Puertollano

Artículo de historia firmado por Modesto Arias

Puertollano en el marco de 1917. Centenario de un año convulso en la historia de España y Europa

Entre 1917 y 1923 hubo trece cambios de Gobierno en medio de un panorama de inestabilidad, confusión y crisis permanente

Modesto Arias

01/01/2018

(Última actualización: 02/01/2018 10:42)

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Durante el transcurso del año 1917, en nuestro país estaba instaurado el sistema de la Restauración, modelo político que había comenzado en 1874. A partir de esa fecha, se sucedieron el reinado de Alfonso XII y la Regencia de María Cristina de Habsburgo, en tanto que, desde 1902, el trono lo ocupaba Alfonso XIII, hijo de ambos.

Con el discurrir del tiempo, y de manera paulatina, la inestabilidad fue en aumento y los continuos cambios de gobierno mostraban que el régimen creado por Antonio Cánovas del Castillo había entrado en crisis.

Un factor importante de la misma fue la cuestión de Marruecos, zona que ocupó España por razones políticas y económicas. Las primeras, en un intento por recuperar el prestigio perdido en 1898 tras la pérdida de las colonias, y las segundas, en pos de la explotación de sus recursos mineros y de la puesta en marcha de inversiones en ferrocarriles, puertos y obras públicas, aunque las tropas allí enviadas sufrieron ataques de las tribus nativas. Para esa labor se contaba con el apoyo de la Monarquía, de los militares y de los políticos, pero teniendo en contra a la opinión pública a causa de los enormes sacrificios financieros y humanos, sobre todo de las clases sociales más desfavorecidas, que ocasionaba.

El año 1914 había comenzado la Primera Guerra Mundial, y la postura de neutralidad observada por España favoreció su economía, incluido el sector minero que, en la localidad de Puertollano, vinculaba de manera directa o indirecta a casi el 90 por ciento de la población activa. Sin embargo, dicho beneficio sólo llegó a los empresarios, mientras que los trabajadores asistieron a una continua subida de precios en los artículos de primera necesidad en mayor proporción que lo hacían sus salarios. De ese modo, la producción de carbón aumentó de manera considerable con el fin de atender la demanda de los consumidores nacionales, que no podían recurrir a la importación de carbón inglés al estar ese país sumido en la contienda.

La necesidad de mano de obra hizo que creciera el número de habitantes, acercándose, en 1917, a 20.000. Dicha cifra significaba que si treinta años atrás, en 1887, la villa se situaba en el lugar número veinte en la provincia respecto a población, ahora ocupaba el tercero, únicamente superada por Tomelloso y Valdepeñas.

Desde 1912 estaba instalada la Sociedad Minero Metalúrgica Peñarroya, SMMP, de capital francés, y que de inmediato se convirtió en la primera empresa carbonífera de la zona. A su vez, durante 1917 estaba construyendo una fábrica de destilación que entró en servicio el año siguiente, pues había descubierto bajo las capas de carbón otras de pizarras bituminosas, las más importantes del país.

Por esas fechas, la localidad se encontraba en pleno auge del movimiento obrero. Si hasta 1910 la defensa de los intereses de los trabajadores se había efectuado en clave reformista, la organización de los mismos había cambiado profundamente, quedando vinculada al PSOE, la UGT y a la corriente anarquista, que ese año 1917 fundó el sindicato Reivindicación y que vino a sumarse a Sociedades ya creadas, algunas de resistencia, como La Precisa y El Bien.

Pese a que de julio de 1914 a octubre de 1917 los jornales de los mineros de Puertollano se habían elevado en una alta proporción, ya que los picadores pasaron a cobrar de 7’03 a 13’55 pesetas diarias, los vagoneros de 4’80 a 8’14, los entibadores de 3’50 a 5’07, el personal de administración de 2’75 a 4’35 y las mujeres y niños de 1’25 a 1’70, la imparable subida de las subsistencias, vendidas de manera preferente fuera de nuestras fronteras, donde su precio era mayor, motivó diversas huelgas para reclamar mejoras salariales.

Así, en julio se produjo un paro en la mina la mina San Vicente, mientras que entre el 21 de noviembre y el 2 de diciembre el cese de la actividad se extendió por toda la cuenca. Para mediar, el Ministerio de Fomento, cuya cartera ocupaba Niceto Alcalá-Zamora, futuro presidente de la Segunda República entre 1931 y 1936, envió a Francisco Gómez Rojas, ingeniero y catedrático de la Escuela de Minas de Madrid.

En un principio, las negociaciones entre patronos y obreros avanzaron poco, y se llegó a pensar que al no tratarse de un problema técnico el que había que resolver, sino de índole laboral, tal vez habría sido mejor mandar un delegado del Instituto de Reformas Sociales. El 27 por la tarde, en la plaza de toros, se celebró un mitin en el que se debatieron las concesiones hechas por la patronal, pero, no conformes los mineros, decidieron continuar la huelga. Con el paso de las jornadas, se decía que la fábrica de electricidad, que dirigía Leopoldo Ripoll, al serle cortado el suministro de carbón, sólo disponía de existencias para facilitar el fluido eléctrico durante pocos días más. La falta del mineral que llegaba desde Puertollano hacía que idéntico problema también afectase a lugares como Madrid, Barcelona, Sevilla, Cádiz, Ciudad Real y Canarias, por lo que, a través de la acertada gestión del mediador para resolver el conflicto, tanto empresas como trabajadores, en un ejercicio de responsabilidad, cedieron en sus posiciones y llegaron a un acuerdo, al considerar que la producción de carbón era muy necesaria en aquellos momentos complicados.

Efectivamente, el país acababa de vivir unos meses difíciles y, fuera de nuestras fronteras, el panorama también se presentaba complejo, pues, a la continuidad de la Gran Guerra que asolaba al continente europeo se añadía la Revolución Soviética que acababa de producirse en Rusia, cuyo alcance y repercusión ya se vaticinaban importantes, como así fue durante varias décadas venideras.

En España, la crisis presentó tres frentes: militar, político y social, sucedidos de manera continuada a lo largo de junio, julio y agosto. Mediante el primero, miembros del Ejército crearon las Juntas de Defensa para, entre otras causas, pedir mejoras económicas y criticar la diferente política de ascensos que se seguía en cada Arma y Cuerpo. El segundo tuvo relación con la Asamblea de Parlamentarios que diputados de la Lliga Regionalista de Catalunya, republicanos y socialistas celebraron en Barcelona con el fin de solicitar la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes, siendo disueltos por orden del Gobierno. Finalmente, el tercero, fue la huelga general revolucionaria que organizó la UGT y la CNT en demanda de mejoras económicas y laborales para la clase trabajadora. Pese a que los campesinos, al igual que otras zonas del país, entre ellas Puertollano, no se sumaron al paro, sus consecuencias fueron dramáticas, pues choques entre el Ejército y los huelguistas provocaron ochenta muertos y más de dos mil detenidos.

Retornando a la localidad, era alcalde Emilio Porras Duarte, que ocupó el cargo durante 1916 y 1917. Fue sustituido por Rafael Rodríguez Mozos, mientras que su predecesor había sido Eduardo Gómez Ferrer, obrero de profesión, debido a la mayoría de concejales de esa categoría profesional en la Corporación Municipal, algo muy poco frecuente en los ayuntamientos de aquella España de la Restauración.

Establecimientos destacados eran los de Enrique Malagón, Miguel Belló, Díaz-Patón y Santos González, así como el comercio de tejidos de Caballero Hermanos y el nuevo Hotel Castilla.

Las carencias en la villa eran múltiples. Aún no disponía de hospital y se atendía a los heridos en los locales de la Cruz Roja, institución a cuyo frente se encontraba su fundador, Ricardo Cabañero.

En el aspecto educativo, hay que mencionar el Colegio de Segunda Enseñanza, ubicado junto a la iglesia de la Virgen de Gracia; el Centro Popular de Instrucción, en el lugar que actualmente ocupa el Centro de Salud nº 1 y donde, en horario diurno, acudían hijos de trabajadores, y en el nocturno jóvenes asalariados. A ellos se sumó, desde 1916, las Escuelas del Ave María que creó el Padre Manjón y que, provisionalmente, se instalaron en los bajos de la plaza de toros. Aunque la tasa de analfabetismo había bajado de forma gradual, todavía superaba el 60 por ciento.

Periódicos de aquella etapa eran El Porvenir y Renacimiento, dirigidos por Pedro Torres Alcázar y José Guerrero, respectivamente.

La Feria de Mayo era tildada por la prensa como “la mejor de la provincia, tanto en los festejos que se organizan como en el ámbito comercial”. Se celebraba entre la Fuente Agria y la ermita de la Virgen de Gracia, con los Pabellones del Círculo de Recreo y el del Ayuntamiento, construidos en 1910 y situados en el Paseo San Gregorio, como importantes puntos de encuentro y de desarrollo de actividades.

También había circos, cines al aire libre y corridas en la plaza de toros, cuyo empresario era Manuel Pérez Almansa. En ella actuaron Luis Freg, uno de los más destacados toreros mejicanos de siempre, y los nacionales Curro Posada, Julio Gómez “Relampaguito” y Julio Sáiz “Saleri II”, todos ellos bien situados en el escalafón del momento. Junto al coso taurino se organizaba la feria de ganado, La Cuerda, en la que predominaba el mular, caballar y vacuno. Al mismo tiempo, en el Teatro Cabañero se representaron un drama, La muerte civil, de Paolo Giacometti, obra en cinco actos que databa de 1861, y una comedia en dos, Pastor y borrego, escrita en 1915 por Pedro Muñoz Seca y Pedro Pérez Fernández.

Por su parte, en septiembre se desarrollaban las Fiestas Patronales en honor de la Virgen de Gracia, con función religiosa y procesión el día 8. Las dos anteriores celebraciones, junto a las de Carnaval, entonces en apogeo y durante las que se organizaban bailes de máscaras en distintos locales habilitados a dicho fin, suponían las principales jornadas de diversión para la ciudadanía. En cuanto a la Semana Santa, era señalado el protagonismo de la Hermandad de la Vera Cruz y de las Cofradías de los Soldados Romanos y del Santo Cristo de las Maravillas. Aquel año, el párroco de Nuestra Señora de la Asunción, Claudio Cebrián Pozo, celebró sus Bodas de Oro en el sacerdocio, siéndole ofrecido un homenaje por todos sus compañeros de la diócesis provincial.

Poco antes de la mencionada huelga, el 16 de noviembre visitaron Puertollano las fuerzas de la División de Caballería de la Primera Región Militar. Estaban de maniobras logísticas por varios pueblos de la provincia y en la mañana del día 17 partieron hacia Ciudad Real. Al frente de la misma se encontraba el infante Fernando de Baviera y Borbón, nieto por vía materna de Isabel II y primo del entonces monarca, Alfonso XIII. Le acompañaban varios generales, como Zabalza, Siñería y José Cavalcanti de Alburquerque, que fue uno de los apoyos con los que contó Primo de Rivera en el golpe de Estado que llevó a cabo seis años después. Disponían de 105 caballos, tres carros y un automóvil, y allá por donde pasaban originaban cierta curiosidad entre la población. Los expedicionarios hacían hincapié en las dificultades que tenían para marchar a través de los caminos impracticables que encontraban en el recorrido.

Como final, hay que indicar que el sistema del bipartidismo, mediante el que conservadores y liberales se turnaron en el poder y que había sostenido a la Restauración desde su advenimiento, entró definitivamente en quiebra a partir de 1917. Entre este año y 1923, fecha del comienzo de la Dictadura del general Primo de Rivera, hubo trece cambios de Gobierno, alguno de ellos de concentración, en medio de un panorama de inestabilidad, confusión y crisis permanente.

Modesto Arias