Cultura

Artículo publicado en El Emparrao

Juego de Blogueros 2.0: Gusano Musical

José Fernando Buitrón

31/12/2017

(Última actualización: 31/12/2017 21:30)

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Cada vez que comentaba el ingrediente de este mes y la dificultad que tenía para mí hacerlo protagonista de un plato salado, la mayoría me tarareaban lo mismo: “Leche, cacao, avellanas y azúcar”. En ese momento me venían dos pensamientos, el primero, qué mayores son mis amigos, pues ya hace algunos añitos del anuncio de Nocilla, y el segundo, qué influencia tiene sobre nosotros la publicidad, sobretodo si se acompaña de cancioncillas pegadizas. Este fenómeno tiene un nombre psicología, gusano musical. Creo que ya iremos entendiendo por qué hemos llamado así a la receta.

Proceso creativo

Más allá del estribillo de la canción de un anuncio, la verdad es que el cacao y las avellanas parecen dos hermanos separados al nacer, que están deseando juntarse, pues los sabores de uno se funden a la perfección con los del otro, y de ahí el éxito de las cremas como Nocilla o Nutela.

Creo que en la cocina de la pasta es donde más protagonismo tienen las salsas y los rellenos, por eso si buscábamos destacar el producto, teníamos que irnos a rellenar algo que tuviera avellanas y acompañarlo con una salsa que mantuviera el recuerdo del mismo fruto seco.

Busqué la conexión neurológica entre las avellanas, el cacao y las canciones del verano de Georgie Dann, para fundirlas en una receta con recuerdos a tardes de merienda viendo a Espinete, pero sin ser dulce. Así nacen estos Raviolis de avellana y cacao con pesto de ajo negro y hierbabuena, o Gusano musical, en honor a la cancioncilla que ha taladrado el cerebro de toda una generación.

Ingredientes (2 personas)

100 gr. de avellanas

8 placas de pasta

2 cucharadas de cacao puro

1 cucharada de azúcar moreno

1 cebolla mediana

10 hojas de hierbabuena

10 cc. de aceite de oliva virgen extra

8 ajos negros de Las Pedroñeras

20 gr. de queso curado

Sal

Elaboración

Para esta receta hemos comprado las avellanas crudas, con su cascara. También hemos usado placas de pasta, la opción más purista sería hacer la masa, pero esta vez hemos sido más prácticos. Es importante poner a remojo las placas antes de usarlas, las que hemos comprado, sobre 20 minutos, pues es la única forma de manipularlas después.

Las hemos ido pelando a golpe de martillo. En este proceso nos hemos preguntado cómo es la máquina que las pela, las habilidades del primer humano para pelarlas, si usó una piedra, si se las quitó a una ardilla que ya las había pelado o si se rompían con el hueso de un mamut. Con esto solo quiero avisar que es entretenido, la otra opción es comprarlas ya peladas.

Apartamos sobre 30 gramos de las peladas y las trituramos, no demasiado, que queden trozos medianos.

Con un poco de aceite de oliva virgen extra ponemos a sofreír la cebolla, después de haberla cortado. Una vez que esté trasparente y tierna, le añadimos las avellanas y las mezclamos, dejando que el conjunto se cocine un poquito más. Finalmente le añadimos las dos cucharadas de cacao, y la de azúcar, para corregir el exceso de amargor. Este último paso es importante, hay que tener en cuenta que es una plato salado, es decir, no lo endulzamos de más. ¡Truco!, si no tenéis cacao puro en polvo o no queréis comprar para solo usar dos cucharadas, podéis rayar chocolate, pero debe ser negro con un porcentaje alto de cacao, como mínimo del 75%.

Una vez mezclado el relleno vamos haciendo los raviolis. Ponemos uno sobre la mesa, le ponemos una cucharadita de relleno, lo cubrimos con otro y con un tenedor cerramos los lados.

Una vez rellenos los ponemos a cocer, esta pasta sobre 10 minutos.

Mientras cuece la pasta preparamos el pesto. La salsa pesto se hace con piñones y albahaca, pero nosotros le hemos dado un giro y no adivináis el fruto seco que hemos usado en lugar de piñones. ¡Avellanas!

Ponemos las avellanas que nos han sobrado, los dietes de ajo negro pelados y las hojas de hierbabuena. Tras triturarlo vamos añadiendo el aceite y mezclándolo poco a poco, finalmente ponemos el queso curado rayado, solo hemos usado un poquito, pues no queríamos que su sabor invadiera mucho la salsa.

Una vez la pasta cocida, calentamos el pesto y lo ponemos sobre los raviolis, o bajo ellos y los mezclamos al comerlos. Para esta publicación hemos elegido la segunda opción para mostrar la pasta, pero personalmente me gusta mezclar la pasta con la salsa antes de servir.

Espero que os guste el plato, si os apetece hacerlo agradezco que me contéis vuestra experiencia.