Puertollano

Artículo de José Domingo Delgado Bedmar

El agua en Puertollano

José Domingo Delgado Bedmar

31/12/2017

(Última actualización: 31/12/2017 21:30)

Imprimir

Puede decirse que fue el agua uno de los factores determinantes para el poblamiento del lugar que ahora ocupa Puertollano. En efecto: el interés por dominar el estratégico puerto de montaña que se podía cruzar sin esfuerzo debido a su llanura, no hubiera sido suficiente atractivo para un asentamiento humano si en su entorno inmediato no se dispusiese de agua suficiente para los nuevos pobladores.

En el Diccionario de Madoz (1849) se dice que la población “se surte de aguas potables en dos fuentes dulces, la una llamada Santa a la falda de la sierra de Santa Ana, y la otra situada al E de la villa; siendo de notar que hay además fuentes de aguas agrias, de las cuales se hace uso en bebida ordinaria y en los condimentos, sin que por esto se resienta la salud”. Las descripciones de la localidad en la Edad Moderna revelan que esta última se correspondería con una fuente de la que se abastecían los vecinos en lo que actualmente conocemos como Plaza de la Tercia, que entonces era conocida como “Plazuela de las Fuentes”; mientras que la “Fuensanta” tenía un caudal mucho mayor y es la que daría vida a “Los Charcones”, una zona que sería prácticamente una laguna en época de lluvias y que ha llegado a nuestros días en lo que hoy conocemos como “Los Patos”, en las seiscientas.

Por lo que se refiere a la Fuente Agria, hay que recordar que hasta mediados del siglo XIX no se construyó la Casa de Baños, aunque ya antes se utilizaba como agua medicinal para tratar diferentes dolencias. Tras la construcción del Convento franciscano de San Pedro de Alcántara (1622), los frailes obtuvieron el derecho a utilizar las aguas sobrantes, que eran conducidas hasta la huerta del convento por una cañería que llenaba una alberca, siendo aprovechada el agua para regar la huerta. También obtuvieron del consistorio la posibilidad de llevar el sobrante del agua dulce desde la “Plazuela de las Fuentes”, dando la cañería instalada al efecto su nombre a la calle por donde discurría (desde la Plaza de la Tercia hasta la actual Plaza de Vía Crucis).

No eran éstas las únicas fuentes conocidas: había una muy concurrida en la Plaza de Villarreal, en el lugar conocido como “Pozo Vélez”, y otra en el inicio de la actual Avenida de Primero de Mayo, que quedó en una plaza cuando se construyó el edificio de la Telefónica. Había casas que disponían de pozo, aunque no eran muchas, pero había también otras fuentes que estaban en los alrededores del pueblo, como la de “La Bachillera”, que se encontraba en una finca de la familia Patón.

Tiene más importancia, sin duda, un arroyo que discurría más o menos por la acera de los impares del actual Paseo de San Gregorio y que luego pasaba junto al convento y se dirigía hacia el sur hasta desembocar en el Ojailén: de hecho, la actual calle de Ricardo Cabañero se llamaba “Arroyo del Convento” a finales del siglo XIX. Precisamente en esa época, y con el aumento de población que va a suponer la puesta en marcha de las minas, se canalizará el agua de la fuente de la plaza de la Tercia hasta una nueva fuente “de cinco caños”, que se convertirá en la más importante de la población: hasta que la construcción del Complejo Industrial a mediados del siglo XX determina que se haga el Pantano de Montoro, la gran mayoría de los habitantes de Puertollano se debían surtir de esta fuente, algo que ha quedado en la memoria de muchas personas mayores, que debían ir con sus cántaros y pasar largos ratos (sobre todo en verano) hasta que podían llenarlos.

Por lo que se refiere al llamado “Pilancón de los Burros”, se encontraba en una zona degradada al sur de la ciudad que las fuentes documentales describen como un muladar: un estercolero propiamente dicho. No disponemos de datos, pero hemos de suponer que había un abrevadero donde podían beber agua los animales que iban o venían por los caminos que comunicaban a Puertollano por esta zona y que aquí confluían: el que atravesaba el actual puerto de Mestanza, que comunicaba con las entonces aldeas pertenecientes a Puertollano (lo fueron hasta 1838) de Hinojosas y Cabezarrubias del Puerto, y el que, siguiendo por el valle del Ojailén en dirección Oeste, se internaba luego en el Valle de Alcudia. No sabemos cómo se llenaba el “pilancón” (conocemos alguna fotografía de los años cincuenta en el que se ve que no era muy grande), pero podría suponer que lo fuera con las aguas sobrantes de la fuente de la calle de las Cañas.

José Domingo Delgado Bedmar