “Sientes un vacío/y tiemblas”

En sus versos, ligeros, blancos, casi celestes, el mundo penetra en la memoria y, con ello, magnifica tanto las cercanías como la intimidad lírica del propio autor

Manuel Quiroga

05/04/2019

(Última actualización: 07/04/2019 09:34)

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José Alcaraz (Cartagena 1983) es Profesor de Lengua Castellana y Literatura, dirige la editorial Balduque con Mª Pilar García e imparte el Taller de Escritura Libreta Mandarache. Tras interesantes publicaciones su libro “El mar en las cenizas” fue accésit del Premio Adonáis de Poesía 2018. En sus versos, ligeros, blancos, casi celestes, el mundo penetra en la memoria y, con ello, magnifica tanto las cercanías como la intimidad lírica del propio autor. ”Presiento las grietas que tendrá esta casa,/las noto en mi latiendo como heridas./La humedad de mis ojos hace que le duelas los huesos a la muerte”. Su poesía, espontánea y personal, se mueve en torno al universo de lo cotidiano, de lo sencillo, de lo vital. “¿Con qué palabras/se manda callar al silencio?”, se pregunta y él mismo responde al final de otro poema cuando habla de “Cantos que no canten/lo que es digno de no ser cantado”. Es que en este universo materialista y condenado al monólogo la poesía, afortunadamente, aún ocupa importantes lugares en la mente y en el quehacer de esas mujeres y hombres que, únicamente con sus versos, intentan alcanzar el fin del horizonte.

Pere Gimferrer ha escrito “Soñábamos que habíamos vivido”. Tal vez los sueños formen parte del entramado literario de los poetas, de esa realidad que tal vez se encuentre lejos del común de los mortales, aunque exista en nuestra mente. “Despaciosos instantes.-escribe Alcaraz./Confundiéndolos con estatuas,/en ellos confían y se posan/mis pensamientos./¿Qué contengo parecido a la respiración?./Un paso más hacia la vida/y alzan el vuelo asustados”. Nada será posible sin la intervención de los poetas quienes, con esa profesión gratuita de soñadores, son capaces de inventar el presente y de vivir el futuro siempre a bordo del amor o los afectos.

Alcarez escribe sus pasados, dota de ternura a sus deseos, como al decir “Si venimos de la nada,/somos siempre el niño que corre/hacia los brazos de su madre”. Es el nacimiento, el tránsito por la oquedad y la muerte lo que más ampliamente ocupa sus versos, sus intuiciones sus, no tan aisladas, vinculaciones con es esa capacidad de mostrar el lado noble del lenguaje convirtiendo en verso su pensamiento excelso y ordenado. Si Tomás Segovia decía, lamentándose, “Todo en la vida está ausente” Alcaraz parece dirigirse a la amante cuando escribe “Contemplo tu mudez,/tan bella y triste,/suma de todos/los minutos del silencio/guardados/por cada instante/que ya se fue”, dando pistas para comprender ese delicado oficio de inspiradas intenciones y de habitante de la ciudad de la belleza. Lo demás, seguramente, importa menos.

“Escribo como vivo,/¿o cómo muero?” nos confiesa ese autor innovador, amante inconfeso de la palabra. Bienvenido a la inmensa morada de los dioses pacíficos.

Manuel Quiroga Clérigo,

Majadahonda, 4 de abril de 2019, sigue sin llover.