Opinión

El inicio de "una locura" contado por 'Suko' del grupo The Buyakers

Puertollano Winter Festival 2018: “Lo que nace de la ilusión... y los nervios hasta el final”

Sergio González 'Suko' describe en el blog del Puertollano Winter Festival, sus recuerdos de la edición pasada y sus ilusiones renovadas para esta nueva edición, con un artículo en el que no se muerde la lengua

Sergio González "Suko"

12/01/2018

(Última actualización: 13/01/2018 08:00)

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Que alegría poder escribir un post en el blog del Puertollano Winter Festival, ahora que el Winter está a punto de cumplir un añito… y como un padre que va enseñando las fotos que tiene en la cartera de sus hijos pequeños a todo el que ve por la calle, lo conozca o no, a mí me gustaría contaros un poco, como surgió esta locura.

El Winter era un proyecto que varias personas teníamos en mente sin haberlas puesto en común y que, cuando un café reunió a todas ellas, acabó convirtiéndose en un proyecto maravilloso y lleno de ilusiones. Ya sabéis, en España lo que no se hace con una cerveza en mano se hace con un café… Por eso hay tantos bares.

The Buyakers 2017

En mi caso, la finalidad era conseguir un poco de apoyo financiero para grabar el segundo disco de The Buyakers sin tener que pedir ni un euro a cambio de nada… Dadas las circunstancias que había en Puertollano, Buyakers quería intentar conseguir la financiación a base de un esfuerzo a cambio, apostando por algo que podía salir bien o podía salir muy mal, y no solo no ganar un poco de financiación para el disco, sino perderla. El estudio de mercado que hicimos previo fue fino, fino, como podéis leer.

La idea era organizar un pequeño evento con Buyakers y alguna banda relevante invitada para que, entre todos, pudiésemos disfrutar de una noche de música en directo, para que pudiésemos conseguir un poco de ayuda extra y así solventar los caros gastos que suponen grabar un disco de larga duración. Además, desde el principio se estipuló que Puertollano tendría un evento similar año tras año en beneficio del proyecto musical de una banda o colectivo musical de la localidad… Es decir, se arriesgaba el todo en el primero a cambio de que el día de mañana los músicos y las bandas pudiesen cumplir un poco más sus sueños… y esa idea sí que es cojonuda.

Poco a poco la semilla fue germinando, el pequeño evento se hizo más y más grande y el proyecto se convirtió en un monstruo. Las responsabilidades aumentaban y las opciones de pegarse la hostia padre con todo el equipo iban aumentando… pero daba igual, si salía bien, íbamos a dar mucho ruido e íbamos a tener un proyecto musical muy atractivo en la ciudad, ojalá que por muchos años y a favor de la música y la cultura en nuestra casa.

Evidentemente, como pasa con todo, nos llovieron palos de todos los colores y sabores (uno de ellos sabía a Palodú, eso que nos comíamos de chicos en el mercadillo y que se ha debido extinguir porque no lo he vuelto a ver), a nosotros y a todos los que estábamos organizando el evento. Eso a día de hoy no nos molesta tanto porque hemos entendido que hagas lo que hagas, lo único que vas a recibir son hostias, porque los que dan hostias (que casualmente son minoría) intentan hacer más ruido que los que te respetan y te dan cariño (que suelen ser muchos más)... Al final una hostia da el mismo impulso o más que un empujón y todo hace avanzar hacía adelante. Teníamos el apoyo y el cariño de muchísima gente, de muchas bandas del pueblo, de muchos músicos y de muchos muchos ciudadanos, que tenían ganas de recibir este festival de invierno con alegría y con ilusión… y esa era la auténtica fuerza de sacarlo adelante, no la gente que está sentada en un sillón esperando a que les llueva la oportunidad en el salón de su casa por arte de magia… anda, yo también se dar algún palo.

Nosotros teníamos claro que no lo estábamos haciendo egoístamente, que no estábamos enchufados (éramos parte de los organizadores), que si salía mal los perjudicados éramos solo nosotros (que nos quedábamos sin disco), pero que si salía bien, los beneficiados seríamos todas las bandas y colectivos del pueblo… y eso hizo que cargásemos las pilas y las ilusiones y que luchásemos contra viento y marea para sacarlo adelante de la manera más digna y más profesional posible.

Todavía recuerdo los nervios día tras día; el día que sacamos la venta de entradas y no se vendía ni una, el miedo que daba ir haciendo las rondas semana tras semanas a los puntos de venta y ver que nos íbamos a juntar allí 30 como mucho (que podíamos haber hecho el festival en el salón de mi casa), de cómo nos animábamos los unos a los otros diciendo que los últimos días serían los fundamentales, de cómo se cerraban las bandas grandes y la presión aumentaba, de cómo teníamos que inventarnos de alguna manera nosotros solos un sistema de venta online a través del correo electrónico… Se iba montando el escenario, se iban contratando las luces, el sonido y no sabíamos si esto sería simplemente un ensayo muy caro…

Y de repente, las entradas se empezaban a acabar cada dos horas en todos los puntos de venta, no dábamos abasto llevando tacos a un punto de venta y a otro y justo después nos volvía a llamar el primero… El pobre Andrés no paraba de llamarnos desde su copistería para decirnos “trae más que se nos han vuelto a agotar”… La gente quería festival, la gente quería un invierno con música, la gente quería ayudarnos, la gente quería recuperar por una noche, el espíritu de la movida puertollanera… y otros solo estaban en el sillón de su casa esperando a que les lloviese por arte de magia (vale, ya paro).

Y al final, lo que sentimos un segundo antes de subir al escenario, lo que yo sentí, fue un nervio absoluto y una obligación aplastante de dejarme la piel encima de ese escenario, de hacer el mejor disco posible para toda esa gente y de dar todo lo que estuviese en mi mano para hacer el mejor festival posible, en ese momento y en el futuro…

Allí estábamos, frente a una Central llena hasta la bandera esperando una noche de música, de buen rollo y de alegría, y yo solo podía pensar que podíamos grabar nuestro disco gracias a todos, a Puertollano, al Ayuntamiento, a los que habían confiado en el proyecto y hasta a los que nos habían apaleado (que seguramente dieron mejor publicidad que la que dimos nosotros)… Estábamos viendo desde arriba las caras de las personas y en mi cabeza solo pasó una cosa: “Esto va a durar muchos años, porque en Puertollano, la gente es la hostia”.

Nos vemos el 17 de febrero en el Winter.

Sergio González "Suko". The Buyakers