Cultura

Del 31 de enero al 12 de mayo de 2019

Anthony Hernández, exposición de fotografías en Fundación MAPFRE

José Belló Aliaga

31/01/2019

(Última actualización: 01/02/2019 09:49)

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Se ha celebrado en el auditorio de Fundación MAPFRE de Madrid la rueda de prensa de presentación de la exposición Anthony Hernández, en la que han participado la comisaria de la exposición, Erin O´Toole, Comisaria Asociada de Fotografía, Baker Street Foundation, San Francisco Museum of Modern Art; la directora de Cultura de Fundación MAPFRE, Nadia Arroyo, y el propio Anthony Hernández.

Inauguración de la temporada 2019

Fundación MAPFRE inaugura la temporada de 2019 con la primera exposición celebrada en España del fotógrafo estadounidense Anthony Hernández (Los Ángeles, 1947), que es además su primera gran retrospectiva. Con más de ciento diez fotografías, la muestra realiza un amplio recorrido por la dilatada y prolífica carrera de Hernández y celebra así su personal estilo de fotografía de calle y su significativa evolución a lo largo del tiempo.

La exposición ha sido organizada por el Museum of Modern Art de San Francisco (SFMOMA), institución con la que Fundación MAPFRE colabora desde el año 2015, cuando presentó en su sede de Madrid la muestra Garry Winogrand. Actualmente, la exposición Brassaï de Fundación MAPFRE se muestra en las salas del SFMOMA, donde podrá visitarse hasta el 17 de febrero de 2019.

Anthony Hernández

Hijo de inmigrantes mexicanos, Anthony Hernández nació y se crio en Los Ángeles. Desconocedor inicialmente de las tradiciones formales del medio fotográfico y con una formación esencialmente autodidacta, desarrolló su particular forma de entender la fotografía de calle, estrechamente vinculada a las peculiaridades de su ciudad natal, a sus escenarios desolados y sus crecientes extensiones de asfalto y cemento. A lo largo de su carrera, Hernández ha pasado con destreza del blanco y negro al color, de las cámaras de 35 mm a las de gran formato y de la figura humana al paisaje y a la abstracción de los detalles, dando lugar a una obra inusualmente variada que permanece unida por su arrebatadora belleza formal y por un sutil compromiso con temas sociales contemporáneos.

Blanco y negro

Entre las imágenes mostradas en la exposición destacan, por ejemplo, las fotografías en blanco y negro hechas en las calles del centro de Los Ángeles con las que Anthony Hernández inició su trayectoria a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970; sus primeras fotografías en color, realizadas en Rodeo Drive a mediados de los años ochenta, y una selección de su serie Landscapes for the Homeless [Paisajes para los sintecho], iniciada en 1988 y terminada en 1991, y que fue especialmente aplaudida por la crítica especializada. En este trabajo, Hernández fotografió objetos abandonados en asentamientos de personas sin hogar cuando se encontraban vacíos, dejando entrever las vidas de quienes en algún momento encontraron allí refugio.

Otra parte fundamental de la exposición es la que muestra el trabajo más abstracto, de gran formato y en color, realizado por el fotógrafo tanto recientemente en Los Ángeles como a lo largo de sus viajes por lugares que van desde Oakland y Baltimore hasta Roma.

La exposición

La exposición, cuyo recorrido cubre los más de cuarenta y cinco años de la carrera de Anthony Hernández, se articula en ocho secciones temáticas que siguen además una secuencia cronológica, aunque con determinadas excepciones que ponen de manifiesto cómo determinados motivos visuales recurrentes atraviesan distintas series a lo largo del tiempo.

Fotógrafo de calle

Esta primera sección presenta los inicios de Hernández en la fotografía, cuando, con una Nikon de 35 mm, captaba a la gente en las calles del centro de Los Ángeles, junto a una selección de su primera serie, formada por imágenes tomadas en playas urbanas que rinden un sutil y humorístico homenaje al fotógrafo californiano Edward Weston (1886-1958). Con estos primeros trabajos, Hernández entronca con la tradición americana de la fotografía de calle, liderada por figuras como Robert Frank, Garry Winogrand y Lee Friedlander, cuya obra, en ese momento, él apenas conocía.

La ciudad como tema

A lo largo de la sección «La ciudad como tema» se pone de relieve la total originalidad de la fotografía de calle de Hernández al tratar la ciudad no ya solo como escenario sino como tema en sí mismo. A partir de 1978, el fotógrafo empezó a utilizar una Deardorff de 5 × 7 pulgadas, una cámara aparatosa que requería el uso de trípode y le impedía pasar desapercibido y moverse con agilidad entre la multitud. Al tener que desplazarse más despacio y separarse de sus sujetos, su perspectiva se amplió y empezó a observar cómo la mayoría de las personas que le rodeaban —los indigentes y la gente de clase trabajadora— navegaban por un entorno urbano que parecía diseñado de espaldas a sus necesidades. Desde ese punto de partida, Hernández hace cuatro series interrelacionadas entre 1978 y 1982: Automotive Landscapes [Paisajes automovilísticos], Public Transit Areas [Zonas de transporte público], Public Fishing Areas [Cotos públicos de pesca] y Public Use Areas [Zonas de uso público]. Estas fotografías captan no solo las cualidades visuales del sur de California, sino también la diferencia de clases que configura su realidad social.

Rodeo Drive

«Rodeo Drive» da título a la tercera sección de la muestra y es a la vez el nombre de la serie con la que Hernández hizo en 1984 su primera incursión en el color. Supone un importante punto de inflexión en su trabajo principalmente por dos motivos: por una parte, con esta serie el fotógrafo abandona definitivamente el blanco y negro; por otra, es el último trabajo en el que incluye la figura humana. Las fotografías de Rodeo Drive muestran una profunda sintonía con la dinámica social específica de la famosa calle comercial de Beverly Hills que le da nombre: el consumo omnipresente, el modo en que los compradores esperan ser observados mientras caminan por la calle vestidos para la ocasión. Técnicamente, esa sintonía se ve reforzada por la decisión de Hernández de utilizar película de transparencias en lugar de negativos: la impresión en cibachrome, con sus colores estridentes, le permite subrayar el atuendo a la moda de los paseantes y el lujo de las boutiques, así como emplear pinceladas de un rojo vibrante que encuentra eco entre unas imágenes y otras.

Ausencia y presencia

Las fotografías que integran la sección «Ausencia y presencia» hacen perceptible la figura humana ya solo a través de los rastros que deja a su paso. En Shooting Sites [Campos de tiro], trabajo realizado entre 1986 y 1988, Hernández retrata los restos de la actividad de tiro al blanco llevada a cabo por aficionados en zonas a las afueras de Las Vegas y de Los Ángeles. Se presenta asimismo aquí otro proyecto de enfoque similar, Landscapes for the Homeless [Paisajes para los sintecho], de 1988- 1991, en el que fotografía asentamientos de personas sin hogar en las calles de Los Ángeles. Mediante un encuadre preciso, ordena los escenarios caóticos que encuentra y humaniza a los sujetos ausentes prestando atención a lo que han dejado atrás, como si de un arqueólogo se tratase.

Ruinas urbanas

«Ruinas urbanas» es la sección centrada en la exploración que Anthony Hernández lleva a cabo sobre temas visuales interconectados a los que ha vuelto repetidamente desde finales de los años noventa: paredes de ladrillo, vallas, ventanas y huecos de diversos tamaños y formas. Estas formas, mayoritariamente cuadradas o rectangulares —una ventana tapada con papel, una brillante pared amarilla con innumerables arañazos, boquetes y manchurrones de pintura, una puerta con los bordes extrañamente iluminados...—, se presentan a menudo en un espacio plano, impidiendo el acceso a todo lo que pueda haber detrás. Aunque Hernández fotografía primordialmente en Los Ángeles, gran parte del trabajo expuesto en esta sección fue realizado durante algunos de sus viajes. Pictures for Rome [Fotografías para Roma], serie realizada en 1998-1999, es fruto del Premio de Roma, ciudad en la que, en lugar de retratar sus célebres ruinas antiguas, se centra en las ruinas modernas para expresar el carácter relativamente desechable de la cultura contemporánea. Oakland (2000-2001) es el resultado de la estancia de Hernández en el Capp Street Project, y East Baltimore (2006) corresponde a su trabajo como invitado del destacado historiador y crítico de arte Michael Fried en la Johns Hopkins University. Estas dos últimas series presentan estructuras ruinosas al borde de la demolición, poniendo el acento en las posesiones abandonadas y en las marcas dejadas por sus anteriores ocupantes.

Señales y huellas

La sección «Señales y huellas» arranca con la serie Everything [Todo], de 2002, en la que el fotógrafo recorre los márgenes artificiales del río Los Ángeles, cerca de donde creció y espacio donde solía jugar de niño. Cuando Hernández regresó como adulto, lo que se encontró fue un vertedero y un mundo ajeno en sí mismo; fotografió las enormes alcantarillas de cemento, así como los objetos arrastrados por la corriente o arrojados por la que gente que pasa por allí. También en este capítulo de la muestra se encuentra la vuelta de Hernández al tema de la falta de hogar: en su serie Forever [Para siempre], de 2007-2012, en lugar de fijarse en los restos dejados atrás por las personas que viven en la calle, adopta el punto de vista del habitante de uno de esos asentamientos improvisados, y fotografía aquello que su morador ve al mirar hacia afuera.

Descartes

«Descartes» es el título de la penúltima sección, y está centrada en la serie homónima, Discarded, realizada entre 2012 y 2015. Supone el regreso de Hernández al paisaje natural y a las vistas amplias, y, como gran parte de su trabajo a partir de finales de los años ochenta, ofrece tanto una reflexión sobre la decadencia en el sur de California como un estudio de lugares específicos abandonados, en esta ocasión comunidades situadas en las zonas desérticas que rodean la ciudad de Los Ángeles, devastadas por la crisis económica y la ola de desahucios de 2008.

Las fotografías hablan del fracaso y de la pérdida personal —los cimientos de un aparcamiento de caravanas que no llegó a terminarse, una casa dejada a medio construir, una desolada parcela con su terreno vacío—. Este trabajo incluye una de las escasas fotografías con presencia humana que ha hecho el artista desde los años ochenta: un hombre que Hernández se encontró viviendo en un viejo autobús escolar en Salton Sea se yergue como un centinela que vigila los restos del apocalipsis.

Imágenes filtradas

La exposición se cierra con la sección «Imágenes filtradas», que corresponde a la serie más reciente de Hernández, Screened Pictures. El fotógrafo regresa a Los Ángeles y enfoca su cámara en los paneles de metal perforado de las paradas de autobús. Las pantallas metálicas —que recuerdan las tramas de puntos de los cuadros de Roy Lichtenstein— funcionan como filtros a través de los cuales Hernández retrata la ciudad creando abstracciones. Si en Forever adoptó la perspectiva de las personas sin hogar que viven en la calle, en Screened Pictures Hernández toma las imágenes desde el punto de vista de la gente que espera el autobús. A diferencia de su serie Public Transit Areas, en la que la ciudad parecía expandirse indefinidamente, en Screened Pictures el espacio queda aplanado y comprimido. Asimismo, la vorágine de detalles que aparecían en aquellas fotografías de paradas de autobús en blanco y negro también ha desaparecido, quedando sustituida aquí por formas suavizadas y simplificadas, y manchas de vívidos colores.

Catálogo

El catálogo editado con motivo de la exposición, ampliamente ilustrado con más de doscientas fotografías en blanco y negro y en color, incluye una introducción del fotógrafo Robert Adams, textos de Erin O’Toole —comisaria de la exposición y Comisaria Asociada de Fotografía, Baker Street Foundation, SFMOMA— y de Ralph Rugoff —director de la Hayward Gallery de Londres—, así como una conversación entre Hernández y su buen amigo el fotógrafo Lewis Baltz (1945-2014).