Almodóvar del Campo

Según dijo la investigadora María Dolores Rincón en las III Jornadas Avilistas

Almodóvar: Juan de Ávila buscó la reforma social y eclesiástica de su época desde el “humanismo pragmático”

La localidad ha sido, un año más, foco de interés para el redescubrimiento de las múltiples facetas que caracterizaron la figura y obra de Juan de Ávila

La Comarca

13/10/2018

(Última actualización: 14/10/2018 10:44)

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Este octubre Almodóvar del Campo ha sido, un año más, foco de interés para el redescubrimiento de las múltiples facetas que caracterizaron la figura y obra de Juan de Ávila, el santo natural de esta población ciudadrealeña que fue elevado a la condición de doctor de la Iglesia universal por estas fechas, en 2012, con la declaración que entonces pronunciara el hoy Papa emérito Benedicto XVI.

Si en las dos ediciones previas de las Jornadas Avilistas, que desde 2015 organiza la Hermandad de los Santos Juan de Ávila y Juan Bautista de la Concepción, se abordó a tan íntegro personaje desde las perspectivas de comunicador y escritor, esta vez fue María Dolores Rincón González, vicerrectora de Proyección de la Cultura y Deportes de la Universidad de Jaén, quien lo presentó en su condición de ‘discernidor de espíritus’.

Esta investigadora, durante alrededor de la hora y media que intervino en el patio de la Casa Natal, frente a la entrada a la cueva de la misma, ofreció una visión muy original de la decisiva influencia que tuvo san Juan de Ávila en el devenir más espiritual y más útil de diferentes personalidades de su época y de no pocos de los diferentes grupos de discípulos y discípulas que se fueron conformando en torno al santo doctor.

Una selección que el maestro Ávila realizó basándose en sus convicciones más hondas sobre las condiciones humanas y espirituales de quienes se sometían a su consejo y a todos daba un destino con el objetivo genérico de reformar la sociedad de su época, sociedad e incluso Iglesia, bajo el punto de pista de un “humanista pragmático”, como Rincón insistió en calificar al protagonista de la tarde.

Alejado de propuestas utópicas por las que han propugnado diferentes filósofos a lo largo de la historia, sino desde unas fórmulas pragmáticas en las que la educación y la formación eran los principales medios a emplear, Juan de Ávila procuró con sus consejos, clases, cartas personales o sermones diferenciados en función el tipo de público al que se dirigía, cargos públicos incluidos, alcanzar ese objetivo.

La profesora resaltó que acercase a san Juan de Ávila toca el corazón. En su propia experiencia, ella se acercó al Doctor de la Iglesia “como campo de investigación desde los estudios del humanismo renacentista y descubrí a un personaje que me ha ido calando profundamente. La visión que tenía era el escritor espiritual, el patrono del clero, el santo estudiado por el clero; pero he descubierto algo importante, me ha parecido muy próximo, me ha abierto muchos horizontes y me siento discípula de san Juan de Ávila”.

Durante su intervención ante un nutrido auditorio entre los que se encontraban diferentes autoridades civiles y religiosas, además de quienes tomaron la palabra el año anterior, Julio César Varas y Pablo Rodríguez-Osorio, Rincón González aportó no pocos nombres propios de personas de toda condición que en vida recibieron el consejo del maestro y abordó, precisamente diferentes.

Una de las claves en que se detuvo fue el especial trato que el maestro dio a la mujer del siglo XVI, en un momento de la historia en que el patriarcado y el peso del hombre las relegaba de cualquier pretensión igualitaria en cualquier orden de la vida. “Él, sin embargo, la considera como el hombre, con capacidad de hacer oración mental, de acercarse a la Escritura y con capacidad para tener un desarrollo pleno espiritualmente hablando […] La lleva a un espacio de libertad en un ámbito que contrarrestra con los ámbitos cotidianos que la tenían sometida a una serie de reglas que la encerraban”.

Y abordó también la existencia del no muy divulgado círculo de Córdoba, otro grupo de discípulos a los que Juan de Ávila personalmente quiso formar en la difícil empresa que tenían quienes desarrollarían diferentes ministerios religiosos como misioneros en las Indias y cuyos desconocidos idiomas eran una de las muchas dificultades, si no la primera, que deberían superar.