Puertollano

En un régimen de libertad y democracia

La Constitución de 1978 ha cumplido cuarenta años, los hechos vividos en España y en Puertollano

El 6 de diciembre de 1978 se celebró el referéndum por el que los españoles aprobaron el texto constitucional y en el que Puertollano registró 25.371 votos, el 71’73 por ciento de un censo de 35.368 electores, de los que 23.269 lo hicieron afirmativamente, el 94´13, ambos porcentajes superiores a la media nacional y provincial

Modesto Arias

06/12/2018

(Última actualización: 09/12/2018 11:14)

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Ya se han cumplido 40 años desde que se celebró el referéndum por el que los españoles aprobaron el texto constitucional de la la séptima Constitución Española en poco más de dos siglos, prueba de lo inestable y convulso que ha sido este período en la historia de nuestro país.

La primera Carta Magna, la que marcó el inicio del liberalismo español, fue elaborada en plena Guerra de la Independencia y aprobada en 1812. Sólo estuvo vigente entre esa fecha y 1814, y, con posterioridad, entre 1820 y 1823. Tras ella vino la de 1837, durante la regencia de María Cristina de Nápoles y mientras se desarrollaba la primera contienda carlista. En 1845 llegó otro texto, el tercero, a poco de comenzar la mayoría de edad de Isabel II, en tanto que el cuarto en publicarse, el de 1869, fue producto de la Revolución Gloriosa llevada a cabo un año antes. Tuvo una duración breve, y en 1876, a poco de instaurarse la Restauración, con Alfonso XII como monarca, surgió otra Constitución cuya permanencia iba a prolongarse más que las anteriores, ya que tuvo validez hasta 1923, fecha en que comenzó la Dictadura de Primo de Rivera. Se puso otra vez en vigor entre 1930, cuando acabó ese régimen, y abril de 1931, en que fue proclamada la Segunda República. El advenimiento de dicho sistema político supuso que, en diciembre de ese año, se aprobara una nueva Constitución, la sexta, que también tuvo una vida efímera, puesto que la Guerra Civil desarrollada entre 1936 y 1939 originó su abolición y una nueva dictadura, la del general Franco, que se prolongó hasta mediados de los años setenta.

Primeras elecciones libres

Llegada la democracia a España, en junio de 1977 se celebraron las primeras elecciones libres, con victoria de Unión de Centro Democrático, seguida del Partido Socialista Obrero Español. Reunidas las Cortes surgidas de tales comicios, su objetivo esencial consistió en elaborar una Carta Magna.

Por dicho motivo, el primer paso fue crear una Comisión de Asuntos Constitucionales, formada por treinta y seis diputados de los distintos grupos parlamentarios, de la que, a su vez, fue elegida una ponencia, compuesta por siete miembros, para que preparase el borrador del texto.

Las siete plazas fueron repartidas de manera proporcional al número de diputados que cada grupo político había obtenido en las recientes elecciones. Así, a UCD le correspondieron tres representantes, que fueron Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, José Pedro Pérez Llorca y Gabriel Cisneros; al PSOE le asignaron dos, pero sólo ocupó una plaza, en la persona de Gregorio Peces-Barba, ya que cedió la otra a los nacionalistas catalanes, en concreto a Miquel Roca i Junyent, mientras que los otros dos puestos fueron ostentados por Jordi Solé Tura, del Partido Comunista de España, y Manuel Fraga Iribarne, de Alianza Popular.

De este modo, las diferentes tendencias políticas, de la derecha a la izquierda, incluyendo al centro y a los nacionalistas, estaban representadas a la hora de su redacción, ya que se deseaba, por todos los medios, que fuese una Constitución de consenso, aunque cada parte tuviese que ceder en algunos de sus intereses.

En agosto de 1977, los ponentes iniciaron su trabajo en secreto, en un ambiente de cordialidad que fue roto en noviembre. Se debió a una filtración periodística, ya que la revista Cuadernos para el diálogo obtuvo el texto de lo hasta entonces redactado y lo cedió para su publicación a los diarios El País y La Vanguardia. La conmoción fue enorme entre algunos sectores sociales de talante conservador, al comprobar que se establecían, entre otras cuestiones, Estatutos de Autonomía, nacionalidades, un Estado laico, el divorcio y el derecho a la huelga. Por todo ello, en los días siguientes, algunos políticos, obispos, empresarios e intelectuales levantaron la voz y manifestaron su protesta.

Los debates en la Comisión de Asuntos Constitucionales se iniciaron en mayo del año siguiente, pero se habían presentado nada menos que 3.200 enmiendas. Ante la lentitud con que se avanzaba, los dos principales partidos políticos, UCD y PSOE, decidieron acelerar su redacción definitiva, y si para aprobar veinticuatro artículos se habían consumido diez días, en una noche, entre las diez y las tres de la madrugada, en que se reunieron Fernando Abril Martorell, por UCD, y Alfonso Guerra, por el PSOE, se llegó a un acuerdo con veinticinco.

El giro experimentado hizo que, en adelante, se avanzase con mayor rapidez, pero el clima de acuerdo al que se había vuelto no se correspondía con la reacción de algunas entidades, como las de ultraderecha, que tildaban de traidor a Adolfo Suárez, presidente del Gobierno.

Durante junio, las negociaciones y las reuniones continuaron a buen ritmo y la mayor parte de las enmiendas fueron siendo retiradas. Mediante el consenso al que se había llegado, el PSOE renunció a su propuesta republicana, que defendió de manera puramente protocolaria, aceptando la monarquía como forma política del Estado. A su vez, UCD también acordó que la abolición de la pena de muerte apareciera en la propia Constitución y que la mayoría de edad se fijase a los 18 años.

Comenzado el verano, el texto se pasó a discutir en el Congreso y, seguidamente, en el Senado, donde se ataron algunos cabos sueltos, como la libertad de enseñanza, que satisfacía los deseos de la Iglesia católica, o la investidura del presidente del Gobierno, pero no sufrió apenas modificaciones a lo que ya había refrendado la Cámara Baja.

De este modo, el martes 31 de octubre de 1978 se produjo la votación pública, nominal, solemne y separada de cada una de las Cámaras, tal como estipulaba la Ley de Reforma Política que se había aprobado dos años antes, y fecha que, en aquellos momentos, parecía muy lejana en el tiempo, tal era el ritmo vertiginoso que los acontecimientos habían tomado desde entonces.

En el Congreso, de los 350 diputados, 345 estuvieron presentes. De ellos, 325 votaron a favor (UCD, PSOE, PCE, AP, Convergencia Democrática de Catalunya y Mixto), 6 en contra (5 de AP y 1 de Euskadiko Ezkerra), y 14 se abstuvieron (7 del Partido Nacionalista Vasco, 3 de AP, 2 de UCD y 2 de Minoría Catalana). En la Cámara Alta, con la presencia de 239 senadores de un total de 248, hubo 226 votos a favor, 5 en contra y 8 abstenciones.

Los 598 parlamentarios constituyentes, entre Congreso y Senado, tenían una edad media de 47 años. Su extracción social mayoritaria era de clase media y alta, y más de la mitad se consideraban católicos practicantes. Algún dirigente de la época llegó a decir que "la Constitución fue obra de una generación harta de que nos hablaran de la Guerra Civil. De políticos faltos de experiencia, pero llenos de voluntad de entendimiento".

Por esas razones, la idea primordial de los que la elaboraron y aprobaron fue acabar con el país que, entre 1939 y 1975, estuvo claramente dividido en dos facciones, la de vencedores y vencidos en la Guerra Civil, y llegar a una auténtica reconciliación y concordia nacional.

Sin embargo, la andadura en pos de la democracia no estaba resultando fácil. En noviembre de 1978 se descubrió la preparación de un golpe de mano, la llamada Operación Galaxia, que consistía en ocupar el Palacio de la Moncloa cuando estuviese reunido el Consejo de Ministros, tomar a Suárez como rehén y obligar a la formación de un gobierno de salvación nacional. En la preparación de la intentona, ya que el asunto no pasó de ahí, estuvieron involucrados el teniente coronel Tejero y el capitán Sáenz de Ynestrillas, ambos vinculados con la extrema derecha. Las penas impuestas a los encausados fueron muy leves, de tal modo que el propio Tejero participó de forma activa en el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, en la que sería la más difícil prueba que hasta entonces la joven democracia tuvo que afrontar. A su vez, los atentados no cesaban y, aquel año 1978, la banda terrorista ETA provocó 68 víctimas mortales, que aumentaron hasta 91 en 1980.

Los Reyes en Puertollano

Conviene significar que en el tramo final de 1978, concretamente el 9 de noviembre, los reyes de España, Juan Carlos I y Sofía, estuvieron en Puertollano, aterrizando en helicóptero en el campo de fútbol de ENPETROL. A continuación se dirigieron al Ayuntamiento, donde, desde uno de los balcones, el monarca pronunció unas palabras a las cerca de 7.000 personas que se dieron cita en la plaza allí situada. Posteriormente, los soberanos visitaron el Complejo Industrial.

Unos días más tarde, el 18, quien acudió a la población fue el ministro de Industria, Agustín Rodríguez Sahagún, para, entre otras cosas, anunciar la ampliación de la refinería de Puertollano, pues si la coyuntura económica por la que pasaba el país no era buena, la de la ciudad, en particular, se encontraba en una fase de clara recesión tras el cierre definitivo de las minas de carbón en 1975.

En medio de este panorama, el 6 de diciembre de 1978 se celebró el referéndum por el que los españoles aprobaron el texto constitucional. Tanto los partidos políticos como las centrales sindicales mayoritarias estaban a favor de la Carta Magna e hicieron campaña en ese sentido.

A nivel nacional, la participación fue del 67´1 por ciento, con un 87´7 por ciento de papeletas a favor, mientras que en la provincia de Ciudad Real, tales datos fueron del 70´1 y del 85´1 por ciento, respectivamente.

En cuanto a Puertollano, ese miércoles algo lluvioso, de un censo de 35.368 electores, acudieron a votar 25.371, el 71’73 por ciento, de los que 23.269 lo hicieron afirmativamente, el 94´13, ambos porcentajes superiores a la media nacional y provincial.

Un régimen de libertad y democracia

La Constitución nació para consagrar un cambio radical de sistema político, ya que no era cuestión de mejorar un texto anterior, pues éste no existía. Con ella, lo que se instauraba era un régimen de libertad y democracia del que el país había carecido cuarenta años.

Está influenciada por otras de la época, como las de Portugal y Grecia, y anteriores, entre las que se encuentran las de Alemania, Francia e Italia. Consta de un Preámbulo, redactado por Enrique Tierno Galván; de un Título Preliminar, en el que se define el Estado como "social y democrático de derecho", de diez Títulos; de 169 artículos y, además, de unas Disposiciones Adicionales, Transitorias, Derogativas y Final.

Algunos de sus rasgos más significativos son el establecimiento de una monarquía parlamentaria; una amplia declaración de derechos, como los de expresión, asociación o huelga; sufragio universal masculino y femenino a partir de los 18 años, en que se fija la mayoría de edad, y abolición de la pena de muerte. Hay separación de poderes, con un legislativo bicameral de elección popular directa y cuatro años de duración, a base de un Congreso de los Diputados y un Senado, con mayor peso político del primero; un ejecutivo sobre el que se establece el control parlamentario, siendo nombrado el presidente del Gobierno por el Congreso y, finalmente, un poder judicial que corresponde a jueces y tribunales, con el Constitucional como máximo órgano. La mayor novedad del texto es la configuración de un Estado compuesto por "nacionalidades y regiones” a través de la formación de Comunidades Autónomas, con Estatutos que deberían ser refrendados por las Cortes.

Ya aprobada la Constitución mediante las Cámaras legislativas y los ciudadanos, el 27 de diciembre fue sancionada por el rey ante la presencia de los diputados y senadores de las Cortes Constituyentes, apareciendo su publicación en el Boletín Oficial del Estado del día 29, fecha en que entró en vigor.